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El DSH hace que las evasivas a la hora
del sexo, antes atribuidas sólo a las mujeres, también
se hagan presentes en los varones. Si ellas adscriben a la frase
"hoy no querido, me duele la cabeza"; ellos prefieren
la excusa del cansancio o las preocupaciones para no hacer frente
al problema.
Los tiempos difíciles que se viven también influyen
sobre la predisposición erótica del varón.
Las zozobras económicas o el temor a perder el trabajo lo
hacen vulnerable a la disminución del deseo. Las ansias de
éxito y poder económico, que también caracterizan
nuestra época, pueden llevar a que los individuos eroticen
más su ascenso social que la actividad sexual.
Es sabido que si ese varón piensa que va a fracasar en sus
intentos sexuales (por padecer cuadros de impotencia o trastornos
eyaculatorios) puede inhibir el deseo como una maniobra precautoria:
para ellos es mejor evitar que “pasar un papelón”
Cuando usamos la sigla DSH, estamos siguiendo una moda actual que
presenta ciertas patologías de manera abreviada (TOC= trastorno
obsesivo compulsivo, SIDA = síndrome de inmunodeficiencia
adquirida, ACV= accidente cerebrovascular).
Pero el deseo sexual hipoactivo no es una característica
de nuestros tiempos ni solamente de las mujeres, sino que ahora,
como muchos otros temas de la sexualidad, ha sido estudiada y catalogada
de manera sistemática y puntual, apareciendo también
en varones de diferentes edades.
La respuesta sexual puede ser dividida, con fines prácticos,
en cuatro fases: deseo, excitación, orgasmo y resolución.
La primera es previa al contacto en sí; se trata de un apetito
o impulso producido por la activación de centros cerebrales
que son específicos para tal fin y que se conectan con otras
zonas de la corteza cerebral; normalmente, ante un estímulo
adecuado y no habiendo interferencias o inhibiciones, ponen en marcha
la respuesta sexual.
De una manera simple podríamos definirla como un "tener
ganas" de iniciar un contacto corporal erótico.
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