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(Extractado de "El jardín
perfumado")
Has de saber, ¡oh!, Visir (¡la misericordia
de Dios sea contigo!), que si deseas experimentar una cópula
agradable, que proporcione igual satisfacción y placer
ambas partes, es necesario retozar con la mujer y excitarla
mediante mordiscos, besos y caricias. Vuélcala sobre
el lecho, unas veces sobre su espalda, otras sobre su vientre,
hasta que veas que ha llegado el momento del placer. Excítala
besando sus mejillas, chupando sus labios y mordisqueando
sus senos. Besa su ombligo y sus muslos y apoya una mano provocativa
sobre el pubis. Muerde sus brazos y no olvides ninguna parte
de su cuerpo. Tómala estrechamente hasta que ella sienta
tu amor, luego suspira y entrelaza tus piernas y brazos con
los suyos.
Cuando veas los labios de una mujer temblar
y enrojecerse, y languidecer sus ojos y hacerse sus suspiros
más profundos, sabrás que desea copular. Éste
es el momento para situarse entre sus muslos y penetrarla.
Si has seguido mis consejos, ambos disfrutaréis de
una cópula encantadora que dejará un recuerdo
delicioso.
Por tanto, hombres, cuando hayáis
conducido a la mujer a la condición favorable, introducid
vuestro miembro, y si entonces os preocupáis por moveros
de la manera adecuada, ella experimentará un placer
que colmará todos sus deseos. No abandonéis
todavía su pecho. Dejad que vuestros labios vaguen
por sus mejillas y vuestra espada repose en su vaina. Tratad
ardientemente de excitar su chupador (Nota: el texto así
se refiere a la vagina) y así vuestro trabajo
será dignamente coronado. Si gracias al favor del Todopoderoso,
lográis el éxito, tened cuidado de no retirar
vuestro miembro. Permitidle que permanezca y apure la copa
del placer. Prestad atención y escuchad los suspiros
y quejas y murmullos de la mujer, puesto que ellos atestiguarán
la violencia del placer que le habéis procurado.
Alguien ha dicho: «Si deseas copular,
coloca a la mujer sobre el suelo, abrázala estrechamente
y pon tus labios sobre los suyos. Luego apriétala,
chúpala, muérdela; besa su cuello, sus senos,
su vientre y sus flancos; estrújala contra ti hasta
que el deseo la debilite y, al verla en este estado, introduce
tu miembro. Si obras de este modo, vuestro goce será
simultáneo, y ése es el secreto del placer.
Pero si olvidas este plan, la mujer no satisfará su
deseo ni obtendrá goce alguno.»
Y cuando el cese del goce ponga fin a vuestros
devaneos amorosos, no os levantéis bruscamente. Retirad
vuestro miembro con circunspección, y permaneced con
ella yaciendo sobre vuestro costado derecho en este lecho
de placer. De este modo, todo saldrá bien, y no seréis
como aquellos que montan a una mujer como lo haría
un mulo, sin conceder atención a los principios del
arte, retirándose y alejándose tan pronto como
han eyaculado. Evitad un método tan burdo, que priva
a la mujer de todo placer. Para resumir, incumbe al conocedor
de la cópula no omitir ninguna de mis recomendaciones,
puesto que de su observancia depende la felicidad de la mujer.
No bebas agua de lluvia inmediatamente después
del coito. Es aconsejable descansar después del coito
y no practicar ejercicios violentos.
| Si deseas repetir el acto, perfúmate con dulces
aromas y luego acércate a la mujer y alcanzarás
un resultado feliz. |
* Texto árabe del JEQUE NEFZAWI (Túnez,
siglo XIV ó XVI?), en una traducción hecha en
1886 por Sir Richard Burton.
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