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TESTIMONIO
Teniendo 29 y
siendo aún virgen, les escribo para dejar mi testimonio (y
si es posible que me den alguna ayudita, será bienvenida).
Cuando había nacido, el pediatra les recomendó a mis padres
que me cortaran el prepucio, cosa a la que ellos no accedieron.
Llegada mi adolescencia, sentía algunos dolores cuando tenía
una erección. Para mí eso no significaba más que una mera
molestia, porque por aquellos tiempos no sentía el más mínimo
interés en ninguna cuestión sexual. En mis épocas de secundaria,
no era un chico de esos que se diga atractivo, por lo que
podía suplir mi falta de interés alegando que en realidad
ninguna chica se interesaba en mí.
Hasta que cumplí
22, el tema sexual fue algo que no existía. Sólo aparecía
cuando escuchaba hablar a mis amigos sobre algunos temas sexuales
y me sentía mal por no poder decir nada o por tener que inventar
algo para que no se dieran cuenta de que nunca había tenido
nada (y lo que es peor, que ni siquiera me interesaba). Creo
que este malestar fue el que me dio la motivación para salir
con Silvina. Ella había estado interesada en mí desde que
yo tenía 15 y, por más que tenía otras parejas, cuando nos
encontrábamos, tiraba líneas como para que pasara algo. Con
mi natural miedo, siempre intentaba desviar el tema para otra
cosa, pero llegó un momento en que me dije, “basta,
ya está, tienes que sacarte esta virginidad”, entonces
a los 22, acepté salir con ella y a los pocos días fuimos
a un Hotel. No le había dicho nada sobre mi virginidad, pero
allí me puse tan nervioso que se lo confesé. Ella, contrariamente
a lo que yo pensaba, fue bastante comprensiva, pero por más
intentos que hizo, no pudo lograr excitarme.
Uno de los factores
que estaba en juego, era el dolor que sentía al tener algún
atisbo de erección, por lo que, luego de aquella noche fallida,
decidí ir a la sociedad médica y operarme. Debo de tener doscientas
represiones, porque no comenté nada en mi casa acerca de la
operación. La cuestión es que a la única persona que le dije
fue a un primo mío que me acompañó al hospital una tarde y,
como la operación era ambulatoria, a las dos horas ya estaba
afuera con el pene “refaccionado”.
El tema del dolor
estaba solucionado. Unas semanas después volví a salir con
ella pero nuevamente no pude tener una erección. ¿Y ahora
a qué le echaba la culpa? Dos semanas después volví a tener
otro intento con ella, volví a fracasar. Me sentí mal, pero
pronto olvidé el asunto y el sexo volvió a ser un tema totalmente
apartado de mí.
Y ese olvido
se trasladó hasta que cumplí 25. En ese entonces, comencé
a estudiar en una Facultad (tenía un título universitario
pero decidí hacer otra carrera) y el tema sexual volvió a
aparecer. Algunas cosas habían cambiado para bien. Ahora las
mujeres me encontraban atractivo (porque había mejorado muchísimo
respecto a como era en mi adolescencia) y eso me asustaba
un poco, porque cada vez tenía menos razones para evitar el
tema. Aquí una lista de todas las excusas que me puse para
evitar estas cuestiones:
a) Soy feo,
las mujeres no me miran– Bueno, en realidad la gente dice
que soy atractivo, por lo que no tengo esa excusa. Busquemos
otra.
b) Ya estoy
viejo para el sexo– La poca gente a la que le he comentado
esto se me ha reído en la cara.
c) No soy
un tipo interesante– No puedo decirlo. Una de las cosas
que siempre he recibido como halago es que soy una persona
culta, inteligente, simpática y que conmigo se puede hablar
de cualquier tema.
d) No tengo
nada para darle a una mujer– Me dicen que me deje de
joder.
En
realidad, últimamente, la gente me pregunta por qué no ando
con nadie. Deben pensar que soy homosexual y eso me angustia.
En realidad, siempre me angustió eso, y porque como soy un
poco amanerado (tampoco tanto, che, no soy un mariposón) la
gente duda de mi sexualidad. Eso no impide que las mujeres
me miren y hasta me han dicho que les atrae que sea “delicado”
o “sofisticado”. No entiendo nada, siempre pensé
que a las mujeres les gustaba el tipo de hombre machote y
esas cosas, no el tipo sensible, artista e intelectual. Pero
parece que también hay un público para personas como yo. En
fin, no me quiero ir del hilo de mi testimonio. Las mujeres
se me acercaban, pero nunca sabía si era que se me acercaban
porque les gustaba o porque pensaban que yo era homosexual
e inofensivo. Esa angustia me hizo recapacitar que debía solucionar
el tema sexual y entonces comencé una terapia sexual.
Aquí empieza
la verdadera historia, que me hizo pasar por unas cuantas
angustias más. No sé cómo resumirla, pero si mi historia sexual
desde los 25 hasta ahora fuera un drama, éste se resumiría
así: “La historia de un joven de veintipico, atractivo
(según dicen), inteligente, culto, interesante, que vive solo,
que tiene un buen trabajo, pero que se siente terriblemente
mal porque no puede tener relaciones sexuales”. El tema
es que, sabiendo que tengo una cantidad de cosas buenas, no
puedo disfrutarlas. Me siento poco hombre, que no valgo nada,
y no puedo irle a llorar la milonga a nadie más porque los
amigos confidentes que tengo deben estar podridos o pensarán
que soy un boludo. Pero es que, habiendo tenido varios intentos,
en todos he fallado. Aquí una lista:
1 – Una prostituta en un burdel (15 minutos)–
La experiencia fue horrible. No tuve tiempo
de nada.
2– Una
prostituta (2 horas)– La tipa era buena, pero no pude
nada.
3 –Decidí
conseguir a una muchacha, aunque me costó terriblemente animarme
(por
suerte,
conseguir no me fue difícil) – Bueno, conseguí a una que,
aunque no me gustaba
mucho, iba
a ser quien me ayudara en el asunto. De las dos veces que
llegué a estar con
ella, en ambas
fallé. Y lo peor es que había tomado Viagra, pero de nada
sirvió. Luego la
dejé.
4 –Un
nuevo intento con Silvina– Ni el viagra me salvó. Apenas
pude introducir el pene,
menos de
un minuto, pero no mantuve la erección. (no considero que
por eso haya
perdido la
virginidad).
En fin, ya no sé qué hacer.
Probé con Viagra,
con terapia sexual, con flores de Bach. ¿Seré homosexual?
¿Seré asexuado? Ahora tengo 29 y sigo aquí, tan virgen como
siempre. No sé si tengo ganas de tener sexo para solucionar
mi problema o porque sea algo natural. Me siento muy perdido.
Lo bueno es que nadie sospecha que soy virgen,
incluso cuando se lo dije a mi ex novia (si puedo llamarla
así) pensó que le estaba mintiendo o que estaba jugando a
alguna fantasía, pero no me puedo mentir a mí mismo. Tengo
ganas de ver qué se siente, de dejar de sentirme tan poca
cosa, porque sé que no lo soy.
| ¿Por qué alguien como yo, a quien la gente dice
que tiene talento, que es una buena persona, inteligente,
simpático y otras virtudes puede sentirse tan mal? ¿Soy
un boludo, finalmente? No lo sé. Ojalá pudiera encontrar
a alguien que me rescate, porque yo solo no sé qué hacer. |
Saludos de Gabriel, Bs. As., Argentina.
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