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Huaco de la cultura Moche (precolombina), Perú
CONFLICTOS DE PAREJA
Muchas veces observamos en el estudio de pacientes con problemas
sexuales que el sistema sexual en la pareja suele ser destructivo.
Toda relación donde impere el temor, el rechazo, dificultades
en la comunicación, exigencias, agresiones, luchas por el
poder, podrá ser productora de evitaciones, impotencias,
descontrol eyaculatorio, disminución del deseo o anorgasmias.
De allí que en las terapias sexuales de pacientes en pareja
se trata de modificar no sólo las pautas individuales sino
la interacción de ambos miembros.
La rutina
"Disculpe, ¿dijo monogamia o monotonía?
Tracey Cox (Hot Sex)
Hagamos un ejercicio con la fantasía: imagina tu lugar favorito:
las islas turcas, el Caribe, la montaña donde te gusta esquiar
o el cálido mar del Brasil... Imagina que todos las semanas
irás, siempre y solamente, al mismo lugar, por el resto de
tu vida. Harás el amor en la misma cama. Comerás en
el mismo restaurante que a ti te gusta. Luego de varios años
de ir a comer ese mismo plato de pescado aromatizado con hierbas,
en el sitio de siempre, te resultará monótono. El
sexo siempre en el mismo lugar, de la misma forma, será parecido
a comer la misma comida todos los días de todos los años
en el mismo mágico lugar. ¿Por qué querrías
comer un plato de fideos con salsa de tomates en una cantina de
una ciudad de provincias en cambio de esa apetecible merluza negra
con arroz perfumado, romero y jengibre en tu lugar preferido y soñado?
¡Sencillamente porque te cansaste de comer todos los días
el mismo plato - aunque sea un manjar - en igual marco!
Ahora imagina que estás allí pero con otra escenografía:
un día la luz es tenue, la música suave, "new
age". Otro día el sol entra, cálido por la ventana
y la música es un bolero. Un día te sirven comida
japonesa, sushi y sashimi; otra velada es comida francesa, bailas
en una pista. El decorado cambia: oscuro, gótico, postmoderno;
etéreo y vaporoso un día, cargado y barroco el siguiente.
En época de frío hay un hogar con leños; en
verano, una brisa acariciante mece las cortinas blancas. Una noche
te sientes romántico con tu pareja, otra noche pasional,
la siguiente hablan de los hijos o de los proyectos que tienen juntos.
El lugar es el mismo, tu pareja es la misma, pero con múltiples
variables, y todo parece diferente.
Puedes hacer el amor con la misma persona por el resto de tu existencia,
en diferentes lugares, formas, variantes y situaciones posibles.
Vestidos, desnudos, con velos, semidesnudos. Bajo la ducha, en el
jacuzzi, entre los médanos, en un hotel para parejas, en
la cocina, en el jardín de la casa o en el asiento posterior
del auto. El sexo podrá ser lento y sensual, salvaje y apasionado,
intenso o suave; un encuentro de dos horas o de 5 minutos en el
toilette. No necesariamente una pareja estable, monógama,
tiene que ser desapasionada y aburrida. Obviamente aquellos que
no tienen una vida erótica satisfactoria con su pareja, habiendo
intentado cambios una y otra vez, no están obligados a clausurarla
en la tumba de un monogamia coercitiva e insatisfactoria. Y estas
son las quejas más frecuentes de la pareja estable, conviviente:
el sexo se ha convertido en algo rutinario, aburrido, monocorde,
gris y mecánico, desilusionante, frustrante. Todo lo que
era nuevo ha dejado de serlo, perdimos la magia, la fantasía;
se nos terminó el idilio en el naufragio de lo cotidiano.
