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por el Lic.
Andrés Moltedo Perfetti
1950-1959:
En esta década la pareja emprende
su huida de las grandes ciudades hacia los suburbios y el
campo en búsqueda de una vida más apacible (como Cary Grant
construyendo junto a Mirna Loy su "casa de los sueños").
Los roles masculinos estereotipados se baten en franca retirada
a favor de personajes más reales y humanos. Poco a poco los
galanes rudos comienzan a extinguirse a favor de protagonistas
estéticamente más bellos (Tony Curtis, Gregory Peck), salvo
la excepción de galanes hermosos pero peligrosos y salvajes,
en donde es el peligro el que las atrae (James Dean, Marlon
Brando).
En cuanto al rol del ser mujer,
en esta década se presenta una fuerte dicotomía entre la atracción
erótica por diosas del amor más grandes por un lado y más
pequeñas que las reales por el otro. Las amazonas y las infantiles
respectivamente.
En el primer caso, las más grandes
y representativas de todas las amazonas fueron Sofía Loren
y Marilyn
Monroe (quien filmó en esta década 23 películas).
Se trataba de mujeres exuberantes, sensuales, y seductoras
corporalmente, a quienes presentaban como muy inocentes e
ingenuas mentalmente.
Por otra parte, lo contrario
también era verdad, una nueva y exótica atracción
existía en la figura aniñada, la diosa del amor más pequeña
que las reales. Caroll Baker en "Baby Doll" (1956),
Hayley Mills en "Tiger bay", Tuesday Weld, Susan
Strassberg, y las más exitosa de todas: Audrey Herpburn. Se
trataba de niñas o mujeres muy jóvenes de cuerpos delgados,
algunas casi anoréxicas que habían tenido un desarrollo precoz
de sus atractivos físicos, pero seguían siendo niñas.
De estos dos modelos femeninos
tan opuestos, surgen similitudes extraordinarias, que nos
muestran que el rol femenino está sexualizado en su inocencia.
Las mujeres atraían a los hombres, pero éstas desconocían,
o debían desconocer del poder que sus cuerpos les brindaban.
La amazónica Monroe en 1955 filmó
"La comezón del séptimo año", con Tommy Ewell: muestra
a una típica relación de pareja y familia norteamericana en
donde la señora (dueña de casa) y el hijo se van de vacaciones,
dejando al marido trabajando (el proveedor), expuesto a las
tentaciones del cigarro, el alcohol y las mujeres (una suerte
de "viudo de verano").
La vecina (Monroe), se alegra
de saber que es un hombre casado, ya que él no podrá pedirle
matrimonio por lo que no puede pasar nada entre ellos. El
matrimonio y la fidelidad son la piedra angular de la sociedad
de la época. El matrimonio debe subsistir, y ambos miembros
se deben mutuamente fidelidad. Entonces, no hay problemas
para que ella vaya al departamento y esté con él a solas e
incluso pernocte ahí. Es casado, así que nada puede pasar.
Él se obsesiona con ella, y comienza
a pensar en cómo podrá seducirla, de manera que ella caiga
rendida a sus pies. Planea el escenario: supuestamente él
iba a estar sentado al piano tocando el segundo concierto
de Rachmaninoff, vestiría una fumeur
rojo, tendría canas y british
accent. Ella estaría vestida de dorado y ante la sugerencia
del romance, no se resistiría (a lo Valentino). Sin embargo,
ella como mujer es una muchacha tontamente inocente, que no
le atribuye a las conductas de los varones para con ella ninguna
segunda intención.
Las fantasías sexuales masculinas,
se manifiestan en esta época en cierta manera no acorde con
el rol masculino de la dominancia y de la actividad. Claramente
él, como hombre, mantiene su dominio por sobre la mujer, pero
de una manera activamente pasiva, una suerte de "ni me
moví de mi escritorio". Las fantasías eróticas, consistían
en que él atraía feromónicamente
e inevitablemente a su secretaria, a una enfermera y a
la mejor amiga de su mujer, al punto de perder todo control
de sus impulsos por él, y de estar dispuestas a degradarse
y humillarse, de manera de incluso desarrollar una relación
de índole sádico masoquista (bastante inocente en todo caso).
En estas fantasías se recurría ilustrativamente a lugares
comunes y recreaciones de películas (como "De aquí a
la eternidad"), lo que manifiesta cómo el séptimo arte
se introduce subliminalmente en las fantasías y pensamientos
del público, modelando sus conductas, relaciones y creencias
entre muchas cosas.
