Deseo sexual hipoactivo (DSH)
¿Cómo inciden las pérdidas afectivas?

Una situación de viudez o duelo por una pérdida puede llevar a un cuadro de DSH; he visto muchos casos donde una situación de duelo anulaba sexualmente a la persona, incluso sin que ella tomara conciencia del origen. No me refiero sólo a la pérdida de una pareja: la muerte de un hijo, de un amigo o de los padres, pueden inhibir el deseo. Como señalaba más arriba, muchas de estas personas no lo asocian con el dolor de la pérdida.

Consultan por su disfunción, hablan de la muerte de su pariente o pareja, pero dicen que no sienten ni creen que su problema se relacione con la pena que le causó la partida del ser querido o la ruptura de un vínculo. Asistí a un paciente que recientemente había perdido al padre, pero estaba paralizado por el temor de no lograr la erección y esto era lo que más le preocupaba, no asociaba esa pérdida irreparable como el nudo de su drama sino que la impotencia era su mayor preocupación.

Una paciente me consultó por una obsesión de estar infectada de HIV, en un contacto en que, por las características del mismo, era altamente improbable que se hubiera realizado el contagio. Había abandonado sus tareas habituales, sus estudios, sus amigas, y había dejado de tener relaciones con su novio por el pánico al SIDA. Su deseo sexual se hallaba anulado por completo.

Aun siendo el análisis no reactivo, insistía pertinazmente con lo mismo, pero en el interrogatorio aparecía que había muerto su madre un mes antes del supuesto contagio; no obstante, eso no le importaba tanto como la culpa que sentía por haberse contagiado de SIDA.

Otro paciente había perdido un hijo pequeño tras lo cual se había separado; refería una ausencia total de “ganas de hacer el amor”; no obstante lo cual le hicieron diversos estudios y análisis, pero nadie se había tomado el trabajo de interrogar sobre este hecho que él no avizoraba como causante de su disfunción. Estos casos aparecen como una típica escena encubridora: un mecanismo de negación para no enfrentar el verdadero dolor.

 

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