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por la licenciada
Martha Satne
 Hay
incontables contrastes que muestran los cambios que viene sufriendo China en
estos últimos 20 años, uno de ellos es el que concierne a la mujer. Mientras
durante la Revolución Cultural, la mujer escondía su cuerpo y sus formas dentro
de los pantalones Mao, las hijas de aquellas mujeres hoy se muestran desesperadas
por tener pechos más grandes.
He tenido oportunidad de conversar con algunas
jóvenes chinas, estudiantes avanzadas, tanto de la capital como de ciudades
del interior, una de ellas, de 1.72 de estatura, muy por sobre la media del
lugar, con 52kg de peso, se piensa a sí misma como que es muy grande en algunas
partes de su cuerpo pero demasiado pequeña en otros. Su madre, preocupada, desilusionada,
comenta que su hija se ha hecho cirugía plástica para aumentar sus pechos, su
ilusión esta mas bien centrada en los estudios que su hija pueda hacer para
triunfar en una sociedad que se vuelve cada día más competitiva. ¿Quién es esta
madre?: no es una mujer china de aquellas a quienes se le vendaban los pies
para conservarlos pequeños, tal la señal de belleza durante el Imperio, ella
es una de los cientos de millones de mujeres quienes nunca usaron otras ropas
que no sean pantalones, ni supieron de maquillajes o al menos una crema para
mejorar sus manos. Hoy, su hija, es su opuesto. En aquellos días en que Mao
daba las pautas a seguir, ser poco atractiva e incluso ordinaria pero saludable,
era lo bueno, lo aprobado por la sociedad. Hoy, esta niña sueña con ser alta,
esbelta, su éxito profesional y la posibilidad de hacer dinero, están vinculadas
con su aspecto estético.
No es la única, la mayoría de sus compañeras y
amigas quieren tener sus bustos más grandes, reducir sus muslos (pequeños si
los comparamos con los occidentales), enderezar y agrandar sus narices o modificar
sus párpados. Dicen estas jóvenes: un bello cuerpo es un pasaporte. Nos
permite atravesar las puertas mas vedadas para alcanzar el sueño de nuestra
vida.
Actualmente la cirugía estética es un negocio en
amplio crecimiento, una de las especialidades de los jóvenes médicos. Los que
logran tener reconocimiento en la especialidad, tienen largas listas de espera,
llevando adelante varias operaciones diarias.
Mientras sus hijas toman estos caminos, los padres
se muestran sorprendidos, preocupados pero por sobre todo han perdido la capacidad
de comprensión del fenómeno que atraviesa esta joven generación. Se preguntan
porque la mayoría de estas niñas no están satisfechas con lo que la Madre Naturaleza
les ha dado al nacer.
Algunos estudios hechos por profesionales preocupados
por estos fenómenos, dicen que las jóvenes mujeres chinas quieren ser más femeninas
que sus madres, quienes se vieron obligadas a embolsarse en los trajes Mao,
sin opción, azul para los civiles, verde para los militares. Hoy, con minifaldas,
shorts, pequeñas blusas en colores brillantes, con lentejuelas y mostacillas
pasean mostrando sus cuerpos en lugar de esconderlos. Si consideran sus cuerpos
poco agraciados, o no logran que la imagen soñada coincida con la lograda, no
dudan en cambiarlos aunque para ello deban someterse a cirugías de todo tipo.
Todo presiona en esta línea, las propagandas, avisos callejeros, las actrices
y modelos con cuerpos supuestamente perfectos son altamente demandadas para
cubrir las tapas de revista, chinas o extranjeras, sus ingresos son mucho más
altos que las secretarias aunque ellas hablen otros idiomas y las modelos no.
Frente a esto: ¿cómo combatir el deseo de las jóvenes de ser ellas también figurines
triunfadores? ¿Cómo evitar que las mujeres aspiren a mostrarse y verse a sí
mismas más sexys? Las grandes marcas de cosmética prometen curas milagrosas,
borramiento de arrugas, piel durazno en lugar de piel naranja, cutis blancos,
sin manchas, transformar en voluptuosas ciertas partes del cuerpo mientras adelgazan
otras, asegurando además que los cambios son naturales, sin resultados negativos;
y si todavía nos queda alguna joven que se resista al bisturí, las opciones
naturales tomarán las formas de la medicina china: pociones mágicas
para perder grasa, ropa interior adecuada a cada necesidad, jabones y
cremas, masajes manuales o eléctricos
En los últimos años se han abierto innumerables
lugares para que las mujeres puedan acceder a tratamientos de belleza, pérdida
de peso, modelación de sus cuerpos, etc.
Pero, porqué estas mujeres, jóvenes profesionales
en su mayoría, ponen tanto acento en su imagen externa, quizás uno de los factores
a tener en cuenta es que la cultura de lo masculino todavía impera, las jóvenes
siguen pensando que la felicidad la encontraran en algún hombre y que para conquistar
y satisfacer al Superhombre ellas deben ser perfectas, ser la Supermujer.
Paralelo a estas mujeres que pierden peso para
sostener una imagen ligada a lo estético, la obesidad, enfermedad desconocida
hasta hace poco tiempo en China, comienza a alcanzar cifras alarmantes, la ingesta
de dulces y grasas saturadas, se incrementa con la entrada de la comida de Occidente,
McDonalds, Pizza Hut pasan a ser los preferidos, especialmente en la infancia.
Serias contradicciones enfrentan a la sociedad hoy: por un lado la obesidad,
las estadísticas del Ministerio de Salud hablan de 70 millones de personas con
sobrepeso; por el otro empresas buscando un staff de empleados de buena
presencia, es decir delgados, elegantes, que provoquen impacto. Cómo acceder:
haciendo dietas que al igual que en occidente, llevan demasiado lejos: la anorexia
y la bulimia comienzan a manifestarse, el objetivo es entrar dentro del vestido
varios talles más pequeños. Todo es poco para este desafío: jóvenes y no tanto
ponen en riesgo sus vidas para lograr el objetivo, pérdida de cabello, desórdenes
menstruales, desmayos, problemas cardiacos son algunos de los síntomas con los
que se enfrentan, el fanatismo guía los pasos de lo que suponen belleza. Belleza,
que no deja de ser un bien efímero, el culto de la belleza externa tiene el
riesgo del olvido de la interna, belleza que dejará de brillar si no cultivamos
la mirada, la sonrisa, su luz no es eterna y pasa sin que nos demos cuenta.
Seamos mujeres bellas, bellas por dentro.
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