Lidia, 48, médica: “empecé a dar rienda a mi
fantasía, incluso con Internet y el Cibersexo, y eso enriqueció
las relaciones sexuales con mi marido. Sentir que puedo volar, dejar
crecer mis fantasías, realizándolas o no, porque muchas
veces sólo quedan en mí. Antes que tenía miedo
de volar, me sentía atada, también me aburría,
me costaba llegar al orgasmo. Gracias a la terapia de pareja que
hicimos ahora siento que con mi esposo podemos usar nuestra creatividad.
¡Cuántos años desperdicié por los temores,
las inhibiciones que te meten en la cabeza: que si era liberal era
una prostituta, que sólo en la cama y boca arriba, y ninguna
fantasía! Siento que hemos mejorado con los años,
con la madurez la fruta adquirió más sabor”.
Actitudes antieróticas
Cuando vemos parejas disfuncionales es frecuente escuchar recriminaciones
y cobros de facturas, y un evidente rencor hacia el compañero
debido a años de incomprensión, conflictos y fracasos.
Una de las situaciones más frecuentes es que uno o ambos
miembros de la pareja considere al otro como repulsivo, desagradable,
poco inteligente y luego se sorprenden cuando en sus espaciados
y pobres encuentros sexuales la mujer no llega al orgasmo o el varón
no tiene una erección satisfactoria o la pierde a poco de
haberla obtenido.
Un caso típico es quien nos consulta porque no logra la erección
con su esposa; él dice que ya no la ama y que le desagrada
físicamente porque la encuentra fea, gorda o mal arreglada
y poseedora de actitudes poco eróticas. Muchas veces pareciera
que él no se miró al espejo porque vería lo
que se descuidó, cómo se abandonó: fuma compulsivamente,
no se arregla, está con sobrepeso cuando no hipertenso y
estresado, atrapado por las obligaciones, siempre le falta tiempo,
salvo para estar horas frente al televisor viendo el fútbol
de Italia, el de Brasil y cuanto partido se le cruce.
Susana, 53: “llegué del trabajo con la ilusión
de tener una noche distinta, no estaban los chicos, había
empezado gimnasia, compré un perfume nuevo, me sentía
romántica, erotizada. Cuando entré lo vi frente a
la TV, me acerqué, lo quise besar y siguió clavado
frente a la pantalla. No se fijó en mí. Me dio una
rabia enorme: fui a la cocina y comí todo lo que encontré.
Allí pensé: él me dice que no estoy linda como
antes, que no me cuido...¡y para qué lo voy a hacer!
Sí, ya sé: igual me tengo que cuidar, quererme a mí
misma”.
Inmersos en estos sistemas deserotizantes, verdaderas ruinas de
la pasión, tanto ella como él contribuyen a la falta
de deseo y excitación. No obstante muchos varones creen que
igual van a poder funcionar y lo explicitan: “tengo que cumplir
con el deber en casa”...."tengo que hacerlo cada tanto
porque si no la patrona me echa"... “¡cómo
no voy a hacerlo!, si ella es una buena ama de casa, una excelente
madre...”, "sea como sea tengo que rendir, no quiero
tener que escuchar sus quejas". Convierten algo placentero
en un acto obligatorio y por decreto. Luego viene el asombro: ¿cómo
es posible que haya fallado?
Los rechazos mutuos, las recriminaciones, las dudas permanentes
de una supuesta infidelidad que trae aparejada una disfunción
eréctil del varón terminan reciclando el síntoma.
Es bastante común que la mujer piense que él falla
porque tiene otra, generándole una nueva exigencia: ahora
tendré que probar que no le soy infiel dándole sexo
como se debe, tengo que lograrlo. Como depende de esta espada de
Damocles: si no logro la erección estoy perdido, van a dudar
de mí, generalmente se consiguen varias cosas: inhibir el
deseo (como el menor de los males), evitación de los encuentros
-incluso los afectuosos y cariñosos- (no quiero empezar nada
que después no pueda terminar), reiterados episodios de impotencia
y ahondamiento de las sospechas y de los conflictos. Otras veces
suele buscar algo afuera para ponerse a prueba y allí, como
va a pasar un examen, termina fracasando también. Como tiene
episodios reiterados de impotencia ella se quejará luego
de que él no la desea, lo desprecia y hostiga, y él,
rechazado, responderá con la falta de erección o la
disfunción del deseo. Otras veces puede ser un problema si
uno de los dos quiere más sexo que el otro, una suerte de
asincronía: cuando uno quiere el otro lo rechaza con excusas
diversas para ir a buscarlo cuando ya no quiere saber nada.
