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Actualmente
los profesionales que trabajan en el campo de la Sexología
están de acuerdo en que factores psiquiátricos, psicológicos
y situacionales dan origen a disfunciones sexuales (impotencias,
eyaculación precoz, aversión
o fobia sexual, aneyaculación
y eyaculación retardada, deseo sexual
hipoactivo o inhibido, vaginismo,
anorgasmias femeninas). Claro
que en el campo psicológico y psiquiátrico hay múltiples teorías
que, si no nos encerramos en dogmatismos, se entrelazan y
complementan. Por ejemplo, desde el psicoanálisis, que tiene
el mérito de haber producido una revolución en el estudio
de la sexualidad, se afirma que son los factores inconscientes
derivados de experiencias traumáticas infantiles los que incidirán
en la producción de los síntomas sexuales.
Freud, en sus
series complementarias, hablaba que siempre se conjugan factores
disposicionales y genéticos, con experiencias infantiles y
luego con los hechos desencadenantes de la vida, y en su confluencia
es que se producen las distintas patologías o síntomas. No
obstante, algunos psicoanalistas piensan que la impotencia
o la eyaculación precoz siempre están causadas por factores
profundos que remiten a situaciones del pasado vividas de
manera conflictiva, rechazando la posibilidad de tratamientos
sexológicos específicos, como también rechazan, en otros cuadros,
incluidos la depresión, las fobias o los ataques de pánico,
la medicación y otros tipos de terapias más resolutivas. Pero
como los pacientes han salido del oscurantismo médico y sexológico
gracias a la divulgación científica, a los medios de comunicación
masiva e Internet, ya no aceptan a los profesionales fundamentalistas
(por suerte cada vez son menos los que se abroquelan en ghettos
intelectuales) y se autoderivan.
Se ha observado
y estudiado que hay factores inmediatos, tales como la ansiedad
por el rendimiento y ante la ejecución del acto, temor al
desempeño, inadecuación a los distintos momentos vitales,
exigencias desmesuradas, falta de estimulación adecuada, desconocimiento
sobre la respuesta sexual —fortalecida por una educación
religiosa y familiar represiva— o conflictos con la
pareja. Estas causas inmediatas, si son removidas, incluso
sin rastrear las supuestas causas lejanas de las que habla
el psicoanálisis, resuelven las disfunciones de los pacientes.
Quizás sea cierto en estos casos aquello que decía E. Berne:
"cúrese primero y analízese después".
No
podemos pensar en causas únicas sino en una interrelación
de distintos factores (psicogénicos, culturales, orgánicos)
en la impotencia. Para el psicoanálisis un factor importante
estaría generado en los conflictos edípicos, a los que Freud
llamó el complejo de Edipo.
En la inmortal obra de Sófocles,
Edipo, sin saberlo en forma consciente al menos, mata
a su padre Layo en un camino y, luego de vencer a la
esfinge de Tebas, es coronado rey casándose con la que
era su madre, Yocasta. Cuando se devela la tragedia,
el desdichado Edipo, "figura que cae bajo el peso
de una maldición que, finalmente, hace de él la marioneta
de un destino que ignora"- al decir de Colette
Soler - se arranca los ojos y su madre se suicida. |
Analizando a sus
pacientes y estudiando la sexualidad infantil, Freud descubre
que cerca de los 5 años el niño ve aumentar su deseo amoroso
hacia el progenitor del sexo opuesto y, a la vez, rechaza
y quiere desplazar al del mismo sexo. Así, en el caso del
niño se siente atraído por su madre y desea la desaparición
o alejamiento de su padre, hecho que acarrea una situación
ambivalente, dado que, por otro lado, ama a su progenitor.
A su vez, el niño temería ser castigado, que en su mayor expresión
estaría simbolizado por un daño corporal infligido en los
genitales. El psicoanálisis habla de la angustia de castración,
en la cual el niño teme que esto le vaya a ocurrir y de esa
manera se va separando de la madre a quien desea. Este paso
le permite resolver la etapa edípica y posteriormente desplazar
su amor hacia otras mujeres que no sean su madre. En la niña
se daría el proceso inverso y en ella es algo más complejo
pues debe hacer un doble pasaje.
