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Fatiga
Sexual: ¿un síndrome de mala adaptación social?
¿Qué
es la disfunción sexual?
¿Una enfermedad o un problema
de relación?
Al
final de la década de los 50, la publicación del trabajo de los autores norteamericanos
William H. Masters y Virginia E. Johnson modificó profundamente las bases teóricas
de la sexología clínica. No es tanto el éxito de los medios de un primer quiebre
de los tabúes tradicionales en el rápidamente cambiante contexto geopolítico
de la post-guerra que puede apreciarse hoy, sino más bien la innovación de estos
autores al sugerir una nueva definición de las disfunciones sexuales.
La interrogación de “los
sabios y expertos” sobre la sexualidad de los hombres, es tal vez una historia
tan vieja como la humanidad; pero el punto decisivo durante los últimos 50 años
en nuestra evaluación de fracasos declarados de la vida privada está en considerar
a la mayoría de ellos como trastornos interpersonales de la comunicación. El
concepto de “enfermedad conyugal”, de disfunción de la pareja y de relaciones
perturbadas, reforzado por el marco de la imaginación y de las emociones individuales,
ha transformado profundamente la nomenclatura de la sexología.
Esforzarse por una sexología
más humana y menos “anatómica”
La globalización de los conocimientos
ha sido beneficiosa para la revisión de preconceptos, ya que la creciente familiaridad
con las diferentes culturas es tal que ya no se puede seguir subestimando las
interacciones que vinculan a los varones y a las mujeres con su patrimonio familiar,
sus creencias, su rango social y su situación económica. El nuevo enfoque de
los problemas debidos a las adversidades de la sexualidad es por lo tanto un
enfoque global complejo, que une bajo una misma entidad causal subjetiva los
parámetros psicológicos, la biografía sexual de la pareja, las posibles evaluaciones
clínicas individuales, la evaluación del contexto socio-profesional del grupo
familiar, las condiciones de vida, los recursos educativos de los hijos, la
subordinación a creencias religiosas y, naturalmente, la calidad de los lazos
de amor que aseguran la autenticidad de un futuro compartido para el cambio
y la reconciliación.
La medicina occidental en
el pasado ha perpetuado una concepción minimalista de la sexualidad, relegada
a su función procreadora y centrada en el estado anatómico de los órganos sexuales
o, por el contrario, una concepción inmersa en el insondable océano del subjetivo
inconsciente. En realidad, el ser humano forma un todo, único e
inmerso en su entorno. Lo que nosotros llamamos sexualidad es, por
lo tanto, un conjunto de perfiles del comportamiento con un propósito sensual,
una función biológica y un modo de expresión de los impulsos afectivos, es decir,
una trilogía (Figura 1).
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Función
biológica
(Procreación) |
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Propósito
Sensual
(Orgasmo) |
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Expresión de impulsos afectivos
(Amor) |
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Figura 1. La trilogía de la sexualidad |
EN
POCAS PALABRAS
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En
todos los idiomas del mundo, el concepto de la sexualidad abarca
muchas manifestaciones y entidades culturales diferentes. Esto
refleja la extrema complejidad de este acto, que claramente domina
el destino de la humanidad
-
Este
esfuerzo terapéutico de los profesionales de la salud ya no se
debe limitar meramente a los aspectos clínicos de las insuficiencias
de la sexualidad.
-
Dos
principios pueden remodelar los protocolos terapéuticos:
_ un principio de duda, que considera que el estado
actual de nuestros conocimientos sobre la función sexual es demasiado
limitado e incompleto para tener una actitud dogmática; y
_
un principio genealógico que amplía la exploración diagnóstica
y el tratamiento para sondear en la vida privada en términos de
función biológica y aspecto familiar, socio-profesional, erótica
y espiritual.
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La fatiga sexual en el centro del debate teórico
¿Puede la fatiga interferir con
el acto sexual o la función erógena?
Fuera
de las evidentes fallas médicas y quirúrgicas, las deficiencias erectivas funcionales
ilustran perfectamente la confrontación entre los dos conceptos etiopatogénicos.
