La astenia sexual

Fatiga Sexual: ¿un síndrome de mala adaptación social?

¿Qué es la disfunción sexual?

¿Una enfermedad o un problema de relación?

Narciso, Lépicié, 1771Al final de la década de los 50, la publicación del trabajo de los autores norteamericanos William H. Masters y Virginia E. Johnson modificó profundamente las bases teóricas de la sexología clínica. No es tanto el éxito de los medios de un primer quiebre de los tabúes tradicionales en el rápidamente cambiante contexto geopolítico de la post-guerra que puede apreciarse hoy, sino más bien la innovación de estos autores al sugerir una nueva definición de las disfunciones sexuales.

La interrogación de "los sabios y expertos" sobre la sexualidad de los hombres, es tal vez una historia tan vieja como la humanidad; pero el punto decisivo durante los últimos 50 años en nuestra evaluación de fracasos declarados de la vida privada está en considerar a la mayoría de ellos como trastornos interpersonales de la comunicación. El concepto de "enfermedad conyugal", de disfunción de la pareja y de relaciones perturbadas, reforzado por el marco de la imaginación y de las emociones individuales, ha transformado profundamente la nomenclatura de la sexología.

Esforzarse por una sexología más humana y menos "anatómica"

La globalización de los conocimientos ha sido beneficiosa para la revisión de preconceptos, ya que la creciente familiaridad con las diferentes culturas es tal que ya no se puede seguir subestimando las interacciones que vinculan a los varones y a las mujeres con su patrimonio familiar, sus creencias, su rango social y su situación económica. El nuevo enfoque de los problemas debidos a las adversidades de la sexualidad es por lo tanto un enfoque global complejo, que une bajo una misma entidad causal subjetiva los parámetros psicológicos, la biografía sexual de la pareja, las posibles evaluaciones clínicas individuales, la evaluación del contexto socio-profesional del grupo familiar, las condiciones de vida, los recursos educativos de los hijos, la subordinación a creencias religiosas y, naturalmente, la calidad de los lazos de amor que aseguran la autenticidad de un futuro compartido para el cambio y la reconciliación.

La medicina occidental en el pasado ha perpetuado una concepción minimalista de la sexualidad, relegada a su función procreadora y centrada en el estado anatómico de los órganos sexuales o, por el contrario, una concepción inmersa en el insondable océano del subjetivo “inconsciente”. En realidad, el ser humano forma un todo, único e inmerso en su entorno. Lo que nosotros llamamos “sexualidad” es, por lo tanto, un conjunto de perfiles del comportamiento con un propósito sensual, una función biológica y un modo de expresión de los impulsos afectivos, es decir, una trilogía (Figura 1).

Función biológica
(Procreación)

Propósito Sensual
(Orgasmo)

Expresión de impulsos afectivos
(Amor)

Figura 1. La trilogía de la sexualidad

 

EN POCAS PALABRAS

  • En todos los idiomas del mundo, el concepto de la sexualidad abarca muchas manifestaciones y entidades culturales diferentes. Esto refleja la extrema complejidad de este acto, que claramente domina el destino de la humanidad

  • Este esfuerzo terapéutico de los profesionales de la salud ya no se debe limitar meramente a los aspectos clínicos de las insuficiencias de la sexualidad.

  • Dos principios pueden remodelar los protocolos terapéuticos:

    _ un “principio de duda”, que considera que el estado actual de nuestros conocimientos sobre la función sexual es demasiado limitado e incompleto para tener una actitud dogmática; y

_ un “principio genealógico” que amplía la exploración diagnóstica y el tratamiento para sondear en la vida privada en términos de función biológica y aspecto familiar, socio-profesional, erótica y espiritual.

La fatiga sexual en el centro del debate teórico

¿Puede la fatiga interferir con el acto sexual o la función erógena?