Así un adulto
que no resolvió favorablemente su etapa edípica y en quien
los conflictos siguen vigentes, ante cualquier contingencia
que le rememore algún sentimiento incestuoso sentirá una
carga de angustia cuya causa el paciente no puede explicar
y que le haría padecer alguna disfunción sexual.
En muchas fantasías y sueños
aparecen situaciones temidas de castración por parte
de otro varón o por la misma mujer. Un paciente tenía
la fantasía de que si introducía su pene en una vagina
unas cuchillas se lo cortarían. Otros sueñan que pierden
una pierna, o que un hombre les saca una muela sin anestesia
o que la vagina tiene dientes (Melanie Klein hablaba
de “la vagina dentada”). Una tradición vulgar
refiere que mientras la mujer realiza una succión oral
del pene podría cerrar bruscamente su boca, produciendo
así la sección del pene. Recordemos el impacto que tienen
los casos donde la crónica policial (p.ej.: Lorena Bobbit
o "El imperio de los sentidos", film del japonés
Oshima) narra actos de emasculación. |
Hay quienes sostienen que las disfunciones sexuales sólo podrían
ser resueltas por largos tratamientos psicoterapéuticos que
hicieran conscientes los conflictos que anidan en el inconsciente.
Esto es desvirtuado por la clínica y los modernos tratamientos
sexológicos, ya que por un lado hay pacientes con muchos años
de tratamiento analítico que no resuelven su impotencia.
Por otro, con las llamadas Terapias
Sexuales que logran éxitos en tiempos breves, o con
el uso de los inhibidores de la V-fosfodiesterasa, lo que
no excluye que luego de recuperar su capacidad erectiva (y
consecuentemente su autoestima) los pacientes quieran realizar
tratamientos psicológicos que les permitan resolver otros
conflictos.
Freud veía que
una de las causas de impotencia sería que hay varones que
no pueden unir un sentimiento tierno y amoroso hacia una mujer
con el deseo sexual y la pasión, disociando así, por un lado
a las mujeres a quienes respetan y a las cuales eligen
como parejas, pero con quienes no pueden dar rienda suelta
al placer y al sexo, y, por otro lado, a las mujeres a quienes
consideran prostitutas o a quienes denigran, con las que mantienen
una sexualidad placentera y pasional. Esto, para Freud, estaría
relacionado con la fijación sexual infantil a la figura materna:
cuando posteriormente alguna mujer a quien aman les recuerda
inconscientemente a su madre o hermanas, presentarán episodios
de evitación, disminución del deseo o impotencia. Como decía
Freud en su trabajo "Sobre una generalizada degradación
de la vida erótica": "Cuando aman no desean y cuando
desean no pueden amar".
Estas pautas son
modificables ya que, al salir a la luz en las sesiones de
tratamiento, son elaboradas con el terapeuta para que el
paciente pueda juntar ambas vertientes (la amorosa y la sexual)
y no disociarlas en personas distintas.
Experiencias
infantiles negativas
Ya desde Freud
se estudió que tempranas experiencias negativas en el área
sexual jugaban un papel significativo en la génesis de síntomas
psicológicos y sexuales de la edad adulta. Son los casos de
aquellos varones cuyos primeros contactos sexuales tuvieron
una connotación humillante, frustrante o vejatoria: iniciación
en grupos con prostitutas, contagio de enfermedades venéreas,
una seducción incestuosa, haber sido precozmente víctimas
de un abuso sexual (los norteamericanos llaman a los abusadores,
con justa razón: soul killers = asesinos del alma)
o quienes se vieron sexualmente traumatizados en su temprana
infancia por situaciones que no estaban preparados para manejar
y en algunos casos desarrollan un Trastorno de estrés postraumático.
Denominamos
"la escena primaria" a la situación de ver el acto
sexual de los padres y que muchos recuerdan como un hecho
traumático. Era un observable (aún hoy lo es) que muchos durmieron
hasta entrada la pubertad en la pieza de sus progenitores.