El hombre debe asumir para sí
el rol de héroe anónimo que se sacrifica por el honor suyo
y de su familia. Si bien en esta película se puede hacer una
lectura a favor de la infidelidad y los divorcios, por cuanto
sostiene la existencia de una crisis matrimonial al séptimo
año de casado que desemboca irremediablemente en una infidelidad
en un 84% de los casos, salvo en el verano en que aumenta
a un 91%. En realidad al dar públicamente una cifra tan alta,
lejos de sembrar dudas en el público femenino por la fidelidad
de su pareja, provocó una admiración por el marido, ya que
éste era capaz de ir en contra de las estadísticas y de los
instintos por mantenerse a su lado.
La
belleza física exigida para las mujeres, el ideal de belleza
femenino, es en el caso de las amazonas, el de mujeres voluptuosas
y proporcionadas, bastante más rellenas que las actuales.
Es así como en la célebre escena en donde Marilyn se detiene
sobre la rejilla del metro y el viento provoca que su vestido
se levante mostrando sus famosas piernas, sus muslos son bastante
más voluminosos que los que se aprecian actualmente. El otro
ideal de belleza, el de la niña con cuerpo de mujer era menos
aceptado y publicitado socialmente debido a sus connotaciones
pedofílicas.
Marilyn Monroe, en su papel de
inocente atrapada en un cuerpo escultural, aparece en varias
películas, como acontece, por ejemplo, en "Una Eva y
dos Adanes" (Somebody
like it hot, de Billy Wilder), en donde Jack Lemon y Tony
Curtis llegan a vestirse de mujeres para unirse a una banda
femenina en donde tocaba Sugar
(Marilyn), y aprovechándose de las circunstancias, inician
(Curtis y Monroe) un romance, sin que ella se cuestione la
tendencia sexual de él (cosa que cambia por ejemplo en "Tootsie").
La infantil, pero no tan erotizada
Audrey Hepburn, representa la otra imagen, la de la niña mujer.
En su primera película, "La princesa que quería vivir"
(1953), es una princesa que estando en Roma huye para conocer
la ciudad. Se topa con Gregory Peck, un periodista que la
ayuda en sus avatares de la misma manera que Gable lo hizo
con la Colbert en "Sucedió una noche": le enseñó
el "mundo real". Se enamoran, pero inocentemente
se terminan separando, sin siquiera besarse, pues ella debe
cumplir su deber de princesa. El deber y el honor están por
sobre las personas individuales y sus sentimientos, es una
vuelta a la década de los treinta.
En "Algo para recordar"
(1957), Cary Grant es "Niccolo Ferrante", un playboy
internacionalmente conocido por lujurioso que viaja en un
trasatlántico hacia los Estados Unidos para casarse. Conoce
a Deborah Kerr, una mujer soltera que también realiza ese
viaje para casarse con un empresario. De ambos se da por supuesto
que tienen experiencia sexual previa, sin embargo, el tema
es tocado tangencialmente.
Se enamoran platónica e inocentemente,
pero llegan a New York, en donde los esperan sus respectivos
amantes comprometidos. Para no hacer algo impetuosamente y
faltar con el deber, quedan de acuerdo en pensar acerca de
su relación. Se dan un histórico plazo y un lugar: en un año
más en la terraza del Empire State.
Como no se puede ser desleal
con la persona que se ama, ambos terminan su relación anterior
y se la juegan por el otro, sin embargo, ella falta al compromiso
por una razón de fuerza mayor (lo único que se puede oponer
al amor verdadero). Ella, por amor a él no le cuenta y se
sacrifica, no quería traspasarle a él la carga de una mujer
inválida.
Cuando él se entera de lo que
le pasó a ella, la acepta tal cual, el amor está más allá
de los defectos y las discapacidades físicas.
1960-1969:
En esta época, se habla más abiertamente
de la sexualidad que lo que se había hecho hasta el momento.
Así como en otros años, habían sido las escenas de tinas o
las de lencerías, la combinación de belleza, violencia, sexo
y desnudez es la fórmula de los años sesenta. Sin embargo,
existe en la mayoría de los casos un fuerte contraste entre
lo que los estudios de Hollywood mostraban en sus películas
con lo que realmente sucedía, la realidad de los hippies,
las drogas, el rock y de las revueltas anti - guerra
de Vietnam, no aparecen[1].
