|
“El destino del ser
humano es equivocarse en la medida que se tengan sueños y
aspiraciones”.
J. W. Goethe
Huaco de la cultura Moche (precolombina), Perú
Actualmente los profesionales que trabajan seriamente
en el campo de la Sexología están de acuerdo en que
factores psiquiátricos, psicológicos y situacionales
dan origen a disfunciones sexuales.
Claro que en el campo psicológico y psiquiátrico hay
múltiples teorías que, si no nos encerramos en dogmatismos,
se entrelazan y complementan. Por ejemplo, desde el psicoanálisis,
que tiene el mérito de haber producido una revolución
en el estudio de la sexualidad, se afirma que los factores inconscientes
derivados de experiencias traumáticas infantiles incidirán
en la pro¬ducción de los síntomas sexuales.
Freud, en sus series complementarias, hablaba que siempre se conjugan
factores genéticos, con experiencias infantiles (vínculos
primarios, identificaciones con las figuras parentales) y luego
con los hechos desencadenantes de la vida, y en su confluencia es
que se producen las distintas patologías o síntomas.
No obstante, algunos psicoanalistas piensan que la disfunción
eréctil, la anorgasmia, el vaginismo, el deseo sexual disminuido
o la eyaculación precoz siempre están causadas por
factores profundos que remiten a situaciones del pasado vividas
de manera conflictiva, rechazando la posibilidad de tratamientos
sexológicos específicos, como también rechazan,
en otros cuadros, incluidos la depresión, las fobias o los
ataques de pánico, la medicación y otros tipos de
terapias más resolutivas.
Pero como los pacientes han salido del oscurantismo médico
y sexológico gracias a la divulgación científica,
a los medios de comunicación masiva e Internet, ya no aceptan
a los profesionales fundamentalistas (por suerte cada vez son menos
los profesionales que se abroquelan en ghettos intelectuales) y
se autoderivan.
Se ha observado y estudiado que pueden producir
disfunciones sexuales en mujeres y varones factores inmediatos,
tales como la ansiedad por el rendimiento, temor al desempeño,
inadecuación a los distintos momentos vitales, exigencias
desmesuradas ante la ejecución del acto, falta de estimulación
adecuada, temor al descontrol sexual, desconocimiento sobre la respuesta
sexual —fortalecida por una educación religiosa y familiar
represiva-, conflictos con la imagen corporal o con la pareja.
Cuando estas causas inmediatas son removidas por intervenciones
terapéuticas específicas, algunas veces conjuntamente
con medicaciones o suplementos, se resuelven las disfunciones. Quizás
sea cierto en estos casos aquello que decía E. Berne: "cúrese
primero y analícese después".
No podemos pensar en causas únicas sino
en una interrelación de distintos factores (incluso orgánicos)
concurrentes. Para el psicoanálisis un factor importante
estaría generado en los conflictos edípicos, a los
que Freud llamó el complejo de Edipo.
En la inmortal obra de Sófocles, Edipo, sin saberlo en forma
consciente al menos, mata a su padre Layo en un camino y, luego
de vencer a la esfinge de Tebas, es coronado rey casándose
con la que era su madre, Yocasta.
 |
| Edipo, ante la esfinge, devela el enigma. |
“YOCASTA (A SU HIJO, EDIPO).-
¡Oh!, desventurado. ¡Que nunca llegues a saber quién
eres! ¡Ah, desdichado, pues sólo eso te puedo llamar
y ninguna otra cosa ya nunca en adelante!
EDIPO: -Ahora soy un maldito de los dioses,
hijo de madre impura y esposo de mi madre.
…
EDIPO: -¿Cómo no he de angustiarme
por haber desposado a mi madre?
YOCASTA: -...Tú no sientas temor ante
el matrimonio con tu madre, pues muchos son los mortales que antes
se unieron a su madre en sueños. Aquel para quien esto nada
supone, más fácilmente lleva su vida”.
Cuando se devela la tragedia, el desdichado Edipo,
"figura que cae bajo el peso de una maldición que, finalmente,
hace de él la marioneta de un destino que ignora"- al
decir de Colette Soler - se arranca los ojos, una forma de castración,
y su madre se suicida.
Analizando a sus pacientes y estudiando la sexualidad infantil,
Freud descubre que cerca de los 5 años el niño ve
aumentar su deseo amoroso hacia el progenitor del sexo opuesto y,
a la vez, rechaza y quiere desplazar al del mismo sexo. Así,
en el caso del niño se siente atraído por su madre
y desea la desaparición o alejamiento de su padre, hecho
que acarrea una situación ambivalente, dado que, por otro
lado, ama a su progenitor.