Fuera de las evidentes fallas médicas y quirúrgicas, las deficiencias erectivas funcionales ilustran perfectamente la confrontación entre los dos conceptos etiopatogénicos. El punto de vista de los andrólogos y urólogos suele limitarse al pene, el cual experimenta la mayoría de las investigaciones farmacológicas y se ofrece los beneficios de las últimas innovaciones a través de las inyecciones intracavernosas, o de los fármacos tomados por boca (sildenafil, apomorfina), como si el pene solo soportara la carga de los fracasos y de los éxitos de la función sexual masculina. En forma opuesta, un enfoque global extiende esta evaluación clínica de rutina a una evaluación subjetiva de la función erótica. El pene no está solo en el gobierno de su destino. La erección está sujeta al influjo de las emociones, al impacto de las inhibiciones y a las restricciones de vida. Las vicisitudes de la sexualidad femenina la cual sigue inspirando pocas iniciativas curativas debido a la falta de conocimientos científicos convenientes, surgen de la misma generalización de sus mecanismos patogénicos. La excitabilidad de las “zonas erógenas” debe con seguridad ser la clave de la sexualidad. La inteligencia del ser humano garantiza sin lugar a dudas el embellecimiento estético, simbólico y ético, pero también aumenta su vulnerabilidad frente al deterioro de los sentimientos, a la violencia, al debilitamiento del deseo, al hastío, frente al envejecimiento corporal y la fatiga. Resulta fundamental recordar que el ser humano es el único primate dotado de “doble sexualidad”: una que obedece ciegamente a los rudimentos biológicos de la procreación y la otra, tendiente a liberarse de ellos dando curso al deseo, al erotismo, los ritos, los tabúes y el arte, pero también la violencia y el rechazo.

La fatiga sexual ¿es un síntoma individual o un signo de la pareja?

A fin de ilustrar “nouvelle vague” de la sexología francesa, hay que volver a la queja  más frecuentemente encontrada: la fatiga sexual durante la “andropausia” o la impotencia  funcional después de los 50 años de edad. Como todo el mundo sabe, su investigación y la disponibilidad de tratamientos frecuentemente exitosos ha progresado enormemente en menos de 20 años. La “autosatisfacción” de los urólogos es especialmente polémica, ya que la evaluación de los protocolos se limita al recuento de las erecciones más que a la del restablecimiento  de la calidad de su uso según el parecer de la pareja. Hay hallazgos sobre los efectos iatrogénicos de las inyecciones intracavernosas de sustancias vasoactivas. Su eficacia es espectacular. Esta sexualidad masculina médicamente ayudada levanta repentinamente la pregunta anteriormente no planteada de la aceptabilidad de la recuperación. En el contexto de un desacuerdo matrimonial severo, por ejemplo, cuando la pareja no ha jugado ningún papel en la decisión terapéutica, la exposición inoportuna, inesperada y súbita de un pene vertical debido al efecto de una inyección en los cuerpos cavernosos un cuarto de hora antes puede ser saludada con una carcajada irónica. La ilusión de un restablecimiento mágico de la sexualidad ya severamente alterada se desintegra rápidamente en un clima de vergüenza y de rechazo mutuos, que dejan cicatrices profundas. Una burla igual de profunda también existe con respecto a las mujeres que expresan un deseo exagerado por el cambio, la cual muestra más confianza sobre su sexualidad para lograrlo, frente a una pareja distante o indiferente. La violenta confrontación frente el éxito terapéutico y el daño que éste ocasiona delinea como consecuencia un síndrome todavía poco reconocido. El resultado es una reconciliación imposible y también una lasitud recíproca de sentirse desesperadamente inútil y mal interpretado. Si uno de los protagonistas de la pareja consulta solo, la aprensión respecto a su fatiga sexual puede   simular una “fase con dificultades”, sin una alteración general de la salud ni signos de depresión. Sin embargo, las apariencias pueden ser engañosas y ocultar secretos, los cuales son muy difíciles de admitir debido a que deben ser enfrentados diariamente.

EN POCAS PALABRAS

  • Contrariamente a las nociones preconcebidas de la sexología clínica, el tratamiento activo que sólo tiende a la recuperación funcional tiene un riesgo nocivo insospechado.

  • Los deseos eróticos, las necesidades afectivas, las peleas perdurables dentro de las parejas y los “secretos de familia” que los sostienen deben todos ser evaluados tan cuidadosamente como lo son los factores de riesgo puramente fisiológicos.

