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por el Lic.
Andrés Moltedo Perfetti
Dedicado
a mis padres,
que me enseñaron cómo querer.
Y a María José,
con quien pude aplicar todo lo aprendido.
"El cine es la verdad
a 24 cuadros por segundo"
Jean Luc Godard.
"El cine es la mentira
a 24 cuadros por segundo"
Stanley Donen.
Introducción
El presente trabajo consiste en una revisión histórica
de la evolución del modelo de pareja y de los roles masculino y femenino en
el cine. Para esto se han seleccionado las películas norteamericanas más representativas
de cada década (a criterio del autor) y se han rescatado los estereotipos relativos
a las conductas de los personajes de acuerdo al género, estableciendo una comparación
a través de las décadas.
Se han elegido más de cincuenta películas del cine norteamericano, correspondientes
a los géneros de drama y romance principalmente, consideradas por el autor como
las más relevantes o representativas de cada década.
"Quien maneja la información, maneja el poder", es una frase cada
día más popular que bien pudo haber sido extraída del "Ciudadano Kane"
de Welles, película muy criticada por ciertos sectores conservadores, cuyo argumento
causó bastante revuelo en la sociedad norteamericana de los cuarenta. Pero el
paso del tiempo ha demostrado que la tesis de Orson Welles era acertada, con
mayor razón la peligrosa vinculación poder-información (saber) se da en el presente,
donde las grandes transnacionales tipo Televisa, Univisión, o el grupo Cisneros
forman sociedades y conglomerados, que dictaminan en gran parte lo que se puede
ver y lo que no, así como también a través de los noticiarios y programas
informativos se manifiestan opiniones acerca de lo acertado o prohibido de ciertas
conductas.
El ser humano, como primate que es, desde el momento de su nacimiento, se encuentra
en un mundo que no es exclusivo e individual, sino que es un mundo en interacción.
Sin la presencia de la madre (el otro), la cría humana no tiene posibilidades
de supervivencia. La madre le brinda alimentación, calor, protección y cariño.
El ser que nace, nace a la vida y a la interacción social. El ser humano aprende
de otro cómo ser en el mundo y cómo relacionarse con éste.
El mundo (y la realidad) por tanto, no es uno, ni es inmutable, sino que más
bien admite varias lecturas como posibles, tantas como actores que las realicen
o las construyan.
Los medios de comunicación social, lejos de ser actores neutros involucrados
en la construcción social de la realidad, son los principales participantes
en la creación del discurso y la visión colectiva (superados únicamente por
la influencia que la figura de apego ejerce en los primeros años de vida).
De esa manera, la realidad como construcción social, se encuentra sujeta a la
influencia de la opinión pública y ésta se encuentra manejada a su vez por los
medios de comunicación.
Hace más de 100 años los hermanos Lumière hicieron historia al inventar el cine,
pero se ha establecido como inicio del séptimo arte al año de 1895, en donde
se realizó la primera exhibición pública de películas en París. Al año siguiente
(1896) los Lumière dan la primera sesión pública de sus películas en New York.
En 1905, a los 10 años del inicio del cine, se inaugura en Pittsburgh el primer
local de cine del mundo, y para el año siguiente (1906), ya hay más de 1000
salas de cine en Estados Unidos. Ya para esa época, el cine se había convertido
en una diversión de las masas.
Para el año de 1912, asistían únicamente en Estados Unidos 5.000.000 de personas
al día, mientras que para 1930, se estima que lo hacían a la semana unos 250.000.000
de personas en el mundo (115.000.000 en USA).
En un principio únicamente estaban los libros, y los lectores eran transportados
a universos privados. Luego con la radio, los teleteatros y dramas radiales
(con la célebre "Guerra de los Mundos"), el ejercicio de la fantasía
individual fue perdiendo terreno ante las voces y sonidos. Con el cine, la capacidad
de fantasear acerca de las imágenes y las situaciones se redujo casi a
cero. Ya no se mostraba o decía qué pasaba o sentía un personaje, sino que también
cómo era, cómo se comportaba, etc. La ley humana del mínimo esfuerzo y la comodidad
facilitaron la popularización de este medio. Las personas estaban expuestas
cada vez más a eventos predigeridos.
Con posterioridad nace la televisión, la cual es,
a mi entender, una proyección del cine a la casa de las personas
incluso
al dormitorio. Basta con apretar un botón y tenemos en directo la influencia
del mundo y de Hollywood 24 horas al día los 365 días del año (si los racionamientos
lo permiten). Con una madre sin tiempo para los niños, o con ambos padres trabajando,
el Cartoon Network ha pasado a ser una suerte de organismo capacitador y de
adoctrinamiento acerca de dónde hay que ir y se van a encontrar las respuestas
y las relaciones.
