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En muchos casos la convivencia
puede enfriar el deseo sexual: la rutina, la chatura, el hastío,
los conflictos conyugales pueden llevar a una inhibición del
deseo sexual. Se puede seguir amando a la persona pero no
verla ya como objeto de deseo. Muchos cónyuges mantienen relaciones
sexuales sólo para cumplir con sus deberes maritales, pero
no las desean ni las disfrutan. Pero no es una ley, como afirman
algunos, que siempre se pierda la atracción sexual dentro
del matrimonio: hay parejas que, sorteando las distintas crisis,
han sabido mantener a flote su intimidad y siguen gozando
a través de los años.
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