¿Qué ocurre con estas drogas?

Las llamadas drogas heroicas: morfina, heroína, codeína y derivados se suelen inyectar por vía endovenosa y producen graves cuadros de dependencia, con necesidad imperiosa de consumirlas. Además del importante deterioro de la personalidad que producen, son una de las causas más frecuentes de muerte por sobredosis, de flebitis, y contagio de Hepatitis B y HIV. Obvio es decir que el sexo pasa a segundo plano y sucumbe junto a la persona que consume este tipo de drogas pesadas.

Los barbitúricos son psicofármacos con efecto hipnótico; producen un estado parecido al alcoholismo crónico, con deseo sexual inhibido, disfunciones erectivas y orgásmicas. Estos intoxicados semejan verdaderos borrachos que, en su estado de mayor toxicidad, pueden entrar en coma, con daño neurológico y hepático. Los célebres casos de Marilyn Monroe, Judy Garland y Elvis Presley, entre otros, ilustran tristemente la adicción por estas substancias, muchas veces asociadas a las aminas despertadoras (anfetaminas) para contrarrestar el efecto somnífero de los barbitúricos.

Más nocivas son las intoxicaciones crónicas con anfetaminas porque producen lesión hepática y neurológica con el consiguiente daño psicofísico, con gran ansiedad, taquicardia, temblores, impulsividad y cuadros delirantes similares a la esquizofrenia. En el plano sexual originan episodios de descontrol eyaculatorio e impotencias. Con las colas y pegamentos ocurre algo parecido ya que tienen un alto grado de toxicidad con riesgo de daño cerebral y el éter (anestésico) puede producir paros cardíacos.

El LSD o dietilamida del ácido lisérgico, al igual que algunas variedades de hongos, es un potente alucinógeno que provoca cuadros de despersonalización y alteración de la conciencia, lo que genera episodios de paranoia, pérdida de contacto con la realidad y crisis de excitación, donde el pobre Eros queda perdido en los meandros de la psicosis transitoria.

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