El cine trae consigo la importación de una serie de elementos tales como modelos
físicos ideales o apetecidos, valores, modelos de vida, objetos necesarios para
vivir, visiones históricas y de estereotipos (roles). Incluso, se ha llegado
a elaborar películas con comerciales incluidos (ejemplo: "Blade Runner").
Estos elementos que traen consigo las películas afectan a los espectadores,
ya que quedan expuestos a las visiones antropocéntricas culturales de otra sociedad,
y poco a poco ésta comienza a cambiar a las demás.
Es así como hay generaciones que, debido a la influencia del cine y de la televisión,
han debido vivir en el mundo con los nombres de Scarlett, Elizabeth, Elvis,
Diana, Michael, etc. (y todas las variaciones que nuestra criollización castellana
hace de dichos nombres).
"El cine ha introducido en la mente de
los norteamericanos más información falsa en una noche que toda la Edad Media
en toda una década" [1].
Marco Teórico
Desde una visión de género, la orientación del
rol sexual para cada uno de los miembros de una sociedad determinada, se basa
en las expectativas que se tienen de cómo debería
comportarse uno mismo y el otro en relación con el medio y con la pareja.
La gran mayoría de los seres humanos se sienten identificados con uno de los
dos sexos, considerándose y sintiéndose como varones o mujeres. Esta identificación
genérica (gender identity), establecida y consolidada antes del período crítico
(establecido por Money), es un fenómeno complejo, al encontrarse relacionada
con una amplia gama de variables, como las características individuales, grupos
sociales en los que el sujeto se desenvuelve, pautas educacionales, y toda una
variada serie de influencias del medio a las que se ve expuesto (tales como,
por ejemplo, el cine y la televisión). Asimismo, la identificación como varón
o mujer presenta un aspecto dinámico (gender
roles) que hace que cada uno se comporte como cree que debe de comportarse
en las diferentes situaciones que se presentan en la vida. Como dicen Money
y Ehrhardt, "el dimorfismo de respuestas
en base a la forma de los genitales externos es uno de los aspectos más universales
de interacción social humana" [2].
La categorización varón/mujer es de vital importancia en una sociedad como la
nuestra, en que los niños y niñas no sólo aprenden una serie de definiciones
culturales de la masculinidad y la feminidad, que incluyen un variado conjunto
de asociaciones ligadas al sexo, sino que también aprenden rasgos que están
remotamente ligados a él. Es así como parece que no exista otra dicotomía en
la experiencia humana (salvo quizás la vida y la muerte) que aparezca con más
elementos asociados que la distinción varón/mujer (Bem, 1983).
El género, es entonces, un gran ordenador de las relaciones sociales, de las
funciones y de las conductas. Siendo la identidad sexual el etiquetado que hace
la sociedad respecto a la biología del individuo, y la identidad de género la
manera de vincularse y reconocerse como masculino o femenino.
El valor para la persona de los roles sexuales queda de manifiesto en la importancia
que estos tienen tanto para la personalidad, como para las relaciones sociales
del individuo.
"El autoconcepto, la autoestima (a nivel individual), las relaciones
de pareja, la familia, los grupos de amigos (a nivel grupal) y las relaciones
sociales, políticas y económicas están en gran medida influidas por los roles
sexuales" [3].
Respecto al proceso de adquisición del rol sexual,
se han desarrollado varias teorías, cada una con distintas interpretaciones
y consideraciones de las causas determinantes del proceso por el que niñas y
niños van organizando su desarrollo psíquico acorde con las características
femeninas y masculinas que se presuponen específicas de cada sexo. El enfoque
biologista subraya los efectos de la determinación biológica, en la aparición
y desarrollo de diferencias en la conducta humana. La teoría psicoanalítica
se centra en la importancia que sobre el niño ejerce la identificación con la
figura parental del mismo sexo. Para los teóricos del aprendizaje social, premios
y castigos, la observación y el modelamiento, constituyen el eje central en
la adquisición de las conductas adecuadas y esperadas para cada sexo. Las teorías
cognitivas tradicionales enfatizan que los canales de socialización, tras haber
quedado catalogados como niño o niña, son los responsables primordiales de la
adquisición del rol sexual.
Por años se consideró que la masculinidad y la feminidad constituían dos polos
de una única dimensión, lo que hacía posible la clasificación de los individuos
en un cierto punto de ese continuo. Podían ser en mayor o menor grado masculinos
o femeninos, pero jamás ambas cosas simultáneamente. Los roles sexuales se encontraban
ligados rígidamente al género, de modo que el ser masculino o femenino dependía
básicamente de ser hombre o mujer, de la genitalidad.
