"Culos duros, morenos,
si por dulce pulgar sois pellizcados
¿por qué os volvéis y os pretendéis airados?
Si cuanto más airosos
Más bellos parecéis a aquél que os mira,
No me mireis con ira
Porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, culitos sabrosos,
culos duros, morenos,
si no tocar, dejad que os mire al menos!”
Gutierre de Cetina
I.
Hay una larga lista de posiciones o posturas sexuales ya
descriptas desde la antigüedad.

Coito a Tergo en una imagen del Antiguo Egipto

Las más conocidas figuran en el Kama Sutra, el Ananga Ranga,
el Jardín Perfumado, las Posiciones de Aretino, el Tantra,
el Tao y el Manual de Erotología Clásica de Forberg, entre
muchos otros.
More ferarum -como las fieras-, a tergo,
a la manera pompeyana, a lo Boccaccio, a caballito, como
los perros y muchas otras son las maneras de denominar a
la posición sexual por medio de la cual el hombre accede
al genital femenino por su espalda, estando ella en “cuatro
patas”.
Tiene sus pro y sus contra:
-
Se evita
el peso del abdomen si los dos o si uno de ambos es obeso.
-
El movimiento
de él suele tener mucha más excursión.
-
La penetración
es más profunda.
-
Hay estimulación
perineal.
-
Ella tiene
menos frote clitoridiano pero siente más el émbolo, y
el golpe en sus nalgas provocado por el choque de la pelvis
masculina es más fuerte.
El coito a
tergo requiere su diferenciación del coito anal con el
cual muchas veces la visión de la escena llama a confusión.
Así encontramos
en la obra de Freud: “Al despertar fue testigo de un
coito a tergo repetido tres veces, pudo ver los genitales
de la madre, así como el miembro del padre y comprendió el
hecho así como su significado.” [1]
Y en otro lugar:
“El fenómeno más llamativo de su vida amorosa tras llegar
a la madurez, eran ataques de un enamoramiento sensual compulsivo
que emergían en enigmática secuencia y volvían a desaparecer,
desencadenaban en él una gigantesca energía aún en épocas
en que se encontraba inhibido en los demás terrenos y se sustraían
por entero a su gobierno. A causa de unos notables nexos,
debo posponer todavía la explicación de estos amores compulsivos,
pero puedo señalar aquí que estaban atados a una determinada
condición oculta para su conciencia, que sólo en la cura pudo
discernirse. La mujer tenía que haber adoptado la posición
que atribuimos a la madre en la escena primordial. A partir
de la pubertad sintió como el mayor encanto de la mujer grandes
y llamativas nalgas; otro coito que no fuera desde atrás apenas
le deparaba goce. Por cierto que el juicio crítico tiene derecho
a objetar aquí que tal predilección sexual por las partes
posteriores del cuerpo es un rasgo universal de las personas
inclinadas hacia la neurosis obsesiva y no justifica que se
la derive de una particular impresión recibida en la infancia.
Pertenece a la ensambladura de la propensión anal-erótica
y se encuentra entre los rasgos arcaicos que singularizan
a esta constitución. Es lícito concebir el acoplamiento desde
atrás- more ferarum - como la forma filogenéticamente
más antigua." [2]
Y luego: “En verdad, en los análisis de personas
neuróticas no es una rareza la escena de observar el comercio
sexual entre los padres a una edad muy temprana –
se trata de un recuerdo real o de una fantasía-. Acaso se
la encuentre con igual frecuencia en quienes no se han vuelto
neuróticos. Y acaso pertenezca al patrimonio regular de
su tesoro mnémico –conciente o inconciente-. Ahora
bien todas las veces que pude desarrollar mediante análisis
una escena de esa índole, ella exhibió la misma peculiaridad
que nos desconcertó en nuestro paciente: se refería al coitus
a tergo, el único que hace posible al espectador la
inspección de los genitales. Entonces ya no cabe dudar más
de que se trata sólo de una fantasía...” [3] .
| DESMOND MORRIS: Comportamiento Intimo. Editorial
Plaza & Janes, Barcelona.
