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MIEDO A FRACASAR
Errar
(fallar) es humano. Aunque para muchos el dicho popular
no tiene cabida en el aspecto sexual, basta con que tengan
una sola pérdida de la erección para que sientan que han fracasado
como varones. Son parte de la cultura machista que hace que
se dramatice al máximo un contratiempo masculino y que el
temor al fracaso pese como una espada de Damocles.
El miedo a que el fracaso ocurra
también podría verse como la anticipación del mismo. El varón
teme no obtener una buena erección y es esa misma ansiedad
(quizá basada en que alguna vez le ocurrió) la que dificulta
aún más el éxito del intento, su estado de nerviosismo puede
desembocar en una impotencia o en una eyaculación rápida.
La anticipación de un posible
fracaso sexual es quizá uno de los motivos más frecuentes
de impotencia. Es el caso del varón, que luego de un episodio
ocasional de trastorno eréctil, hecho que es entendible y
normal, magnifica este fracaso temiendo que sea definitivo
y permanente. La erección se puede perder durante el acto,
debido a que los múltiples factores que intervienen pueden
ser afectados en algún momento del encuentro sexual. Al atormentarse
preguntándose si eso le volverá a ocurrir sólo consigue una
anticipación de su ansiedad frente al acto. Así comienza
un círculo vicioso caracterizado por temor a fracasar —posterior
disfunción, que genera mayor ansiedad y miedo al fracaso,
y así sucesivamente—. En la experiencia clínica se ve
que aquellos hombres inseguros, exigentes, perfeccionistas
y altamente competitivos son los que toleran menos un fracaso
sexual transitorio, transformándolo en algo más grave y reiterado.
Ignacio, 46: cada vez que voy
a un encuentro pienso: ¿esta vez lo lograré, o volveré
a fracasar? No puedo admitir que me ocurra esto a mí,
no puedo aceptarlo, ¡justo a mí! |
Un encuentro donde no logre la
erección o tenga un descontrol eyaculatorio puede ser totalmente
circunstancial pero en algunos individuos se genera el pánico
a que sea definitivo y permanente y eso perpetúa el síntoma.
Dando lugar a lo que llamaríamos una profecía que se cumple
por sí misma: tengo miedo de que me pase... seguro
que me va a pasar y, finalmente, yo sabía que me iba
a pasar.
Como consecuencia del temor a
fracasar es común que los varones comiencen a esquivar el
encuentro amoroso valiéndose de excusas diversas. A otros
los asaltan dudas acerca de su hombría y se plantean si no
les habrá emergido un homoerotismo latente. También están
los que comienzan a recelar algún problema grave de salud.
La cuestión es que de un fallo ocasional, magnificándolo,
todo se convierte en un drama.
Alberto, 27 años: desde hace
un año tengo un problema que me acosa y es que cada
vez que se me cruza una chica trato de evitar que pase
algo. Le aclaro que me gustan mucho las mujeres. Esto
me ocurre desde que salí con la hermana de un amigo
y un día que sus padres no estaban en la casa habíamos
empezado a apretar. Me excitó mucho pero en el momento
de hacer el amor me puse nervioso y no logré la erección
suficiente para penetrar. A pesar de que ella trató
de tranquilizarme. Eso me dejó muy mal. Tengo miedo
de que me vuelva a pasar y no podría tolerar un nuevo
fracaso, por eso quiero evitar todo contacto físico,
aunque no puedo pasarme la vida huyendo de las mujeres.
Ayúdeme con alguna pastilla o inyecciones. Tengo miedo
de estar padeciendo una enfermedad orgánica o mental
y de que pueda caer en la homosexualidad. |
Este joven no percibía que el
episodio donde no logró la erección se debía más a lo situacional
(la casa de sus padres, la hermana de un amigo), más que
a un “serio trastorno” orgánico o psíquico.
En él se mezclaban el temor y la anticipación al fracaso
adelantándose a la frustración que presumía le iba a ocurrir
y por otro lado una tendencia obsesiva a centrar toda la atención
en la erección, por ende sólo lograba inhibirla. Esta anticipación
del fracaso fue generando un círculo vicioso de temor a no
lograr la erección o la penetración con la evitación consiguiente.