Claro que esta situación ha variado mucho, pues algunos niños
ya saben que los padres tienen encuentros corporales: ellos
se besan y miman en su presencia, o han visto sus cuerpos
desnudos. Diferente era en los tiempos donde el chico nunca
veía nada y si, abruptamente un día, lo veía todo, lo recibía
como algo agresivo, chocante e intimidante.
Jorge, 54: "yo dormía,
hasta los 11 años, en una cama al lado de mis padres
y de noche escuchaba ruidos y gritos contenidos. Eso
me daba miedo, pensaba que mi padre le pegaba a mi madre
y le rezaba a Dios para que aquello terminara. Luego
supe qué era eso que hacían, pero siempre relaciono
el acto sexual con algo violento, desagradable." |
No deberíamos pensar que las experiencias traumáticas reales sean
causa lineal de las disfunciones sexuales adultas. Evitemos
pensar que a tal situación corresponde tal síntoma ya que
en su génesis concurren múltiples factores: siguiendo el concepto
de las series complementarias freudianas, vemos que
en general hay una relación compleja entre la dotación genética
de un individuo, las experiencias infantiles, y los hechos
desencadenantes de la vida con la producción de un síntoma.
La teoría del aprendizaje remarca los efectos de las experiencias
negativas en el área sexual: un muchacho que fracasó en
su erección o eyaculó precozmente en el día de su debut (en
una situación vivida como agresiva, violenta o humillante)
o padeció ansiedad por el rendimiento ante el acto, podrá
repetir esos episodios al asociar encuentros sexuales posteriores
con aquellas escenas traumáticas.
Enfermedades
psiquiátricas
Es un hecho que
muchas disfunciones sexuales pueden estar asociadas a alteraciones
psicopatológicas francas en lo que se da en llamar comorbilidad,
o sea la asociación de distintas patologías (p. ej: una depresión
se puede asociar con fobias, una fobia se puede asociar con
una impotencia, una eyaculación precoz con un cuadro de ansiedad
generalizada). Veamos cuáles son los cuadros psiquiátricos
que más pueden asociarse con disfunciones sexuales femeninas
y masculinas:
Obviamente que,
en estos casos, hay que tratar además la enfermedad psiquiátrica
con la medicación adecuada y relacionar la aparición del síntoma
sexual con estos cuadros: si empezó antes o durante, si después
de instaurar algún psicofármaco, si coincide con alguna situación
de crisis. Debemos destacar que muchos de los fármacos utilizados
para estos cuadros (algunos antidepresivos y antipsicóticos,
Litio) pueden dar retardos orgásmicos y eyaculatorios, disminución
del deseo, impotencia.
BASES BIOLÓGICAS
DE LA ANSIEDAD
La estimulación
del sistema nervioso autónomo causa diversos síntomas:
- Cardiovasculares:
taquicardia, hipertensión
- Gastrointestinales: cólicos, diarrea
- Respiratorios: taquipnea (respiración acelerada)
- Generales: cefaleas, sudoración, contracturas musculares,
inquietud, insomnio, ansiedad
- Sexuales: disfunción eréctil, eyaculación rápida
Estos síntomas son producidos por una excesiva
actividad adrenérgica.
Un hecho a destacar es que los cuadros de
estrés crónicos suelen dar aumentos de la prolactina y cortisol.
Es un hecho observable en la clínica sexológica que la suba
de la prolactina es una de las causas de la inhibición o disminución
del deseo.
La asociación de terapias breves, que centran
su foco en las dificultades sexuales, en acción conjunta con
medicaciones y suplementos específicos permiten la
resolución de las disfunciones sexuales, mejorando la calidad
de vida, levantando la autoestima y dando mayor placer a la
vida.
* Dr. Adrián Sapetti- Psiquiatra. Sexólogo
clínico. Director del Centro Médico Sexológico. Internacional
Member of the American Psychiatric Association (APA). Presidente
de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH).
Santos Dumont 3454, 3ro "20" (1427) Capital Federal
- Argentina
Tel.: 4552-0389/ Telefax 4555-6865
Nota: este artículo continuará en otra entrega.
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y disfunciones sexuales - Parte II
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