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¡Tampoco
es fácil ser varón!, decía una colega feminista. Uno no nace como
tal sino que se va haciendo varón a lo largo de la vida, en un aprendizaje que
no se detiene nunca. No es cierto que de pequeño, al igual que leer y escribir,
se haya aprendido todo y no se necesita nada más para lidiar
en el ruedo; sino que deberá formarse cada día y sobre todo ser flexible
para adaptarse a las cambiantes condiciones del sexo en el decurso de la existencia.
El varón podría tener en cuenta
algunos aspectos si le interesa repasar su aprendizaje sexual para mejorar el
erotismo:
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Los
varones también tienen necesidad de ternura, de darla
y de recibirla, de ser cariñosos; no es ley que para ser
más varonil haya que ocultar los sentimientos y afectos.
Otro de los clichés que se escuchan es que un
varón tiene que ser protector, y esto dicho también
por muchas mujeres, como si ellos no necesitaran ser protegidos
y cuidados. Si la cosa es bilateral y complementaria:
¡entonces, vale!
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El
varón no es el único responsable del placer de la mujer ni el
creador de los orgasmos de ella. No debería ser el
director de orquesta ni el macho activo ni el eterno conductor de los
encuentros con las mujeres. Muchos varones encuentran sumo placer y satisfacción
en adoptar lo que otros peyorativamente titulan como un rol
pasivo.
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La
afirmación de que el varón siempre tiene que ir al frente y está disponible todo el tiempo y
con todas las mujeres, siguiendo el modelo juvenil (que incluso en muchos
jóvenes tampoco se da), ha traído más problemas que beneficios; es conveniente
saber decir que no y aceptar los propios límites.
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Ni
el tamaño del pene, ni la cantidad de orgasmos o coitos, son el hecho fundamental:
la creencia de que el rendimiento es lo importante puede ser nefasta para los varones.
No hay mejor manera de impedir la erección que querer conseguirla a toda
costa
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Si
bien la penetración es - en palabras de una paciente - algo
delicioso, dulce y suave , no es lo único posible en el coito: la boca,
las manos, todo el cuerpo, las palabras y caricias, los abrazos, intervienen
en él. Hay muchas parejas que disfrutan un largo rato exacerbando su pasión
y luego, ya casi exhaustos, buscan la penetración al final; otras llegan
al orgasmo alternando con juegos no penetrantes y encuentran que en
la variación está el gusto.
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Muchos
varones, aún hoy, siguen sosteniendo que ellos no tienen nada que aprender
puesto que vienen programados de fábrica. Me he encontrado con adultos que decían :¿para
qué leer libros de sexualidad? eso es para las mujeres que no saben.
Yo les respondo: ¡qué suerte que tiene usted!, porque yo, cada vez que leo algo,
aprendo cosas nuevas, y para escribir mis libros tuve que leer decenas de
ellos. En realidad les cabría mejor aquella frase del filósofo
griego: sólo sé que no sé nada.
En sexualidad, como en otras áreas, la ignorancia es fatal.
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Otros
afirman que son desinhibidos, que no fueron afectados por una educación
represora y machista ni por la desinformación; decir yo
soy un hombre superado le cierra las puertas del conocimiento, empobreciéndolo
tanto en lo personal como en la relación de pareja.
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Sostener
que el diálogo con la pareja es irrelevante supone que lo que pase con ella
no cuenta para nada, dando pie a malas interpretaciones y falsas suposiciones.
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Muchos
varones, especialmente los eyaculadores
precoces, creen que el orgasmo se controla con una orden cerebral
al estilo: ¡parate...no, ahora
no!, sin conocer que es otro el mecanismo de control orgásmico.
Piensan que no puede haber interrupciones, demoras, cambios, dilaciones,
momentos de calma y de descenso de esa excitación, que luego es totalmente
posible retomar. Son los que van al hotel y a los 10 minutos están
listos para irse.
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La
erección no es la condición inicial para comenzar un encuentro sexual, sino
al revés: se produce a posteriori de una estimulación adecuada (incluso
este es el mecanismo de acción del Viagra.
Es un disparate sexual pensar que si no erectaron al entrar al dormitorio ya no pueden empezar nada.
La erección no es la condición inicial para comenzar un encuentro sexual,
sino al revés: se produce luego de una estimulación adecuada.
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No
somos robots, ni máquinas de erectar;
somos seres falibles, cambiantes, con altibajos, ganancias y pérdidas, envueltos
en éxitos y fracasos: la sexualidad no está al margen de estos vaivenes existenciales.
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Otro aspecto a
tener en cuenta cuando alguien piensa que
está fallando, es poder comparar dos o tres de sus mejores experiencias
y un número igual de aquellas donde considere que no funcionó bien, y hacer
una lista de todas las diferencias entre ambas. Por ejemplo:
1. Siempre funciona bien con
una pareja conocida con la cual se siente confiado y seguro. Pero funciona mal
cuando son compañeras ocasionales y casi desconocidas. El caso inverso también
lo vemos: fracasa bien con la esposa o novia pero funciona bien en una relación
casual o transitoria.
2.
Cuando tenía relaciones con la novia en el hotel, estando relajado y tranquilo,
podía controlar la eyaculación; en cambio si lo hacía en el auto o en la casa
de los padres de la chica, mientras estos veían la televisión, se siente nervioso
por el miedo a que lo descubran y lo hace muy rápidamente.
3.
A la inversa, cuando estaba en el reservado
de la confitería o en la casa de la novia lograba una erección firme, pero
cuando iba al hotel sentía que tenía que
rendir y allí no la lograba
4.
Si lo hace en cierta posición logra con facilidad la erección y el orgasmo
pero en otra siente que le cuesta terminar.
5.
Cuando busca un segundo orgasmo después del primero no lo consigue y se
desespera llegando, en algunos casos, a estimularse de manera mecánica y
compulsiva.
Pero, si después de intentarlo, descansa un rato y recomienza, sí puede llegar.
6.
No tiene problemas cuando una mujer usa anticonceptivos pero se pone
ansioso con otra que no los utiliza.
7.
Mantiene la erección cuando no usa profiláctico pero la pierde cuando tiene que usarlo.
Tener en cuenta estos elementos
que caracterizaron los buenos y malos encuentros, serviría para reconocer las
condiciones personales para un buen sexo. Puede ocurrir que alguien sólo recuerde
experiencias frustrantes. En ese caso deberá utilizar su imaginación y hacer
una lista de aquellas cosas que considera necesarias e imprescindibles para
lograr la satisfacción de hacer volar su fantasía: pensar en un determinado
lugar, quizás un cierto juego amoroso que nunca se animó a llevar a cabo, la
utilización de alguna variante o posición
novedosa, una determinada vestimenta, con una mujer real o soñada. Alguien
que no pueda imaginar una situación determinada, difícilmente la podrá realizar.
Eso le servirá también para detectar los caminos erróneos por donde hacía transitar
su sexualidad, llevándolo a recorrer otros más satisfactorios y placenteros.
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