En los setenta, surgió una nueva concepción que considera que tanto la masculinidad
como la feminidad son dos dimensiones independientes entre sí, de manera que
todos los sujetos poseen ambos rasgos en mayor o menor grado (Spence, J.; Helmreich,
R; Stapp, J. 1975) [4].
Desde esta perspectiva, masculinidad y feminidad vienen a representar dos conjuntos
de habilidades conductuales y competencias interpersonales que los individuos,
independientemente de su sexo, utilizan para relacionarse e interactuar con
su medio. Esta perspectiva ha posibilitado el desarrollo de numerosas investigaciones,
al disminuir considerablemente la inevitabilidad y el determinismo ligado a
los rasgos masculino y femenino.
Históricamente los varones occidentales reservaron para sí el desempeño de las
tareas más importantes para el funcionamiento social, especialmente en la medida
en que éstas implican el control sobre los demás aspectos de la dinámica social.
Así, la economía, política, legislación, religión, educación, etc., han estado,
salvo excepciones, en manos del hombre o bajo su supervisión. Es así como los
hombres desarrollaron mecanismos conducentes a la perpetuación y al mantenimiento
de la situación anterior. Estos mecanismos se centraron básica y fundamentalmente
en el fomento para el desarrollo en los hombres de una serie de aptitudes, intereses,
valores y rasgos de personalidad, y el impedimento para las mujeres de acceder
a los mismos. Así como también se utilizó la difusión, a través de las instituciones
y los medios de comunicación social, de sendos conjuntos de rasgos estereotipados
(masculino y femenino), de manera que niños y niñas aprendieran tempranamente
los rasgos considerados propios de su sexo. Además, se desarrollaron una amplia
gama de mecanismos de control (judiciales, reforzamientos sociales, castigos,
etc.) que favorecían el aprendizaje del rol en cada sexo.
Las expectativas y prescripciones sociales características para cada sexo son:
los varones son más inteligentes, fuertes, hábiles y ágiles que las mujeres;
se encuentran interesados en valores teóricos, económicos y políticos, mientras
que las mujeres lo están en valores estéticos, sociales y religiosos; la personalidad
del varón posee como rasgos la independencia, dominancia, motivación por el
éxito e inexpresividad, y la de la mujer, la dependencia, afectividad y expresividad;
el varón tiene una sexualidad poderosa y activa, mientras que en la mujer el
desarrollo de ésta es mínimo y tiene un carácter marcadamente pasivo.
En otras palabras, el rol estereotipado de las mujeres dice relación con el
"cuidar de otros", y el de los varones con el "logro" y
el "hacer", siendo para éstos últimos más importantes los roles fuera
de la familia. El varón busca la multiplicidad, mientras que la mujer
la continuidad y la unicidad.
La masculinidad
es dominante, castradora, imperativa y discriminadora (de los hombres
que no cumplen con el rol, de las mujeres y de los homosexuales).
Las Distintas Décadas
1910-1919:
En esta época, la mujer encuentra dos modelos dicotómicos
a seguir, cada uno con sus pros y sus contras. Por una parte se encuentra la
glamorosa mujer sensual, desinhibida y dueña de sí misma, que se desenvuelve
en el mundo sin necesidad aparente de los hombres, y de la cual éstos se van
a enamorar. Por otra parte, se encuentra una inocente, tímida, buena y casi
desvalida, no muy agraciada, una representante fiel de la mujer común norteamericana
de principios de siglo. Si bien, la primera (vampiresa)
va a conquistar inicialmente al varón en disputa, incluso puede que se lo levante
a otra, va a ser la mujer común la que triunfe finalmente, el hombre apreciará
a la cenicienta por sobre las hermanastras. Una suerte de lucha dinámica entre
el superyo inocente ante el ello vampiresco
por la consecución del yo, donde obviamente debe triunfar el superyo, encargado
de los interdictos y prohibiciones (Bataille y Levi Strauss), que hacen, según
la visión de la época, que la sociedad progrese.
El mensaje masculino es claro: "nosotros queremos
mujeres sumisas, que se queden en la casa a cuidar a los niños y que realicen
las tareas domésticas
puede que caigamos en tentación, pero finalmente
volveremos a la casa, donde nos espera una mujer comprensiva". De esa manera,
las mujeres que no se amoldan a las expectativas que los hombres tienen de ellas,
quedan fuera del mercado y, si bien en el corto plazo tienen hombres y la pasan
bien, a la larga se quedan solteras (solteronas), amargadas y desdichadas.
