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La eyaculación
precoz librada a su curso natural suele terminar en una
impotencia secundaria o en una evitación de los encuentros,
aunque muchos piensan, como una manera de negar el problema:
"con el tiempo se me va a pasar". Pero lo
único que ocurre es que no logra la solución y se agravan
los conflictos con las parejas. La mujer, por su parte, puede
elegir entre palmear el hombro de su compañero deprimido y
decirle: "no te hagas problemas, no es nada, ya se
va a solucionar", mientras él piensa para sí: "¡cómo
que no es nada: esto es un desastre!". En estos casos
se apunta a una cura mágica que nunca llegará. Por eso, aunque
a primera vista pareciera poco comprensiva, la mejor actitud
que puede adoptar una compañera es ponerse firme y convencer
a su pareja de consultar a un profesional, dado que la eyaculación
precoz es una disfunción fácil de tratar. Por supuesto
que dependerá de cada caso pero, en general, se resuelven
con 10 a 12 sesiones terapéuticas. Las llamadas terapias
sexuales, que basan su eficacia en combinar técnicas psicoterapéuticas
breves, centradas en la resolución del síntoma, con sugerencias
específicas (tareas o ejercicios ) a realizar fuera
de las sesiones, a veces con el uso de medicación, son altamente
eficaces para encontrarle solución a algo que se vive y sufre
tan dramáticamente.
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