|
Hay un criterio
machista que nos enseñó que el "varón bien plantado",
es aquel que, en cualquier circunstancia, penetra rápidamente
a su compañera y también muy rápido termina su faena. Basados
en el mito de la excitación desmesurada, estas personas, lamentablemente
avaladas por algunos médicos, recurren a diversos remedios
caseros, tales como:
-
Colocarse
pomadas anestésicas o profilácticos.
-
Pensar
en los negocios del día siguiente.
-
Realizar
cálculos matemáticos.
-
Decir
el abecedario al revés.
-
Recordar
un partido de fútbol.
-
Mirar
televisión mientras hace el amor.
-
Pedirle
a su pareja que no le toque los genitales.
Un paciente mío
refería dramáticamente que, para no irse rápido, "pensaba
en que lo corrían unos perros por un cementerio";
otro recordaba al padre fallecido. La ecuación errónea es:
más antierótica es la imagen, mayor será el tiempo coital.
La realidad nos
dice que es al revés: todos estos recursos lo único que consiguen
es hacerlo terminar más rápido, ya que a mayor desconexión
de la corteza cerebral los reflejos se dan, por vía subcortical,
de una manera acelerada. Pensar en otra cosa lo único
que logra es disminuir el control cortical sobre el reflejo
y, en consecuencia, se da más rápido. Como ya apuntara, una
vez que se descargó el orgasmo, nada ni nadie lo puede detener,
porque los músculos comprometidos en la eyaculación comienzan
a moverse de un modo espasmódico sin que se pueda ejercer
ningún tipo de freno sobre ellos. Algunos se colocan cremas
anestésicas o penetran a sus parejas cubriéndose el pene con
dos profilácticos con intención de reducir la sensibilidad,
pero adormecer o pretender aislar la zona con látex no resuelve
el problema. Estas cremas o pomadas se desaconsejan, porque
al anestesiar, inclusive la vagina de la mujer, atentan contra
el placer y la percepción del momento previo al orgasmo. Que
un varón pruebe estos recursos parte del hecho de relacionar
al problema con la hipersensibilidad: el eyaculador precoz
no siente más que otros, por el contrario le cuesta percibir
sus sensaciones preorgásmicas. Prefiero decir que son individuos
particularmente ansiosos o impacientes, y muchas veces están
más conectados con el deber que con el placer. Son personas
muy "ocupadas", poco dadas al ocio, con su
vida agendada y, por ende siempre apuradas. Y esto también
lo trasladan a la cama.
Otro pésimo recurso
es masturbarse antes del acto sexual: apunta a controlar mejor
el segundo orgasmo y lo consigue a expensas de aumentar el
período refractario (o tiempo de espera) entre una eyaculación
y la siguiente. No debemos olvidar que esto le ocurre a todos
los individuos y es observable en el simple hecho de que más
coitos se tienen en un encuentro, más se tarda en terminar
en los posteriores al primero. Aun así, el problema básico
del eyaculador precoz subsiste: él no puede controlar
voluntariamente cuándo hacerlo, aunque dure un poco más. Por
otra parte, hay que tener en cuenta que este método puede
resultar un paliativo para alguien de 20 o 30 años, pero pasados
los 40, ya no será tan fácil obtener una erección si ha existido
una masturbación previa al acto sexual, lo cual redundará
en un agravamiento del conflicto y en la sensación de fracaso.
volver
|