El punto de vista de los andrólogos y urólogos suele limitarse al pene, el cual
experimenta la mayoría de las investigaciones farmacológicas y se ofrece los
beneficios de las últimas innovaciones a través de las inyecciones intracavernosas,
o de los fármacos tomados por boca (sildenafil, apomorfina), como si el pene
solo soportara la carga de los fracasos y de los éxitos de la función sexual
masculina. En forma opuesta, un enfoque global extiende esta evaluación clínica
de rutina a una evaluación subjetiva de la función erótica. El pene no está
solo en el gobierno de su destino. La erección está sujeta al influjo de las
emociones, al impacto de las inhibiciones y a las restricciones de vida. Las
vicisitudes de la sexualidad femenina la cual sigue inspirando pocas iniciativas
curativas debido a la falta de conocimientos científicos convenientes, surgen
de la misma generalización de sus mecanismos patogénicos. La excitabilidad de
las zonas erógenas debe con seguridad ser la clave de la sexualidad.
La inteligencia del ser humano garantiza sin lugar a dudas el embellecimiento
estético, simbólico y ético, pero también aumenta su vulnerabilidad frente al
deterioro de los sentimientos, a la violencia, al debilitamiento del deseo,
al hastío, frente al envejecimiento corporal y la fatiga. Resulta fundamental
recordar que el ser humano es el único primate dotado de doble sexualidad:
una que obedece ciegamente a los rudimentos biológicos de la procreación y la
otra, tendiente a liberarse de ellos dando curso al deseo, al erotismo, los
ritos, los tabúes y el arte, pero también la violencia y el rechazo.
La
fatiga sexual ¿es un síntoma individual o un signo de la pareja?
A fin
de ilustrar nouvelle vague de la sexología francesa, hay que volver
a la queja más frecuentemente encontrada: la fatiga sexual durante la
andropausia o la impotencia funcional después de los 50 años
de edad. Como todo el mundo sabe, su investigación y la disponibilidad de tratamientos
frecuentemente exitosos ha progresado enormemente en menos de 20 años. La autosatisfacción
de los urólogos es especialmente polémica, ya que la evaluación de los protocolos
se limita al recuento de las erecciones más que a la del restablecimiento
de la calidad de su uso según el parecer de la pareja. Hay hallazgos sobre los
efectos iatrogénicos de las inyecciones intracavernosas de sustancias vasoactivas.
Su eficacia es espectacular. Esta sexualidad masculina médicamente ayudada levanta
repentinamente la pregunta anteriormente no planteada de la aceptabilidad de
la recuperación. En el contexto de un desacuerdo matrimonial severo, por ejemplo,
cuando la pareja no ha jugado ningún papel en la decisión terapéutica, la exposición
inoportuna, inesperada y súbita de un pene vertical debido al efecto de una
inyección en los cuerpos cavernosos un cuarto de hora antes puede ser saludada
con una carcajada irónica. La ilusión de un restablecimiento mágico de la sexualidad
ya severamente alterada se desintegra rápidamente en un clima de vergüenza y
de rechazo mutuos, que dejan cicatrices profundas. Una burla igual de profunda
también existe con respecto a las mujeres que expresan un deseo exagerado por
el cambio, la cual muestra más confianza sobre su sexualidad para lograrlo,
frente a una pareja distante o indiferente. La violenta confrontación frente
el éxito terapéutico y el daño que éste ocasiona delinea como consecuencia un
síndrome todavía poco reconocido. El resultado es una reconciliación imposible
y también una lasitud recíproca de sentirse desesperadamente inútil y mal interpretado.
Si uno de los protagonistas de la pareja consulta solo, la aprensión respecto
a su fatiga sexual puede simular una fase con dificultades,
sin una alteración general de la salud ni signos de depresión. Sin embargo,
las apariencias pueden ser engañosas y ocultar secretos, los cuales son muy
difíciles de admitir debido a que deben ser enfrentados diariamente.
EN POCAS
PALABRAS
-
Contrariamente
a las nociones preconcebidas de la sexología clínica, el tratamiento
activo que sólo tiende a la recuperación funcional tiene un riesgo
nocivo insospechado.
-
Los deseos
eróticos, las necesidades afectivas, las peleas perdurables dentro
de las parejas y los secretos de familia que los sostienen
deben todos ser evaluados tan cuidadosamente como lo son los factores
de riesgo puramente fisiológicos.
