Picasso
Es el dolor persistente
o recurrente (en el pene, la vulva y/o la vagina) que acompaña
la penetración vaginal completa, incluso a veces con el mero
intento de la penetración.
La llamada dispareunia o coito doloroso puede darse en ambos sexos,
pero en el caso de las mujeres es, según Fordney y otros
autores, una de las disfunciones sexuales más comunes.
En la práctica ginecológica es bastante frecuente
que la mujer refiera la presencia de dolor o molestias al mantener
relaciones coitales.
No siempre lo relata al profesional en forma espontánea,
ya que muchas veces el pudor o la vergüenza le impiden hacerlo,
pero si el médico la interroga en un marco de confianza y
respeto puede surgir el dato (Barbón N., 1986).
La palabra dispareunia deriva del griego "mal apareamiento
o mal acoplamiento".
En el varón puede aparecer tanto durante el coito o simplemente
durante la estimulación genital con o sin erección
o en el orgasmo sin penetración.
Valeria, 25 años: Desde hace un tiempo
me duele cuando hacemos el amor con mi novio, estoy algo asustada
porque tengo miedo de tener algo malo.
Raúl, 42 años: Siento dolor en las
erecciones y palpo unas durezas en el miembro, y noto que se me
está torciendo.
Rosita, 56 años: Luego de varios años
de no tener relaciones sexuales he vuelto a casarme, pero cuando
mi marido penetra me duele muchísimo. ¿Por qué
me pasa esto?
Fidel, 39 años: Mi mujer tiene un flujo
con feo olor y dice que le duele luego del coito, ¿qué
relación hay?
Dijimos que tanto podía doler durante el coito, como también
antes o después de éste. Puede darse desde los inicios
de la vida sexual (dispareunia primaria) o luego de una etapa de
normalidad (dispareunia secundaria).
Es evidente que en todos estos casos hay que realizar un examen
ginecológico (en los varones un examen urológico)
para detectar la presencia de patología orgánica.
Si no hay dolor en el examen al introducir el espéculo o
los dedos, o no hay durezas en el pene a la palpación y no
hay evidencia de lesión de tipo inflamatoria, infecciosa
o tumoral, se podrá sospechar que se debe a causas psicológicas.
El Dr. Barbón, en un trabajo sobre dispareunia afirma que
ésta es una disfunción más incapacitante que
la anorgasmia y se vuelve una razón de peso para que la mujer
acuda al médico.
Muchas mujeres anorgásmicas nunca recurren al ginecólogo,
pero cuando hay dolor, que afecta gravemente la capacidad coital,
acuden a él. Agrega en su trabajo que "en un número
importante de casos la anorgasmia
precede a la dispareunia".
En las situaciones crónicas, aunque se logre la curación
del síntoma, hay que remover también las inhibiciones
de origen emocional. Zwang dice que: "Las causas orgánicas
son responsables de gran parte de las dispareunias. Sin embargo,
es necesario saber que la lesión inicial determinante puede
estar curada, dejando tras ella como secuela un miedo condicionado".
Muchas veces se acompaña de un cuadro de vaginismo (contracción
de los músculos de la vagina de manera involuntaria que impide
la penetración). En muchos de los casos se impone una terapia
sexual .
No vamos a hacer una descripción detallada de las causas
más frecuentes de la dispareunia, pero podemos mencionar
las inflamaciones de vulva (vulvitis), de vagina (colpitis, vaginitis),
"flujo", quistes, foliculitis, lesiones traumáticas,
casos de poca lubricación vaginal (en la menopausia), cistitis
(inflamación de vejiga), inflamación de las trompas
de Falopio (salpingitis), endometritis, y endometriosis.
En el varón, uretritis, prostatitis, enfermedad de Peyronie
que es una induración plástica del pene, una cicatrización
fibrosa de la albugínea (tejido que recubre los cuerpos eréctiles
del pene) generalmente de causa desconocida pudiendo en ocasiones
ser la consecuencia de un traumatismo peneano, a veces insensible,
ocurrido durante una relación sexual.
Es una enfermedad benigna pero molesta, que afecta al 1% de los
hombres entre los 40 y 60 años pudiendo ocasionar dolor o
curvaturas peneanas durante la erección, y en algunas oportunidades
provocar una reducción del tamaño del pene, una disfunción
eréctil (impotencia) fimosis, balanopostitis, etcétera.