En esta época, se aprecia un modelo masculino marcado,
fuerte, seguro de sí mismo, pero de rasgos agraciados y hermosos. Los hombres
gobiernan su propio destino, se conocen perfectamente a sí mismos y a su pareja
(femenina por supuesto) de manera tan cierta y profunda que saben exactamente
qué es lo que ella quiere y cómo lo quiere, aunque muchas veces ni ella misma
lo sepa.
La cara inversa de la medalla y en cierto sentido
muy similar al rol femenino, se encuentra en las películas de Charles Chaplin,
donde se presenta la imagen de un hombre desvalido y bondadoso (Popeye sin espinacas)
que en muchos casos debe luchar contra un otro masculino prepotente y poderoso
física y económicamente (tipo Brutus) por el amor de una mujer (tipo Olivia).
Finalmente, el amor triunfará y la mujer verá en él al príncipe escondido.
1920-1929:
Con posterioridad a la Gran Guerra, el público
quedó más cercano a las experiencias fuertes y realistas que las idílicas fantasías
de los cineastas de la década anterior. En estos años se da una suerte de liberación
sexual en el cine.
En los principios de la década observamos cómo
la relación de pareja todavía debía ser recatada y seguir los pasos que la sociedad
formalmente había establecido para su conformación como tal. Vemos, por ejemplo,
a Clara Bow enamorada de su jefe, un hombre soltero, apuesto, elegible, pero
aún así, al llegar a la noche a su casa en el auto de él, cuando éste se acerca
a darle un beso de despedida, ella lo abofetea. La mujer, claramente debía que
ser contradictoria (al menos exteriormente), podía querer algo o a alguien,
pero si quería ser respetada socialmente como una dama, debía hacerse la que
no.
Avanzando unos años en esta década, observamos
como argumento la eterna lucha entre la moral férrea y la libertad, y los protagonistas
de "Woman of the World", se ven inmersos en este drama. En un pequeño
pueblo de Estados Unidos, vive un fiscal y líder de la comunidad que se opone
a los vicios de le época, el alcohol, la liberación femenina y otros males.
Pola Negri representa a una mujer de mundo, que viene de Europa y al llegar
a este pueblo, es impelida por el fiscal para que abandone sus malos hábitos
de mujer de la vida (fuma en público) porque va a pervertir al resto de las
mujeres del pueblo. Ella lo desafía públicamente al echarle una bocanada de
humo a la cara. Después de numerosos avatares, ella no aguanta la presión y
va donde está él reunido con todos los hombres del pueblo y lo golpea en la
cara con un látigo. Él sufre estoicamente el dolor como penitente para pagar
el sufrimiento que le causó a ella, luego la toma en sus brazos y para escándalo
de los demás, la besa.
El modelo del protagonista masculino sigue conservando
las características centrales de la década anterior, por lo menos hasta la llegada
y masificación del sonido (1926), que produce entre otros la desaparición de
pantalla de actores de buena presencia, masculinos pero de voces femeninamente
agudas. De ese modo, se agrega al cóctel de atributos masculinos un cierto tono
de voz grave, sensual y deseable.
En esa época el prototipo de hombre por sobre los
demás era Rodolfo Valentino. Prueba de su influencia en la época fue que su
temprana desaparición provocó el suicidio de muchas mujeres, así como furor,
histeria colectiva, tumultos y manifestaciones públicas de dolor y congoja.
Las mujeres habían perdido en él al hombre que con su penetrante mirada conocería
sus más secretas ilusiones (incluso fantasías eróticas en lugares idílicos)
y más oscuros sentimientos animales
y las haría sucumbir ante ellos. Aquel
hombre que las elegiría únicamente a ellas, a pesar de ser capaz de elegir y
obtener a cualquier otra. Los hombres, habían perdido a ese aventurero que debía
encontrarse en el fondo de todos los corazones, aquel ante el cual no había
voluntad femenina capaz de resistir y que era, si quería, capaz de formar un
harem de bellas mujeres.
El modelo tipo "Valentino", a fin de
cuentas, redimía al amor tradicional, porque siempre terminaba quedándose con
una solamente, a pesar de otras posibilidades. Era un Don Juan de presencia,
actitud y mirada más que de palabras. No había necesidad de nombrar nada, las
palabras sobraban. Esto último trascendió al iniciarse el sonido, habían cosas
de las cuales todos sabían o hablaban, pero nadie las mencionaba por su nombre,
al menos en pantalla
habían cosas que no debían decirse, entonces, tampoco
en la vida real, a pesar de ser adultos o estar casados. En esta década se comienza
a hablar solapada y encubiertamente en pantalla de sexo, bajo el eufemismo de
"eso" ("it"),
y "eso" era además "pasarlo bien" (hecho bastante distinto
al énfasis puesto en la procreación por sobre el placer).