Esto interiormente fue aumentando el miedo a la impotencia
y así al infinito. No había obviamente ninguna relación entre
el episodio vivido con la chica y una inclinación homosexual.
Existen individuos que le temen
al fracaso sin haberlo experimentado previamente y esto
es posible en los casos de personas fóbicas u obsesivas,
y que no poseen buena información o están abrumados
por las idealizaciones: una expectativa desmesurada
o un arquetipo sexual de gran exigencia, pueden llevar
al fracaso, porque es tan alta la meta que se trazan
que nunca la pueden alcanzar. Es como si alguien que
quiere escribir piensa que no podrá hacerlo como García
Márquez o Neruda o, si sueña con pintar, no llegará
a ser como Picasso o Leonardo. Un ideal del yo de esa
naturaleza sólo logrará impotentizarlo. |
En el caso de los varones vírgenes
vemos que ellos no saben cómo hacerlo: los complica si su
compañera tampoco lo sabe o, en el caso opuesto, si sabe demasiado
en comparación a ellos. En ocasiones la primera experiencia
puede ser muy cruel y calar muy hondo en ese varón infortunado.
Si en el debut tiene una erección deficitaria o una eyaculación
precoz, incluso sin penetrar, es totalmente comprensible por
la gran presión que significa el momento.
Al pasar el umbral de los 40
muchos hombres lo sienten como un condicionante psicológico
negativo que, sumado a los cambios físicos, suele ser disparador
de conflictos. Por atravesar esta década se sienten verdaderos
fracasados y comienzan una etapa de balance donde el resultado
lo perciben netamente desfavorable, aunque hayan tenido éxito
en sus vidas: les pesan las cosas que no consiguieron, las
oportunidades que creen haber perdido, la fortuna que no lograron
ni lograrán. Comienzan a conectarse con la idea de su propia
muerte -la castración por excelencia- siendo conscientes,
por primera vez, de su finitud, lo que se agrava si
han muerto sus progenitores; un paciente, luego de morir su
padre, me decía: “hasta la muerte de mi papá jamás había
pensado que yo también me iba a morir, sí... sabía que yo
era mortal, pero desde lo teórico; ahora lo siento encarnadamente,
tengo la certeza de que eso me va a ocurrir, y me da miedo”.
Todo esto lleva al varón a una crisis -de la mediana edad
de la vida- donde la libido puede verse afectada sintiéndose
amenazado por el temor de fracasar sexualmente.
Después de los 50 el porcentaje
de fracasos, considerados estos como la imposibilidad o dificultad
de lograr un coito satisfactorio, es sensiblemente mayor.
Lo que ocurre es que en esa etapa la erección tarda más en
conseguirse, son muchas las veces donde no se consigue o necesita
más estímulo directo para alcanzarla. Una vez que eyaculó
requiere de períodos de tiempo más prolongados para volver
a erectar. El individuo que acepta estas limitaciones buscará
disfrutar más de los juegos preliminares, así como de otras
variantes sexuales. Mientras que habrá otros que comenzarán
a hacerse planteos existenciales: "¿qué me pasará
que ya no funciono como antes?”, "¿será que esto
es definitivo: el comienzo de mi declinación", son
preguntas habituales. Pero una adecuada orientación permitirá
aceptar el paso del tiempo y comprender que crisis existenciales
y emocionales, exigencias elevadas del desempeño masculino,
depresiones y pérdidas, tanto como la diabetes, la secuela
de muchos años de tabaquismo, los problemas arteriales, la
hipertensión, ciertos medicamentos, desequilibrios hormonales,
por citar sólo algunos ejemplos, explican la aparición de
determinadas dificultades eréctiles.
El miedo al fracaso puede manifestarse
no solamente como temor a la mujer desde el punto de vista
corporal, sino como una manera de eludir compromisos afectivos.
Algún tipo de disfunción a la hora del coito es una manera
de cortar una relación y de esa manera evitar responsabilidades.