Por último, diremos que el compañero sexual de una
mujer con dispareunia crónica puede presentar, con el tiempo,
algún tipo de disfunción sexual complementaria como
pérdida del deseo, impotencia o trastornos eyaculatorios.
Red Canna, Georgia O´Keefe
El vaginismo
Adolfo, 30: Cuando quiero penetrar a mi mujer noto
una obstrucción. ¿Es lo que llaman vagina estrecha?
Sergio, 26: Desde que comenzamos a tener relaciones
con mi novia nunca pude penetrarla totalmente pues ella acusa un
dolor insoportable. Esto impide que mi penetración sea completa.
Los deseos de consumar el acto en los dos son normales, ya que no
hay problemas de frigidez ni de lubricación. ¿Qué
podemos hacer?
Ana, 26: ¿considera que un curso de control
mental puede solucionar el vaginismo?, porque en mi caso no puedo
hacerme el control ginecológico ni el Papanicolau y eso me
preocupa mucho. A este paso que voy no podré tener hijos
porque no tolero la introducción de nada en mi vagina.
Susi, 23: Yo deseo mantener relaciones con mi novio
pero cuando él lo intenta siento que se me cierra la vagina.
Él hace más fuerza y allí siento un dolor muy
fuerte. Luego mi novio se enoja conmigo porque me acusa de que no
quiero tener relaciones.
Roberto, 28: ¿Qué hacer cuando la
vagina se cierra impidiendo totalmente la penetración?
Norma, 32: cuando la penetración es muy
profunda siento un dolor, que después desaparece con la mayor
excitación. El dolor vuelve después de la relación
sexual. ¿A qué se debe?
Esta disfunción femenina consiste en una contracción
espasmódica e involuntaria de los músculos vaginales,
de manera recurrente y casi constante, que no permite la penetración
en coito. Hay casos en que la contracción se presenta sólo
ante el intento de penetrar con el pene; en otros, no permite la
entrada de los dedos, ni de los tampones e incluso, como el caso
de Ana, imposibilita el examen ginecológico.
Deberíamos diferenciar lo que llamamos coito doloroso o dispareunia
(en el cual la penetración, a pesar de acarrear dolor o molestias,
es posible en forma parcial o total) del vaginismo donde la penetración
no es posible puesto que, ante la introducción del pene o
de un dedo, los músculos de la vagina se contraen de manera
no voluntaria.
El vaginismo no depende de la voluntad y no se regula conscientemente:
no es "un mero cerrar las piernas". Hay que destacar que
la mujer puede excitarse y lubricar, pero cuando el compañero
quiere realizar el coito percibe una resistencia, al punto que si
hace demasiada fuerza ella comienza a sentir dolor.
Esta situación se puede mantener a través de los años
y, a veces, hace crisis cuando la pareja desea tener hijos y esta
dificultad se lo impide. Se han barajado varias causas para justificar
esta disfunción: las orgánicas como las patologías
vaginales que causen dolores (vaginitis, endometrosis, bartolinitis,
etc.) pueden producir un cierto espasmo que impida la realización
del acto.
Pero, lo más frecuente, es que esté provocada por
causas psicológicas. Desde fobias a la penetración
(hay casos donde las mujeres fantasean que si son penetradas van
a sufrir desgarros o lastimaduras), conflictos infantiles y experiencias
traumáticas del pasado (abuso sexual infantil), terror al
embarazo y a la maternidad, hostilidad hacia el compañero,
influencias familiares coercitivas.
Una de las consecuencias del vaginismo, acompañada muchas
veces de una disfunción sexual masculina complementaria (impotencia,
eyaculación precoz, fobias
sexuales) , es el llamado matrimonio
no consumado.
No creo que sea bueno tratar de resolverlo con remedios caseros,
como es el caso de las "pomadas especiales" o de la xilocaína,
ni con cursos de control mental. El tratamiento del vaginismo es
de sencilla resolución con las modernas Terapias
Sexuales , que combinan intervenciones de tipo psicoterapéutico,
incluyendo tareas a realizar por la mujer, tanto a solas como con
su pareja, y también con suministro de información.
En los casos donde la fobia a la penetración es irreductible
con técnicas psicoterapéuticas es conveniente el uso
de medicación antifóbica y antipánico.
Dr. Adrián Sapetti, psiquiatra, sexólogo clínico
asapetti@websail.com.ar
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