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Respecto al DSI en los varones
es bueno señalar que también puede deberse a:
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Fobias
que se manifiestan en un aparente no siento interés, pero
que esconden miedos: a la mujer, a la penetración, a ser
atrapado, a enamorarse y perder la libertad.
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Ahora
vemos con frecuencia los llamados ataques o desórdenes
de pánico: crean una sensación tan angustiante, opresiva
y restrictiva que pueden anular totalmente la vida erótica.
Si bien son cuadros severos que se viven con dramatismo
tienen buena resolución con los tratamientos combinados
de psicofármacos y psicoterapia.
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Represión
debida a una educación sexual cerrada, o a conceptos religiosos
muy arraigados en la infancia, donde imperaban la culpa
y el castigo por el pecado de ser sexuados.
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Fracasos
amorosos, o más concretamente sexuales, también pueden
inhibir el deseo.
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Las
personalidades obsesivas o el llamado TOC (trastorno obsesivo
compulsivo) pueden llegar a bloquear o anular casi totalmente
su vida erótica.
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El
miedo a fracasar durante el acto, ya sea por eyacular
precozmente o por no poder conformar a una pareja muy
exigente, puede llevar al varón a decir no tengo ganas,
en vez de decir tengo miedo.
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Obviamente
muchas estas situaciones las vemos con mucha frecuencia
en mujeres.
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