No obstante, el verdadero drama de la condición humana empieza
a ser tratado de manera más profunda, poco a poco van cayendo
los estereotipos, haciéndose los protagonistas más reales.
Ya no se tomaba alcohol a despecho y casi humorísticamente
a lo Gable o Bogart, ahora eran alcohólicos.
En el caso del estereotipo del
rol masculino, vemos que los hombres exitosos con las mujeres
y con las relaciones de pareja son aquellos buenos mozos,
seguros de sí mismos, rebeldes, pero sin el aire vividor y
tahúr de los Gable o Bogart. Siguen siendo hombres determinados,
capaces de saber lo correcto y adecuado para ellos y para
sus respectivas mujeres. Por lo general, el argumento de las
películas rondaba el conflicto triangular, en la mayoría de
las películas era entre dos hombres (muchas veces novio versus
suegro) por determinar qué era mejor para el futuro de una
mujer. En las comedias románticas (más humorísticas y por
lo tanto menos reales), el triángulo es fundamentalmente amoroso,
donde dos hombres se disputan el amor de una mujer, y ésta
tiene más poder de decisión que en los otros géneros, sin
embargo, la potestad recae fundamentalmente en los varones,
y son éstos los que finalmente deciden.
La mujer es por tanto una ficha
en el tablero de los varones, o el premio al que sepa desenvolverse
mejor y derrote al otro en el ámbito de que se trate. Presencia
la lucha de los machos como cualquier otra hembra de los mamíferos.
El modelo femenino de las grandes
mujeres curvilíneas, tipo amazonas, comienza a perder protagonismo
(sin embargo siempre han existido). Se mantiene el modelo
femenino de la niñita erotizada, quizás el mejor ejemplo histórico
está en la adaptación que Nabokov hizo de su propia novela,
para la dirección de un promisorio Kubrick: "Lolita"
(1962), con la lujuriosa actuación de Sue Lyon.
Otro personaje de niña sexy
es el que hace Shirley Knight como "Heavenly" de
"El dulce pájaro de la juventud" (1961) de Tennesse
Williams. Paul Newman es "Chance Wayne", su novio,
un joven atractivo y pobre, que la deja embarazada y escandalosamente
el padre de ella la hace abortar. Chance, para llevarse a
Heavenly reconoce haber trabajado hasta de gigolo,
a Heavenly eso no le importaba, ya que lo quería y aceptaba
así: "ella jamás preguntó por lo demás. No hacía falta.
Porque sabía que lo que yo había hecho o lo que me habían
hecho a mí, nada tenía que ver con nuestro amor, ni nuestro
deleite". El hombre, a fin de cuentas, sigue siendo el
que determina la pauta de la relación, ya sea como padre,
ya sea como novio, eran ellos los que sabían qué era lo bueno
para Heavenly, y ella dejaba todo a manos de ellos.
Si bien se muestran a personajes
masculinos y femeninos con relaciones extramaritales, socialmente
es más aceptado que los hombres lo hagan. El hombre se lleva
un reproche sutil y casi familiar, en tanto que su querida
es mal vista por la sociedad. En el caso de la mujer casada
con amante, ella es igualmente mal vista, al mismo nivel de
la amante de un hombre casado (para la sociedad son malas
mujeres), mientras que el amante de ésta es visto como un
ambicioso, que utiliza a las mujeres para aprovecharse y obtener
beneficios (dinero, fama, etc.)
Una película un tanto diferente
de las incestuosas "Lolita" y de "Baby doll"
es "El graduado" (1967), en donde es un varón, "Ben"
(Dustin Hoffman), el que es objeto de los acosos lujuriantes
de una mujer adulta. Otra diferencia está dada por el hecho
de que Ben, si bien podría ser el hijo de la Señora Robinson
(Anne Bancroft), apenas es mayor de edad, pero lo es.
Si bien en el caso de "Lolita"
y "Baby doll" las protagonistas son niñas, y las
actitudes y comportamientos de los varones son reprochados
socialmente como pedofílicos o perversos, son de alguna manera
comprendidos (especialmente por los hombres) debido a la actitud
sexualizada y provocadora de las niñas. Mientras que en "El
Graduado", a pesar de que Ben es mayor de edad, la actuación
de la Señora Robinson es más cuestionada, ya que en todo momento
demuestra una intención netamente sexual y se trata de una
mujer casada.
