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Hay pacientes disfuncionales
que se niegan rotundamente a tomar cualquier medicación y
menos cuando se enteran de que es un psicofármaco. Creo que
es un tema que se nos presenta en la consulta psiquiátrica
cotidiana: la indicación del fármaco es la correcta, ajustada
al diagnóstico y al cuadro clínico, pero el paciente -aunque
le dice al profesional que lo va a tomar- cuando sale del
consultorio hace todo lo contrario. Particularmente en casos
donde "al fantasma de lo nuevo" que despierta
ansiedades fóbicas se suman elementos de sugestibilidad hipocondríaca:
es el caso de quienes leen los prospectos de un medicamento
y comienzan a sentir todos los efectos secundarios o no lo
toman por temor a padecerlos. No siempre existe un camino
lineal sin obstáculos entre la prescripción y la aceptación
de la misma por el paciente. Creo que, a veces, el trabajo
terapéutico inicial consiste en lograr que el consultante
"no se pelee" con la medicación y la acepte
como una aliada que colaborará en su mejoría. Pero repito
que muchos cuadros se resuelven sin el uso de medicación.
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