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Extractado
y ampliado de "Sexualidad
en la pareja" (Sapetti - Rosenzvaig, Editorial
Galerna, 1987)
Procúrame
un pañuelo de su seno,
una liga para el amor que siento
Goethe (Fausto)
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Fito,
28 años: ¿Cuáles son las causas del fetichismo?
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Patricia,
23 años: ¿Existe el fetichismo en las mujeres?
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Darío,
19 años: ¿Entre los animales existe el fetichismo?
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Lucio,
30 años: ¿Excitarse con una bombacha es una conducta
enferma?
Este
término deriva de Fetiche (del portugués fetiço: hechizo)
que alude a un ídolo u objeto de culto, de ciertos pueblos
primitivos. A este objeto, al fetiche, se le atribuían propiedades
mágicas derivadas de un dios o de determinada persona. En
el área sexual el fetiche es algo que se necesita de la compañera
(esta es una parafilia conocida en varones) para alcanzar
el goce sexual y nos habla de la vinculación erótica con un
objeto inanimado o una parte del ser amado: bombachas, medias,
ligas, pieles, los pies, mechones de cabello, zapatos.
Las
parafilias también llamadas por algunos desviaciones
o variaciones son definidas por el hecho
de que la imaginación o los actos inusuales o extravagantes
son necesarios para conseguir la excitación sexual,
siendo en muchos casos el modo preferido o excluyente. |
Algo
de fetichistas tenemos todos cuando nos gustan las mujeres
rubias o las de piernas torneadas y con mirada lánguida, o
las morochas bajitas con aire de femme fatale; o las
mujeres que usan botas de cuero o zapatos con taco aguja,
o con portaligas o con determinado corpiño, y a todas esas
características les atribuimos la posibilidad del placer.
Esto tiene que ver con una cultura que parcializa el cuerpo
femenino, confundiendo la parte con el todo (pars pro toto):
si tiene mejores nalgas será más ardiente, si posee senos
prominentes nos deparará, seguro, mayor felicidad en el lecho
(La belleza es una promesa de felicidad, afirmaba
Stendhal).
K. Marx,
en otro orden de cosas, sostenía que uno de los mayores
fetiches era el dinero. |
Los
varones han sucumbido fácilmente a estos valores ilusorios
que, por otra parte, cambian según las modas y costumbres
imperantes. Otra vez la mujer es mostrada como una muñequita
de lujo y no como una persona íntegra con igual dosis de sensibilidad,
talento e inteligencia. Pero, en un sentido estricto, el fetichista
necesita exclusivamente de una determinada condición u objeto
para gozar del sexo, a veces acompañado por una mujer y otras
a solas con prácticas masturbatorias.
Bien dice
A. Confort que no es lo mismo excitarse con
un zapato que con una mujer en zapatos. |
Como
decíamos antes el fetichista suele buscar un objeto de la
mujer o varón deseados (ropa, mechón de cabellos, una joya,
una pantufla) y por ese excluyente intermedio halla un placer
solitario. Otras busca una pareja con una característica determinada
para satisfacerse, por ejemplo que sea excesivamente gorda
o con rasgos masculinos (o femeninos, según la preferencia
sexual), incluso con defectos físicos, o la hace vestir con
determinadas prendas. De no ser así no logra satisfacerse
ni llegar al orgasmo, y esto es lo que le da un rasgo esencial
al fetichismo: la necesidad imprescindible de ese rasgo u
objeto, llevado al punto de una obsesión, para la meta sexual.
Freud
nos habla en estos casos de "una sustitución inapropiada
del objeto sexual donde la meta normal está reemplazada por
algo que guarda relación con ella. El sustituto es, en general,
una parte del cuerpo habitualmente poco apropiada a un fin
sexual (los cabellos, el pie) o un objeto que mantiene una
relación demostrable con la persona, preferiblemente con la
sexualidad de ésta (prenda de vestir)". "No
sin acierto", nos sigue diciendo Freud, "se
ha comparado este sustituto con el fetiche en que el salvaje
ve encarnado a su dios". Lo que se podrán preguntar
los lectores es por qué se elige cierto objeto y no otro,
y el psicoanálisis lo remite a una impresión sexual de la
primera infancia: "siempre se vuelve a los primeros
amores", nos recuerda Freud. El objeto sería así
un recuerdo encubridor que nos oculta el verdadero deseo del
fetichista. Aquí el psicoanálisis nos refiere una cierta simbología,
que se podrá o no compartir, cuando por ejemplo nos equipara
el pie como símbolo sexual arcaico, fálico, cosa que se ve
en los mitos y en las estatuas que representan a dioses unipedes
(con un pie) relacionados con el culto de la fertilidad; a
las pieles o cabellos que deberían su cualidad de fetiche
por asociación con la formación pilosa del monte de Venus;
los zapatos y pantuflas como símbolos de los genitales femeninos.
Para
el padre del psicoanálisis la preferencia fetichista por un
pie se deriva de la sexualidad infantil: el pie reemplazaría
al pene que la mujer no posee, y nos agrega que en muchos
casos podía demostrarse que la necesidad imperiosa de ver
los genitales de la madre, mirados desde abajo, quedó detenida
en su camino por un mecanismo represivo y por eso retiene
como fetiches al pie o a un zapato o la bombacha y en este
proceso los genitales femeninos se imaginaron, de acuerdo
con las expectativas del niño, como iguales a los que él posee.
Aquí Freud hace intervenir la angustia de castración del varón,
temática bastante compleja dentro del psicoanálisis, pero
que resumiéndola de una manera simple nos dice que el objeto
elegido como fetiche es un sustituto del pene (falo) de la
madre en el que el varoncito ha creído y no quiere renunciar
puesto que si la mujer, su madre, está castrada, su propia
posesión del pene corre peligro. De esta manera, recuperando
una y otra vez el fetiche, niega su ansiedad de castración.
Bastante
razón tenía Freud cuando sostiene que "probablemente
a ninguna persona del sexo masculino le es ahorrado
el terror a la castración al ver los genitales femeninos". |
Para
muchos las teorías freudianas sobre la castración no tienen
sustento y las descartan, sin embargo creemos que es algo
que tiene un peso importante en la formación psicosexual del
ser humano.
Dr.
Adrián Sapetti
Autor de El sexo y el varón de hoy (Editorial
Emecé)
Centro Médico Sexológico
TE: 4552-0389 / 4555-6865
Bs. As., Argentina
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