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Me preguntan, muy a menudo, si
la crisis económica afecta la respuesta sexual de quienes
la padecen, ya sea porque están desocupados o, en su defecto,
porque deben dedicar más horas a su trabajo. Sin lugar a dudas,
un individuo exigido, angustiado o deprimido por la incertidumbre
e inseguridad socioeconómica, puede ver afectado su erotismo.
Si bien no estoy en condiciones de asegurar que, en la actualidad,
existan más individuos con disminución del deseo sexual, una
simple deducción podría llevar a esa conclusión.
De todos modos,
la experiencia en el consultorio me ha permitido observar
que el fantasma del desempleo afecta doblemente a los varones.
Por un lado lo sufre quien está desempleado y, por otro, quien
tiene trabajo pero teme perderlo. En este último caso suelen
aceptarse condiciones que, en otros momentos, hubieran sido
inaceptables, como la rebaja arbitraria del sueldo o el aumento
de su jornada laboral y todo tipo de recortes en los derechos.
Esto llevaría a la pérdida de la autoestima y a un derrumbe
progresivo de la libido.
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