
La eyaculación precoz es una disfunción sexual, padecida
por un 15 a 30% de la población masculina,
que consiste básicamente en una dificultad o
imposibilidad para ejercer un razonable control sobre
el reflejo eyaculatorio.
Puede aquejar tanto a los jóvenes como a los
adultos, darse con una mujer sí y con otras no, ser
algo situacional que aparezca en una determinada
edad -ya que conflictos dentro o fuera de la pareja
pueden alterar el control eyaculatorio- o coexistir desde
los inicios sexuales.
Se ha tratado de definir al eyaculador precoz por el número
de bombeos que realiza luego de penetrar, o por el tiempo que tarda
en eyacular, o bien tomando el parámetro de que llega al
orgasmo antes que su mujer en un porcentaje determinado de relaciones.
Según mi criterio, el rasgo sobresaliente es que no se logra
un control voluntario sobre la eyaculación, no importa el
tiempo que se tarde en llegar a ella o si se ha consumado o no la
penetración: cuando se excita llega rápidamente al
orgasmo sin poder demorarlo ni interrumpirlo, y no es porque se
excita mucho sino porque se acelera demasiado.
Digo esto porque hay hombres que terminan en los juegos previos,
apenas intentan penetrar o con sólo sentir que le tocan el
pene. La pregunta sería si es posible ejercer un control
racional sobre la sensación orgásmica una vez que
se haya desencadenado y la respuesta es que, en la llamada fase
de inevitabilidad eyaculatoria, esto no será posible. Y me
refiero a un manejo de los tiempos, a poder detenerse cuando se
está en los umbrales.
La mayoría de la gente piensa que este control puede ejercerse
mentalmente, por una orden del cerebro, pero ello no es viable.
Podría tramarse una analogía con los reflejos: si
yo me clavo una aguja en cualquier parte del cuerpo no podré
impedir el dolor; la única manera de evitarlo sería
alejar mi cuerpo de la aguja. El eyaculador precoz no puede -o no
sabe- detenerse a tiempo por propia decisión, ni reducir
el ritmo de bombeos o buscar variantes en el juego sexual que desaceleren
su excitación.
Para ser gráfico, podría decir que el control que
no tiene sobre sí le impide enviar la orden de detenerse
antes de comenzar a experimentar la vivencia orgásmica. Una
vez que se ha ingresado a ella, ya no se puede volver atrás.
Recientemente fue aprobado por las autoridades sanitarias reguladoras
de la Argentina –ya autorizado anteriormente en la Comunidad
Europea, Australia y México-, un nuevo medicamento, para
el tratamiento de la Eyaculación precoz.
La droga se llama Dapoxetina. Es el primer fármaco que
se aprueba con esta indicación específica, puesto
que los usados hasta acá eran antidepresivos o un analgésico
como el tramadol, cuyos efectos secundarios –entre otros-
consisten en retardar el orgasmo.
El fármaco ideal para la EP debería tener las siguientes
propiedades:
Los efectos secundarios, en general leves y pasajeros, suelen
ser: náuseas (5.6%), cefalea (4.3%), diarrea (5%), ansiedad
e insomnio (3%).
A no dudarlo, la Dapoxetina ya se ha constituido en una medicación
eficaz para tratar la EP, con o sin disfunción eréctil
asociada, en este último caso hay que apelar a los fármacos
o a los suplementos como el Therion
F1 para mejorar la erección.
Dapoxetina, asociado a las Terapias Sexuales
, es una eficaz ayuda en el tratamiento de la eyaculación
precoz.
* Dr. Adrian Sapetti, psiquiatra, sexólogo clínico.
TE: (5411) 4552-0389/ (5411) 4555-6865