En un momento, Ben le dice a
Elaine (la hija de la Señora Robinson): "tú eres la primera
persona con la que me gusta estar" (y con tu madre no),
y que hasta hace poco había mantenido una relación con una
mujer mayor, casada y con hijos. En el fondo, hay mujeres
para amar y mujeres para acostarse. La Señora Robinson es
para Ben y para la sociedad una prostituta con la cual iniciarse
de la misma manera como se inició el Señor Robinson, pero
el embarazo consecuente los obligó a casarse.
Al quedar expuesta la relación
de Ben con la Señora Robinson, ésta alega haber sido violada
por Ben, la única manera de no ser repudiada. Sin embargo
para Ben, como hombre, la única sanción social es por parte
del señor Robinson, pero así y todo se las arregla para convencer
a Elaine de su inocencia.
Elaine y Heavenly, son obligadas
por sus padres a casarse en contra de su voluntad y lo aceptan.
Sin embargo, en ambas situaciones, otros (en este caso Ben,
en el otro Chance) las hacen cambiar de opinión y hacer lo
que ellos querían, siempre en nombre del amor verdadero.
Ni hablar de las implicaciones
psicoanalíticas del argumento de "El Graduado":
una mujer que se acuesta con un joven de la edad de su hija,
un joven que se acuesta con una mujer de la edad de su madre
y que es esposa del socio de su padre, una hija que elige
fugarse con el amante de su madre (que reemplazó a su padre,
y que la madre le enseñó a hacer el amor como éste).
A la par de estas películas más
reales y menos estereotipadas de los roles sexuales y de la
relación de pareja, hay otra veta, aquella de películas más
populares y menos polémicas, el género de las comedias románticas.
Con éstas, la sátira y la ironía vuelven a reaparecer como
forma de hablar de sexualidad, sin hacerlo expresamente, por
ejemplo en "Expreso bongo", un staff
de bailarinas, medio desnudas bailan incitantes frente a un
público expectante al son de una canción que dice, en resumen,
"se mira pero no se toca".
Paradigma de la pareja ideal
de las comedias románticas de los sesenta fue la que constituyeron
Rock Hudson y Doris Day, quienes constituyeron una vuelta
a las clásicas parejas[2]
del cine (como Hepburn y Tracy, o Bogart y Bacall), filmaron
juntos "Problemas de alcoba", "Vuelve amor
mío" y "No me mandes flores". Todas muy similares
entre sí, comedias románticas livianas en donde siempre ocurrían
una serie de enredos y malos entendidos. Los roles de ellos
se encontraban absolutamente estereotipados. Él era varonil,
conquistador y experimentado. Ella era inocente, femenina
y típicamente norteamericana. Ella lo atraía inicialmente
con su belleza, él caía ante sus atributos y pretendía conquistarla,
ella se negaba y resistía, pero terminaba cediendo y caía
rendida ante él.
El ideal romántico, de cómo debían
ser las relaciones y el verdadero amor, se mantiene sin cambios
desde "Lo que el viento se llevó" hasta el "Doctor
Zhivago" (1965), donde se narran las desventuras de del
romance entre Yuri Zhivago y Lara.
Hasta este momento, el rol masculino
estaba centrado casi exclusivamente en la heterosexualidad.
De manera que a muchos varones les era posible expresar sus
sentimientos por amigos o compañeros caídos, se les podía
abrazar e incluso besar el cadáver, como también podían expresamente
hablar de amistades significativas (como en "Casablanca")
y la situación no era cuestionada. Cuando se hacía referencia
a la homosexualidad, era mostrada como una suerte de debilidad
del carácter varonil, como se muestra por ejemplo en "El
estrangulador de Boston" (1961). Es en "Consejos
y consentimientos" una de las primeras ocasiones en que
se muestran a los homosexuales
de manera organizada. Cabe destacar, que en "Problemas
de alcoba" ("Pillow talk"), Rock Hudson tuvo
que representar en un par de escenas a un homosexual y lo hizo no a su manera propia y masculina de homosexual,
sino que representó a la estereotipada loca.
*
Los homosexuales en la pantalla,
al ser vistos como pecadores, enfermos, u hombres débiles,
debían vivir escondidos, infelices, desesperados, y debían
pagar sus faltas en el último rollo de cinta: o se suicidaban
o morían.
* Nota
del editor: a quien le interese el tema de la homosexualidad
en el cine de Hollywood le recomendamos el excelente documental
"Celluloid closed".
[1]
Salvo en películas como "Easy Rider".
[2]
En realidad se trataba de un trío, ya que en sus películas
siempre aparecía, como un tercero, Tony Randall.
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