  • Por ejemplo, las prescripciones que restablecen in vivo el lánguido desempeño eréctil de los casados de 50 años de edad, sin el conocimiento de su pareja, tiene un potencial iatrogénico considerable, de allí la importancia de incluir a la compañera en el tratamiento sexológico.

  • Debido a que falsifica la noción de recuperación, el tratamiento farmacológico revive hostilidades y reaviva rivalidades matrimoniales: el rechazo violento de esta “erección sin amor”, expuesto sin el consentimiento mutuo, puede tomar la forma de la ofensa más inesperada y a veces incluso de una risa compasiva o irónica.

La fatiga cuestiona la noción de la calidad de la sexual

Fatiga y “fortaleza” de la existencia

Resulta difícil medir la intensidad de los afectos indeseables del entorno en las causas de la fatiga sexual. Sin embargo, el mero hecho de sospechar su implicación y explorarla cuando se realiza una historia clínica es un avance metodológico en sí. Comprender que una deficiencia sexual es tanto una disfunción subjetiva como un indicador de la “división social” prueba nuestros hábitos de pensar en la práctica cotidiana y también refleja la complejidad de los motivos de las reacciones individuales frente al estrés, la inseguridad, la incapacidad de hacer frente. Como lo sugiere el dicho popular, es importante recordar que “no hay que confundir el árbol con el bosque” cuando se juzga la fatiga sexual. En la práctica, la evaluación diagnóstica sigue dos líneas separadas. En la fatiga psicosomática relacionada con la sexualidad, existen evidentes desequilibrios en el estilo de vida (mal estado general, condiciones de vida precarias, exclusión social) mientras que en los otros casos, con pacientes en buen estado general, al resguardo de las turbulencias económicas y de las desventuras familiares, la tendencia natural del médico será de prestar atención a los aspectos sutiles y anecdóticos de la queja. Esa es una equivocación: la calidad de vida pude ser sólo aparente y el éxito puede ocultar mucho sufrimiento mental. Una búsqueda muy agotadora, que no se puede resumir únicamente por una lista de síntomas.

Prescribir un neurotónico de primera línea contra la fatiga

Ante la ausencia de certezas científicas, no hay otra forma de comprender y de ayudar a los pacientes que se quejan de fatiga sexual que a través de una exploración desde todos los ángulos de su historia: escuchar todo, indagar todo, aunque nunca demostrando querer saber cualquier cosa que pueda lastimar el pudor. Esta descripción podría acompañarse de un paso preventivo: la prescripción de un neurotónico contra la fatiga. Una medicina reparadora precoz, sumada a un diálogo de consolidación con el facultativo proporcionan recursos de “auto defensa” que son física y mentalmente beneficiosos, acortarán la recuperación y, por lo tanto, la reconciliación matrimonial, el ajuste de la relación, la reanudación de las actividades sociales.

Conclusiones

En la práctica, las quejas respecto a una fatiga sexual son difíciles de evaluar y de tratar ya que hacen surgir preguntas tabúes por parte de los profesionales y de los pacientes por igual.

Estos problemas están relacionados con la naturaleza a menudo decepcionante de las consultas y se acompañan de una dificultad habitualmente insospechada: el fracaso sexual nunca es una falla funcional aislada, sino más bien revela o procede una serie de amenazas que atentan contra la familia, el placer y el trabajo.

El inicio del tratamiento contra la fatiga es por lo tanto un requisito importante e inmediato, incluso cuando todos los argumentos diagnósticos no se encuentran aún al alcance.

Tal apresuramiento debe ser la  excepción en la práctica médica, pero responde a la urgente necesidad de restablecer los mecanismos de defensa del organismo y la motivación de los pacientes, de manera tal de romper el “círculo vicioso” de la fatiga que inhibe su felicidad.

Lecturas adicionales:

Masters WH, Johnson VE.: Human Sexual Inadequacy. Boston. Little, Brown and Company; 1970.

Money J.: Reinterpreting the Unspeakable. New York, USA. The Continuum Publishing Company; 1940.

Sapetti A.: El sexo y el varón de hoy. Bs. As. Editorial Emecé; 2001

Sapetti A.: El sexo y el hombre de hoy. México. Editorial Planeta-Emecé; 2002

volver