Las nalgas. Dejando el pubis y sus ecos sustitutivos,
y pasando a la parte posterior de la pelvis, llegamos
a los dos carnosos hemisferios de las nalgas. Estas
son más pronunciadas en la mujer que en el varón.
y constituyen un rasgo exclusivamente humano, que falta
en las otras especies de primates. Si una mujer se agachase
de espaldas a un varón, adoptando la típica
posición invitadora a la cópula de los
primates, su aparato genital quedaría encuadrado
entre los dos hemisferios de carne suave. Esta comparación
convierte a éstos en una importante señal
sexual para nuestra especie, y que tiene, probablemente,
un origen biológico muy antiguo. Es nuestro equivalente
de las hinchazones sexuales de otras especies. La diferencia
está en que, en nuestro caso, la condición
es permanente. En las especies animales, la hinchazón
aumenta o disminuye con el ciclo menstrual alcanzando
el máximo cuando la hembra es sexualmente receptiva,
alrededor del tiempo de la ovulación. Naturalmente,
como la mujer es sexualmente receptiva casi en todos
los tiempos, sus hinchazones sexuales permanecen de
modo continuo. Al erguirse nuestros primeros antepasados
y adoptar la posición vertical, el aparato genital
fue más visible por delante que por detrás,
pero las nalgas conservaron su significado sexual. Aunque
la cópula propiamente dicha se realizó
cada vez más de un modo frontal, la hembra siguió
enviando señales sexuales acentuando de algún
modo su parte posterior. Actualmente, si una muchacha
aumenta ligeramente la ondulación de sus caderas
al andar, envía una poderosa señal erótica
al varón. Si adopta una posición en que
aquéllas sobresalen <<accidentalmente>>
un poco más de lo normal, el efecto es idéntico.
En ocasiones, como en la famosa posición de ‘traseros
arriba’ del cancán, advertimos una versión
completa de la invitación de los antiguos primates,
y son corrientes los chistes sobre el hombre que se
siente tentado a dar una palmada en el trasero a la
muchacha que se inclina inocentemente para recoger un
objeto del suelo.
Desde tiempos remotos, hay dos fenómenos relacionados
con las nalgas que merecen comentarios. El primero es
la condición conocida por el nombre de <<esteatopigia>>,
y el segundo es el artificio del polisón. Literalmente
esteatopigia significa ancas gordas, y designa la exagerada
protuberancia de las nalgas que se encuentra en ciertos
grupos humanos y en particular el de los bosquimanos
de África del Sur. Se ha sugerido que éste
es un caso de acumulación de reservas de grasa,
semejante al de las gibas de los camellos; pero si tenemos
en cuenta que es mucho más exagerado en las hembras
que en los varones, parece más probable que se
trate de una especialización de las señales
sexuales que emanan de esta región del cuerpo.
Parece como si las mujeres bosquimanas hubiesen acentuado
más que las otras razas el desarrollo de esta
señal. Incluso es posible que esta condición
fuese típica de nuestros remotos antepasados
y que más tarde se redujese a favor de una disposición
más adaptable atléticamente, en forma
de las nalgas femeninas menos protuberantes que vemos
en la actualidad. No hay que olvidar que hubo un tiempo
en que los bosquimanos fueron mucho más numerosos
que hoy día y que dominaron la mayor parte de
África antes de la más moderna expansión
de los negros. También es curioso que muchas
figurillas prehistóricas femeninas, de Europa
y de otras partes, suelen presentar un aspecto parecido,
con grandes y protuberantes nalgas, completamente desproporcionadas
a la obesidad general de los cuerpos representados.
Esto tiene únicamente dos explicaciones. O las
mujeres prehistóricas estaban dotadas de enormes
traseros, que enviaban vigorosas señales sexuales
a los varones, o los escultores prehistóricos
estaban tan obsesionados por la naturaleza erótica
de las nalgas que, como muchos caricaturistas actuales
se permitieron un alto grado de licencia artística.