Hay varones que también temen a las mujeres con mucha iniciativa,
que son maduras y abiertas a una propuesta interesante o inteligente
por parte del compañero; éste piensa que no podrá satisfacerla
y eso lo acobarda. Si alguien vive obsesionado por la ansiedad
por el rendimiento y el temor a fracasar, a no rendir frente
a una mujer, se convierte en un ser evasivo, que no incita
a su pareja a hacer el amor y, cuando ella lo hace, siempre
está cansado o lo posterga para más adelante.
El miedo no siempre es confesado
por quienes lo sienten, aunque a veces poder explicitarlo
permite exorcizar los fantasmas. Todo varón puede tener, aunque
sea excepcionalmente, problemas en la erección, en la eyaculación
o en el deseo. Nosotros hablamos de una verdadera disfunción
eréctil cuando las fallas superan un 25 % del total de
los intentos. De todas maneras entendemos que los cuadros
de impotencia constituyen una de las situaciones más dolorosas
que afectan a los hombres. Para la gran mayoría la erección
es sinónimo de capacidad para practicar o disfrutar el acto
sexual tanto como una manifestación de hombría. Por eso la
pérdida transitoria o repetida de la rigidez es considerada
como señal de declinación y un estigma para la virilidad.
ALGUNAS SUGERENCIAS
Por ello, cuando alguien se obstina
en el momento donde siente que está tenso y supone que va
a fracasar, es mejor:
- No insistir: cuando
hay una vivencia de miedo, tensión o ansiedad (con sensación
de nerviosismo, manos sudorosas, frialdad) el organismo
segrega adrenalina. Justamente esta sustancia es
la que produce la pérdida de la erección por la contracción
vascular que genera; entonces mientras persista ese estado
convendría no impacientarse. Si están prestando atención
a la aparición de la erección es probable que se pierda
la excitación también.
- Recordar aquel axioma, que repiten algunos pacientes,
cuando dicen: “más la busco, menos la logro y cuando
menos la espero, aparece”. Lo que nos recuerda aquella
frase de Picasso (otros también se la atribuyen a Jacques
Lacan) cuando decía: “yo no busco, encuentro”.
- Es preferible realizar alguna técnica de relajación, darse
un baño, hacerse masajes, leer un poema o ver una película
erótica.
- En esos momentos siempre es mejor interrumpir: no
hay que aliarse con el síntoma.
- Puede ser un eficaz recurso distraerse con una fantasía
o recorrer con la mirada el cuerpo de la compañera antes
que observar obsesivamente “al maldito que me juega la
mala pasada".
Julián, 32: esa vez me animé,
la chica me gustaba y valía la pena ponerme a prueba.
¡Fue un fracaso rotundo! No podía tolerar la situación
y menos que se volviera a repetir. No la llamé más.
Ella no debe entender nada porque tuvo una postura comprensiva
y, además, en el resto de la salida la habíamos pasado
muy bien. Inclusive me llamó, pero me hago negar. Dr.,
no podría tolerar un nuevo fracaso y ¡tengo la certeza
de que me va a volver a pasar! |
El miedo al fracaso engendra el fracaso, enfrentar los miedos
de una manera racional y sensata nos indica el camino de la
resolución contra el oscurantismo, los mitos machistas y las
exigencias desmesuradas de los varones. De hecho, hoy conseguimos
solución o cura de los problemas sexuales que, décadas atrás,
eran insolubles y eso nos abre una senda de optimismo para
la sexualidad del porvenir.
* Dr. Adrián
Sapetti- Psiquiatra. Sexólogo clínico. Director del Centro
Médico Sexológico. International Member of the American Psychiatric
Association (APA). Presidente de la Sociedad Argentina de
Sexualidad Humana (SASH).
Santos Dumont
3454, 3ro “20” (1427) Capital Federal - Argentina
Tel.: 4552-0389/
Telefax 4555-6865 - E-mail: asapetti@websail.com.ar
Nota:
este artículo continuará en otra entrega.
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