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Si bien hay que pensar muchas veces
en términos de multicausalidad o -como decía Freud-
de sobredeterminación causal, mencionaremos algunas de las
más corrientes:
• Los cuadros depresivos acarrean abulia y apatía,
dejando de lado aspectos de la vida que antes eran importantes,
y el Eros es una de las principales víctimas.
• Las disputas conyugales continuas y permanentes, las frustraciones
repetidas por impotencia, eyaculación precoz o el haber
fingido los orgasmos durante años, van llevando a la baja
del deseo como una manera de evitar el fracaso.
• También disminuyen el deseo los conflictos neuróticos
con relación al placer y al éxito ("los que
fracasan con el éxito", decía Freud).
• Los problemas derivados de una educación restrictiva
donde el goce era pecado y digno del peor castigo.
• Situaciones de vida relacionadas con pérdidas (duelos)
laborales, familiares, amorosas, económicas, pueden llevar
a la disminución de la libido.
• El problema del alcoholismo, sin lugar a dudas, crea un
permanente clima de malestar en el bebedor y su pareja, provocando
episodios de celos, impotencia y agresiones; por supuesto que
en este ambiente perturbado el deseo sucumbe.
• En mujeres y varones que han sido intervenidos quirúrgicamente
puede darse una vivencia castratoria o mutilante de la operación
(de mama, útero, ovarios, próstata, ligadura de
trompas, incluso la cirugía del frenillo), a consecuencia
de lo cual se instaura un sentimiento de desvalorización,
que termina en una marcada depresión del humor y del deseo
erótico. Las cirugías cardíacas, a veces,
suelen dejar una temor residual, aunque desde el punto de vista
funcional el paciente esté mejor que antes de la operación;
cuando persisten fantasías de muerte pueden evitar hacer
el amor. Es posible que si alguien vivió la colocación
de un DIU en forma conflictiva haya visto disminuir su deseo,
pero no es lo habitual.
• Muchos psicofármacos pueden producir, como evento
adverso, disfunciones sexuales; tanto como otros pueden mejorar
los cuadros depresivos, fóbicos, obsesivos y psicóticos
y, de esta manera, hacer revivir el erotismo.
• Las llamadas crisis vitales pueden acarrear disminución
del deseo, aunque muchas de ellas puedan ser vistas objetivamente
como logros: irse de la casa de los padres, jubilación,
cumpleaños (los 40, los 50), casamiento, embarazo, post-parto,
el nacimiento de los hijos.
• Todo descenso hormonal suele tener impacto en la esfera
sexual: la etapa del deseo está influenciada por la testosterona
que es la hormona del deseo, en los dos sexos. Esta hormona es
producida en los testículos y en las suprarrenales en el
varón y en la mujer sólo en estas últimas.
El hipotiroidismo (menor producción de hormonas por la
tiroides) o el aumento de la prolactina (hormona de la hipófisis)
también pueden deprimir el deseo. No hay que olvidar que
el sistema glandular está íntimamente relacionado
con el sistema nervioso central, por lo cual toda alteración
emocional puede hacer impacto en el llamado eje hipotalámico-hipofisario
donde se maneja y regula la producción hormonal. La menopausia,
por el descenso de la función estrogénica, puede
presentarse con menor deseo sexual.
• Hay medicamentos que deprimen la libido y la capacidad
erectiva u orgásmica: la lista es bastante extensa, pero
sólo mencionaremos algunos (además de los "remedios
para los nervios"): los fibratos (usados para bajar el colesterol),
los betabloqueantes y antihipertensivos, la sulpirida y la cimetidina
(de empleo en afecciones gastroduodenales), algunos antidepresivos,
los diuréticos, los antiandrogénicos (de uso en
problemas prostáticos y ahora -lo que me da una cierta
preocupación- propuestos para tratar la calvicie).
• El consumo abusivo, crónico y permanente de tóxicos,
drogas y cigarrillos van minando la salud y, frecuentemente, ocasionan
trastornos erectivos y orgásmicos o DSH
.
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