En ambos casos, las nalgas prehistóricas imperaron
de un modo absoluto. Lo curioso es que después,
al progresar en una región tras otra las formas
del arte, la mujer de grandes nalgas empezó a
desaparecer. En el arte prehistórico de todas
las localidades donde ésta ha aparecido, fue
siempre la primera en ser encontrada. Después,
desapareció, Y otras mujeres más esbeltas
ocuparon su sitio. A menos que las mujeres de grandes
posaderas abundasen realmente en los primeros tiempos
y desapareciesen después gradualmente, la razón
de este cambio general en el arte prehistórico
sigue envuelta en el misterio. Persistió el interés
del varón por las nalgas femeninas, pero con
raras excepciones, éstas se redujeron a las proporciones
naturales que observamos en las pantallas de cine del
siglo xx. Las danzarinas de los murales del antiguo
Egipto encontrarían fácil colocación
en un club nocturno moderno, y si vivió la Venus
de Milo, la medida de sus caderas no pasó los
96 centímetros.
Las excepciones a esta regla son intrigantes, pues demuestran,
en cierto sentido un retorno a los tiempos prehistóricos
y un renovado interés del hombre en la tosca
exageración de la región glútea
femenina. Y con ello pasamos del fenómeno carnoso
de la esteatopigia al ingenio artificial del polizón.
El efecto es el mismo en ambos casos -a saber, un considerable
aumento de la región glútea– pero
el polisón consistió en insertar un grueso
relleno, o alguna forma de armazón, debajo del
vestido femenino. En su origen fue una especie de miriñaque
reducido. La costumbre de poner almohadillas alrededor
de la pelvis fue muy frecuente en la moda europea, y
lo único que se necesitaba para destacar las
posaderas era eliminar el almohadillado de la parte
frontal y de los lados del cuerpo. Esto hizo que el
invento del polisón fuese más una «reducción»
que una exageración, y permitió que se
introdujese en la alta costura sin indebidos comentarios.
Al surgir de este modo negativo, consiguió evitar
sus evidentes implicaciones sexuales. El polisón
con flejes y almohadillas de los años 1870 pasó
rápidamente de moda, pero regresó triunfalmente
y en forma aún más exagerada en la década
de 1880, convirtiéndose en una especie de anaquel
plantado en la espalda, mantenido en su sitio con redes
de alambre y muelles de acero, y dando una impresión
capaz de hacer reaccionar al bosquimano más fatigado.
Sin embargo, en los años noventa, se extinguió
y la cada vez más atlética hembra del
siglo XX no pensó jamás en instaurarlo
de nuevo. Las nalgas aumentadas de los tiempos modernos
quedaron limitadas a ‘postizos’ raramente
empleados, actitudes provocativas y exageraciones de
los caricaturistas.
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III.
En el sudoeste africano viven dos grupos humanos
casi extintos: los bosquimanos y los hotentotes (esta palabra
tiene una connotación peyorativa dada por los europeos).
A pesar de tener alguna diferencia, sin embargo se los considera
étnicamente integrantes de una raza: la khoi san.

Mujer Hotentote
En los bosquimanos
(del desierto de Kalahari) se nota una gran concavidad de
la parte inferior de la espalda que provoca un abultamiento
hacia atrás de toda la región glútea. El fenómeno es más exagerado
aún en algunas mujeres, en quienes esta región presenta una
acumulación de grasa que no se ve en ninguna otra raza: la
esteatopigia que se une a particularidades curiosas de sus
genitales, lo que nos orienta aún más hacia el significado
de atracción sexual de las nalgas femeninas.
Los hotentotes son algo más altos en promedio y la esteatopigia
está más desarrollada aún.
IV.
La atracción erótica que ejercen las nalgas femeninas
enmarcadas por caderas que culminan en una cintura que las
resalta, y acompañadas por un andar ondulante provocan un
fenómeno de observación cotidiana: el hombre vuelve su mirada
de un modo casi automático y aún muchas veces estando él
mismo acompañado de una pareja.
El arte dio muestras
exuberantes del realzamiento de las nalgas y la elección de
las nalgas como el elemento que, prima facie, se constituye
en la atracción sexual del macho.