Disturbios comunicacionales
Hay una serie de supuestos, incomprensiones y desencuentros que
se repiten con singular frecuencia en muchas parejas con problemas
sexuales:
- no hay que hablar de sexo pues sólo hay que hacerlo
y además, espontáneamente
- él tiene que adivinar lo que a mí me gusta
- no entiendo cómo a ella no le gusta lo que a mí
me gusta
- ¡yo suponía que eso te tenía que excitar!
- ¡cómo le voy a pedir eso a mi pareja!, tiene que
surgir de manera natural
- yo creía que ella creía que...
- la verdad es que yo, realmente, no sé lo que le gusta
a mi esposa
- ¿le gustará lo que le estoy haciendo?
- ¡te lo sugerí tantas veces y jamás me lo
entendiste!
- ¡si sabes bien lo que a mí me gusta!, no hace
falta que te lo ande diciendo
- a mí me gustaría que ella me estimulara los genitales
con la boca / si le beso en los genitales va a pensar que soy
una cualquiera
- ojalá que él hoy no se apure y que no busque
apresurarse con la penetración, ¡cuánto más
me gustaría que me acariciara en todo el cuerpo! / seguro
que ella está esperando que la penetre enseguida y ¡a
mí que no se me erecta!
- seguro que le toco directamente el clítoris y pierde
la cabeza / siempre él va directamente a los genitales,
no se da cuenta que prefiero que lo haga luego de un rato largo
de juegos
ella me abandonará por otro hombre más viril si
no logro satisfacerla / será que a él no le gusto
y no me quiere más... ¿Tendrá otra amante
con la cual se satisface?
La ausencia de diálogo y las distorsiones en la comunicación
son factores importantes para la persistencia y el mantenimiento
de una disfunción erectiva. Así se van entrete¬jiendo
una serie de suposiciones, malentendidos, falsas creencias e ignorancia
de lo que al otro le sucede: cada uno hace lo que cree que al otro
le gusta y no lo que realmente le gusta. No hay me¬jor manera
de saber lo que satisface al compañero que preguntárselo.
Por eso es que procuramos que la pareja disfuncional entable una
nueva pauta de diálogos comunicándose los sentimientos
y deseos que hasta ese momento trataron, por miedo o vergüenza,
de callar.
Cuando algo se explicó o "sugirió" muchas
veces y la pareja no lo entendió hay que pensar que el disturbio
está en el emisor que no transmitió el mensaje adecuado,
o que el receptor no pudo, no supo o no quiso recibirlo, o que en
el medio de los dos hay un abismo insalvable. Si de esa manera el
mensaje no se comprende sería mejor no seguir insistiendo
de la misma manera, basta de más de lo mismo, busquemos una
nueva manera de comunicarlo en lugar de aumentar el tono e insistir
siempre igual.
Otra cosa muy frecuente que veo es cuando, p.ej., el varón
es un eyaculador precoz o está padeciendo una impotencia
o una disminución del deseo y la pareja le dice: anda al
sexólogo, que te cure, porque yo no tengo nada que ver, no
es mi problema. En realidad cuando hay un problema en uno de los
miembros de una pareja termina siendo un problema que padecen los
dos y no me parece una medida muy apropiada decir no tengo nada
que ver, pues ya el sistema se resintió, los dos sufrirán
por el conflicto tanto como se podrán beneficiar con los
logros que obtengan.
* Dr. Adrián Sapetti, médico psiquiatra y sexólogo
clínico.
Nota: por su extensión este artículo será
dividido en partes.
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