En el caso del modelo femenino, hay un cambio crucial,
la mujer común norteamericana, en principio identificada con la protagonista
buena e inocente, debió enfrentarse al menos indirectamente con la guerra y
la cruel realidad que ésta trajo a los hogares. Con el transcurrir de la década,
poco a poco se va haciendo menos inocente, es más audaz y desinhibida, incluso
se hace un poco más mala (pero no tanto), por lo que en ella se plasman ambos
roles de la década anterior, ocupa ella sola ambos nichos y condena a la vampiresa
a desaparecer y extinguirse. El mercado había actuado. La mujer debía ser lo
suficientemente audaz como para conquistar y seducir más activamente a los hombres
(no debía ser tan mojigata) y despertar las pasiones en éstos, pero al mismo
tiempo no debía espantarlos, ya que estos siempre irían a preferir, al menos
en público y a largo plazo, una buena esposa y madre para sus hijos que una
mujer desinhibida y desenfrenada. Aquellos hombres que venían de la Gran Guerra,
querían algo más emocionante que la mujer de la década anterior, pero al mismo
tiempo, una mujer que ellos (como hombres y veteranos) pudiesen dominar y mantener
bajo su control.
Este cambio del modelo femenino y la búsqueda de
lo nuevo, se aprecia claramente en el año 1925, donde D.W. Griffith en "Sorrows
of Satan", película basada en la historia de Fausto (Ricardo Cortez), contrapone
las dos caras del mal al enfrentar al Diablo (Adolphe Menjou) con Margerite
(Lya de Putti). La mujer, además de haber sido la causante del pecado original,
ahora, después de siglos, se ha convertido en una avezada contrincante y es
capaz de luchar de tú a tú con el mismísimo diablo, y ya no se deja engañar
por la serpiente. Sin embargo, este tipo de mujer es, con el hombre, la mujer
amante antes que la vampiresa, simplemente
se trata (para el espectador) de la mujer común que lucha por su hombre a toda
costa.
Otro ejemplo del cambio de óptica se observa en
que la tímida Gloria Swanson de la década anterior sufre para 1926 un gran cambio
de imagen en "The loves of Sunya" en donde ella domina a los hombres,
hace que estos padezcan toda una serie de sufrimientos y se tengan que rebajar
a ser sus esclavos para poder simplemente lavarle o besarle los pies. Este prototipo
del rol femenino se haría más patente en los primeros años de la década siguiente.
La mujer puede ir liberándose un poco más de sus
ataduras, puede ser sensual y seductora, aunque es esperable socialmente que
lo sea en la privacidad del hogar. El cuerpo de la mujer se transforma expresamente
en una arma de conquista, especialmente en la desnudez solapada del baño en
tina y con bastante espuma. Es De Mille en su película "Male and Female"
donde cuenta con la actuación de Swanson, el que introduce por primera vez en
la historia la escena de la tina y del baño femenino desnudo, escena que se
convirtió en la marca de los 20. Otras actrices que hicieron escenas de baño
fueron Clara Bow y Esther Ralston. Una variación sobre el mismo tema se aprecia
en una película basada en la Revolución Francesa ("Orphans of the Storm"),
donde Griffith llenó la tina con vino y muchas jovencitas. De Mille, por su
parte, en "The Sign of the Cross" va más allá al mostrar a Claudette
Colbert dándose un baño de leche, de la cual dos inocentes gatitos se acercan
a beber, mezclando la inocencia de los felinos con los deseos ocultos de los
hombres de deshacerse de la leche para observar el cuerpo femenino, y de las
mujeres por mostrar ese cuerpo y ser observadas.
Nota del editor:
¡continuará!, como buen ensayo sobre el cine, en próximas entregas en esta página.
¡No se las pierda!
[1]
Hecht, Ben. Citado por Black, Gregory en "Hollywood censurado", Cambridge
University Press, primera edición, 1998. Página 15.
[2]
Money, J; "Ehrhardt, A. "Desarrollo de la sexualidad humana",
ediciones Morata, primera edición, 1982.
[3]
Moya, M. "Los roles sexuales".
[4]
"Androginia psicológica" es un concepto surgido de esta línea, que
designa a individuos que presentan en igual medida rasgos masculinos y femeninos.
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