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Siempre debemos pensar que en ciertas
épocas de la vida hay una cierta "obsesión" con el sexo, especialmente
en la adolescencia o en las etapas de apasionamiento. Distinto es cuando alguien
dice "que tiene necesidad compulsiva de tener sexo", sin importarle
si la otra persona lo desea y que se convierte en algo irrefrenable, interfiriendo
en la vida diaria, incluso con conductas asociales, casi como una adicción.
Esto es lo que lo convierte en algo compulsivo: no puede haber freno, ni se
tienen en cuenta las necesidades o posibilidades del otro, o cuando una conducta
a solas, por ejemplo: la masturbación, debe hacerse de una manera imperiosa,
mecánica, ritualista. Este hecho es algo que caracteriza frecuentemente la conducta
del obsesivo: los rituales. Deben hacerlo siempre de la misma manera, con la
misma secuencia, con esto creen que neutralizan la angustia, pero sólo logra
volver a depender del ritual y así se sigue manteniendo el síntoma. La secuencia
es: para no angustiarme debo practicar el sexo de tal manera y eso me calmará
cada vez que la angustia reaparecerá. Pero como el ritual no logra cambiar
el estado angustioso de base, éste aparece con el consiguiente ritual habitual.
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