|
(Pintora
Mexicana 1907-1954)
AS:
Admirada Frida, alguna vez has dicho: ¡El espejo! ¡Verdugo de mis días!...
FK: es verdad... porque de pronto,
allí abajo ese espejo omnipresente, se hizo imperioso el deseo de dibujar. Tenía
tiempo no sólo para trazar líneas sino para infundirles un sentido, una forma,
un contenido. Comprender algo de ellas, concebirlas, forjarlas, retorcerlas,
desligarlas, reunirlas, llenarlas.
AS: ¿te sabes bonita y por eso
siempre te pintas?
FK: no, es que estoy sola casi
siempre y me parezco a mucha gente y a muchas cosas. Al modo clásico, para aprender
utilicé un modelo: yo misma. No fue fácil: por más que una misma sea el tema
más evidente, también es el más difícil. Uno cree conocer cada fracción de su
cara, cada rasgo, cada expresión, pero ahora todo se burla. Una es una misma
y otro: una cree conocerse hasta las puntas de los dedos, y de pronto siente
que su propia envoltura se escapa, se vuelve completamente extraña a lo que
la llena. En el momento en que uno siente que no soporta más verse, comprende
que la imagen que tiene delante no es una misma. Del modo más académico hice
de mí misma mi modelo, mi tema de estudio. Y me apliqué.
AS: ¿qué rol tuvo tu padre?
FK: mi padre me trajo tubos de
pintura y poco a poco pasé del dibujo al color. El color se me volvió indispensable.
Quizás era simbólico, en esa sombra en que mi vida, luciérnaga palpitante, trataba
todavía de abrirse camino. El color fue un descubrimiento, una alegría absoluta.
AS: ¿fue como una iluminación?
FK: ¡el mundo se iluminaba! Mi
tiempo adquiría otra dimensión. Nadie podrá negarlo: el arte necesita tiempo.
Para reflexionar, para obrar, para profundizar. Disponía pues -¡regalo del accidente!-
de ese factor, si no indispensable, al menos precioso: la libertad de trabajar
a mi manera, a mi ritmo.
AS: ¿habías pensado antes en dedicarte
a la pintura?
FK: hasta ese momento no recuerdo
haber pensado nunca en pintar. Yo quería, como tú, estudiar Medicina... Pero,
querido Adrián, ya me estoy despidiendo.
AS: me gustaría que, antes de
irte, nos regalaras una de esas bonitas y emotivas frases que supiste colocar
en alguno de tus cuadros.
FK: ¡Árbol de la esperanza, mantente
en pie! Antes de ir a descansar, lo necesito tanto, quiero decirte que me gusta
mucho ese cuadro mío, Autorretrato con Chango y loro, que pinté
en 1942 y que ustedes tienen en Bs. As., en el Museo de Arte Latinoamericano
(Malba). Hasta siempre, nos estamos viendo.
Nota del Editor: el Museo de Arte Latinoamericano
(Malba) se encuentra ubicado en la Avenida Figueroa Alcorta 3415 (Bs. As., Argentina),
info@malba.org.ar
volver
|