Es común oir decir a los pacientes que tienen miedo de fracasar, que se ponen pálidos o les transpiran las manos o les baja la presión?

Esto es así ciertamente. El miedo no siempre es confesado por quienes lo sienten, aunque a veces el poder verbalizarlo permite exorcizar los fantasmas. Todo varón puede tener, aunque sea excepcionalmente, problemas en la ereccón o en el deseo. Nosotros hablamos de una verdadera disfunción erectiva cuando las fallas superan un 25 % del total de los intentos. De todas maneras entendemos que los cuadros de impotencia constituyen una de las situaciones más dolorosas que afectan a los hombres. Para la gran mayoría la erección es sinónimo de capacidad para practicar o disfrutar el acto sexual. Por eso la p�rdida transitoria o repetida de la rigidez es considerada como señal de declinación y un estigma para la virilidad.

En códigos no escritos de la cultura machista se establece que son los varones los que deben iniciar sexualmente a las mujeres, despertar en ellas el deseo y hacerlas maduras y enseñarles a gozar. Por supuesto estos mandamientos también establecen que no se puede fallar: hacerlo representa una pérdida de hombría. Tantas presiones juegan de manera negativa en el individuo y, cuando no puede cumplir con todas esas demandas aparecen sentimientos de culpa que hace que se sienta inservible. Los pacientes lo describen bien cuando dicen: "cada vez que funciono mal me siento un inútil".

Las reacciones corporales antes mencionadas tienen que ver con las sensaciones de miedo y de fracaso que los invaden. Por suerte con la ayuda de terapias y medicaciones especficas estos cuadros hoy tienen solución.

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