-
Por ejemplo,
las prescripciones que restablecen in vivo el lánguido desempeño
eréctil de los casados de 50 años de edad, sin el conocimiento
de su pareja, tiene un potencial iatrogénico considerable, de
allí la importancia de incluir a la compañera en el tratamiento
sexológico.
-
Debido a que
falsifica la noción de recuperación, el tratamiento farmacológico
revive hostilidades y reaviva rivalidades matrimoniales: el rechazo
violento de esta erección sin amor, expuesto sin el
consentimiento mutuo, puede tomar la forma de la ofensa más inesperada
y a veces incluso de una risa compasiva o irónica.
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La fatiga cuestiona la noción de
la calidad de la sexual
Fatiga y fortaleza
de la existencia
Resulta difícil medir la
intensidad de los afectos indeseables del entorno en las causas de la fatiga
sexual. Sin embargo, el mero hecho de sospechar su implicación y explorarla
cuando se realiza una historia clínica es un avance metodológico en sí. Comprender
que una deficiencia sexual es tanto una disfunción subjetiva como un indicador
de la división social prueba nuestros hábitos de pensar en la práctica
cotidiana y también refleja la complejidad de los motivos de las reacciones
individuales frente al estrés, la inseguridad, la incapacidad de hacer frente.
Como lo sugiere el dicho popular, es importante recordar que no hay que
confundir el árbol con el bosque cuando se juzga la fatiga sexual. En
la práctica, la evaluación diagnóstica sigue dos líneas separadas. En la fatiga
psicosomática relacionada con la sexualidad, existen evidentes desequilibrios
en el estilo de vida (mal estado general, condiciones de vida precarias, exclusión
social) mientras que en los otros casos, con pacientes en buen estado general,
al resguardo de las turbulencias económicas y de las desventuras familiares,
la tendencia natural del médico será de prestar atención a los aspectos sutiles
y anecdóticos de la queja. Esa es una equivocación: la calidad de vida pude
ser sólo aparente y el éxito puede ocultar mucho sufrimiento mental. Una búsqueda
muy agotadora, que no se puede resumir únicamente por una lista de síntomas.
Prescribir un neurotónico
de primera línea contra la fatiga
Ante la ausencia de certezas
científicas, no hay otra forma de comprender y de ayudar a los pacientes que
se quejan de fatiga sexual que a través de una exploración desde todos los ángulos
de su historia: escuchar todo, indagar todo, aunque nunca demostrando querer
saber cualquier cosa que pueda lastimar el pudor. Esta descripción podría acompañarse
de un paso preventivo: la prescripción de un neurotónico
contra la fatiga. Una medicina reparadora precoz, sumada a un diálogo
de consolidación con el facultativo proporcionan recursos de auto defensa
que son física y mentalmente beneficiosos, acortarán la recuperación y, por
lo tanto, la reconciliación matrimonial, el ajuste de la relación, la reanudación
de las actividades sociales.
Conclusiones
En la práctica, las quejas
respecto a una fatiga sexual son difíciles de evaluar y de tratar ya
que hacen surgir preguntas tabúes por parte de los profesionales y de los pacientes
por igual.
Estos problemas están relacionados
con la naturaleza a menudo decepcionante de las consultas y se acompañan de
una dificultad habitualmente insospechada: el fracaso sexual nunca es una falla
funcional aislada, sino más bien revela o procede una serie de amenazas que
atentan contra la familia, el placer y el trabajo.
El inicio del tratamiento
contra la fatiga es por lo tanto un requisito importante e inmediato,
incluso cuando todos los argumentos diagnósticos no se encuentran aún al alcance.
Tal apresuramiento debe ser
la excepción en la práctica médica, pero responde a la urgente necesidad
de restablecer los mecanismos de defensa del organismo y la motivación de los
pacientes, de manera tal de romper el círculo vicioso de la fatiga
que inhibe su felicidad.
Lecturas adicionales:
Masters WH, Johnson VE.:
Human Sexual Inadequacy. Boston. Little, Brown and Company; 1970.
Money J.: Reinterpreting
the Unspeakable. New York, USA. The Continuum Publishing Company; 1940.
Sapetti A.: El sexo y el
varón de hoy. Bs. As. Editorial Emecé; 2001
Sapetti A.: El sexo y el
hombre de hoy. México. Editorial Planeta-Emecé; 2002
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