 "....tienes
un rostro de mujer, pintado de la propia mano de la naturaleza, tú: señor y
señora de mi pasión; un tierno corazón de mujer...unos ojos brillantes que visten
de oro los objetos sobre que se posan; un color de hombre batiendo a todos los
colores, que arranca los ojos de los hombres y cautiva las almas de las mujeres....Veo
en ti imágenes que amaba y tú -que todas las contienes- me posees todo entero,
los días se me hacen noches mientras no te veo y las noches días resplandecientes
cuando el sueño me muestra tu imagen, mas cuando asedien tu frente cuarenta
inviernos y caven profundas trincheras, el aliño orgulloso de tu juventud, no
será sino un vestido hecho de jirones, tenido en poca estima. Así, hermoso y
amado adolescente, cuando vuestros encantos se marchiten vivirás en estos versos,
morando en los ojos de los amantes. La muerte no ha de lograr llevarse de aquí
tu memoria, tu nombre gozará en este mundo de una vida inmortal, irás contra
la muerte y el olvido, tu monumento serán mis dulces versos, que leerán ojos
aún no engendrados y las lenguas futuras sostendrán tu ser cuando todos los
que respiran en este mundo se hallen muertos. Perdurarás siempre -tal es el
poder de mi pluma- donde más alienta el aliento, es decir, en los labios de
los hombres."
William Shakespeare, 1564-1616
Nota del editor: aunque muchos críticos
y exegetas han querido silenciarlo y tergiversarlo, el genio de Avon le dedica
estos hermosos sonetos de amor -quizás de los más bellos de toda la literatura
universal- a un "hermoso y amado adolescente", de quien aun hoy se duda
de su verdadera identidad. Es de destacar que el gran William ya avizoraba y
vaticinaba la inmortalidad de sus versos que persisten "contra la muerte
y el olvido" perdurando siempre "en los labios de los hombres". ¡Grande
maestro!
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