A su vez, el niño temería ser castigado, que en su
mayor expresión estaría simbolizado por un daño
corporal infligido en los genitales. El psicoanálisis habla
de la angustia de castración, en la cual el niño teme
que esto le vaya a ocurrir y de esa manera se va separando de la
madre a quien desea. Este paso le permite resolver la etapa edípica
y posteriormente desplazar su amor hacia otras mujeres que no sean
su madre. En la niña se daría el proceso inverso y
en ella es algo más complejo pues debe hacer un doble pasaje:
de la madre al padre y de éste a otros varones.
Así una persona adulta que no resolvió favorablemente
su etapa edípica y en quien los conflictos siguen vigentes,
ante cualquier contingencia que le rememore algún sentimiento
incestuoso sentirá una carga de angustia cuya causa el paciente
no puede explicar y que le haría padecer alguna disfunción
sexual.
En muchas fantasías y sueños aparecen situaciones
temidas de castración por parte de otro varón o por
la misma mujer. Un paciente tenía la fantasía de que
si introducía su pene en una vagina unas cuchillas se lo
cortarían. Otros sueñan que pierden una pierna, o
que un hombre les saca una muela sin anestesia o que la vagina tiene
dientes (Melanie Klein hablaba de “la vagina dentada”).
Una tradición vulgar refiere que mientras la mujer realiza
una succión oral del pene podría cerrar bruscamente
su boca, produciendo así la sección del miembro viril.
Recordemos el impacto que tuvieron los casos donde la crónica
policial (p.ej.: Lorena Bobbit o "El imperio de los sentidos",
film del japonés Oshima) narra actos de emasculación.
Hay quienes sostienen que las disfunciones sexuales
sólo podrían ser resueltas por largos tratamientos
psicoterapéuticos que hicieran conscientes los conflictos
que anidan en el inconsciente. Esto es desvirtuado por la clínica
y los mo¬dernos tratamientos sexológicos, ya que por
un lado hay pacientes con muchos años de tratamiento analítico
que no resuelven sus dificultades sexuales.
Por otro, con las llamadas Terapias Sexuales
logran éxitos en tiempos breves, muchas veces junto al uso
de medicaciones y suplementos
. Lo que no excluye que, luego de recuperar sus capacidades sexuales
(y consecuentemente su autoestima) los pacientes quieran realizar
tratamientos psicológicos que les permitan resolver otros
conflictos.
Una de las causas de impotencia sería que hay varones que
no pueden unir un sentimiento tierno y amoroso hacia una mujer con
el deseo sexual y la pasión, disociando así, por un
lado a las mujeres a quienes respetan y a las cuales eligen como
parejas, pero con quienes no pueden dar rienda suelta al placer
y al sexo y, por otro lado, a las mujeres a quienes consideran prostitutas
o son relaciones ocasionales con las que mantienen una sexualidad
placentera y pasional.
Esto, para Freud, estaría relacionado con la fijación
sexual infantil a la figura materna: cuando posteriormente alguna
mujer a quien aman les recuerda inconscientemente a su madre o hermanas,
presentarán episodios de evitación, disminución
del deseo o impotencia. Como decía en su trabajo "Sobre
una generalizada degradación de la vida erótica":
“Cuando aman no desean y cuando desean no pueden amar”.
Narciso, Lepicié (1771)
Basados en esta “doble moral” por un lado están
la mujer, madre, esposa, amiga (desplazamiento de la madre o hermana)
y por otro lado las “tramposas”, "atorrantas",
“fáciles”, “programas”, “prostitutas”,
“amantes”, con las que se permiten cualquier juego sexual
sin participa¬ción afectiva ni compromiso emocional.
Variantes del célebre "toco y me voy". Como complemento
a esto existen las mujeres que sienten que si se liberan sexualmente
van a ser vistas como “fáciles”, que “se
regalan”, intimidadas por el fantasma de la prostitución
pues temen caer en el descontrol sexual.
Estas pautas son modificables ya que, al salir
a la luz en las sesiones de tratamiento, son elaboradas con el terapeuta
para que el o la paciente puedan juntar ambas vertientes (la amorosa
y la sexual) y no disociarlas en personas distintas y poder gozar
libremente del erotismo sin culpas ni temores.
* Dr. Adrián Sapetti, médico psiquiatra
y sexólogo clínico.
Nota: por su extensión este artículo
será dividido en partes.
volver
|