Es por eso que
a continuación, para recordarlas, sólo nombraremos una pequeña
galería artística sobre el tema:
Comenzamos con las Venus Calípigas de Willendorf o de Lausell,
para seguir por multitudes de copas y ánforas griegas, por
el arte rescatado de Pompeya, por las nalgas provocativas
de la fachada del templo Khajuraho, la densidad de las nalgas
de la Leda de Miguel Ángel, las distintas variantes de las
Tres Gracias llevadas a cabo por distintos autores (Rafael,
Correggio, etc.) pasando por Boucher (Mujer desnuda) hasta
Rubens, Thomas Rowlandson y Peter Fendi (ambos destacaron
la hermosura de la popa femenina) y continuando con Delacroix
(La muerte de Sardanápalo), las Ninfas de Bouguereau, Ingres
(el Baño turco), Degas, el Desayuno en la Hierba de Manet,
El Sueño de Courbet, la Pareja de Amantes y La Ninfa y el
Sátiro de Millet, El Abrazo de Picasso, y los cachetes de
Botero.

Peter Fendi, Secuencia erótica , 1835
V.
La ecuación: Nalgas = Pechos = Mejillas,
en el Diccionario psicoanalítico de símbolos, de José Treszezamsky
NALGAS (v. Mejillas)
Pechos.
Por similitud formal y herencia de significdo filogenético.

"Gradualmente me fue posible rescatar de la represión
una serie de casos análogos: cómo a los cuatro años dormía
en la misma cama con su ama de leche y le levantaba el camisón
por las nalgas (probablemente fue entonces cuando equiparó
los senos y las nalgas)..."
[4] .
Una mujer admira
sus propios pechos mientras su amante admira sus nalgas
[5] , en una ilustración de Barthommé St. André, para
la Vie des Courtisanes, de los Razonamientos de Aretino.
"Debió de haber
un tiempo, en época de nuestros remotos antepasados, en que
se empleó la aproximación por detrás. Supongamos que hubiésemos
llegado a la fase en que la hembra incitaba sexualmente al
macho desde atrás, con un par de carnosas nalgas hemisféricas
(que, digámoslo de paso, no se encuentran en ninguna otra
especie de primates) y con un par de brillantes labios genitales.
Supongamos que el macho hubiera adquirido una fuerte sensibilidad
sexual para responder a estas señales específicas. Supongamos
que, llegada a este punto de su evolución, la especie se volviese
cada vez más vertical y orientada de frente en sus contactos
sociales. En esta situación, cabría esperar que encontrásemos
alguna especie de autoimitación frontal del tipo que hemos
visto en el mandril. Si observamos las regiones frontales
de la hembra de nuestra especie, ¿podemos descubrir alguna
estructura que sea posible remedo de la antigua exhibición
genital de las nalgas hemisféricas y de los rojos labios?
La respuesta aparece con la misma claridad que el propio pecho
de la hembra. Los senos protuberantes y hemisféricos de la
hembra son, seguramente, copia de las carnosas nalgas, y los
vivos y definidos labios rojos de la boca deben de ser una
réplica de los de la vulva" [6] .
"A veces, es cierto, estas voluminosas esferas posteriores
del cuerpo femenino suscitan amorosos deseos de besarlas
y morderlas suavemente, mostrando que evocan a las otras
dos dulces prominencias que preceden orgullosamente a la
mujer: sus tetas" [7] .
MEJILLA (v. Rostro, Cara)
Nalgas
En la carta de Freud a Fliess del 16 de enero de 1899 equipara
mejillas y nalgas por el parecido en alemán: mejillas {Backen}
y nalgas {Hinterbacken}.
"Un caso de traslado de esa índole se presenta también
cuando en el simbolismo del pensamiento inconciente los
genitales son sustituidos por el rostro. El uso lingüístico
contribuye a ello, pues en las nalgas {Hinterbacken,
mejillas de atrás} discierne el homólogo de las mejillas,
y además de los labios que enmarcan la cavidad bucal conoce
otros, los de la vulva” [8] .
* Dr. José Treszezamsky, médico, psicoanalista
Bs. As. , Argentina

La imagen de Botero con el lunar en la mejilla y en
la nalga.
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