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No hay mejor manera
de no lograr la erección que en empeñarse en querer tenerla.
Por ello, cuando alguien se obstina en el momento donde siente
que está tenso y supone que no va a funcionar, es mejor:
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No
insistir: cuando hay una vivencia de miedo, tensión
o ansiedad (con sensación de nerviosismo, manos sudorosas,
frialdad) se produce un tono adrenérgico ya que
el organismo segrega adrenalina. Justamente esta
substancia es la que produce la pérdida de la erección
por la contracción vascular que genera; entonces mientras
persista ese estado: no insistir.
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Es
preferible realizar alguna técnica de relajación, darse
un baño, hacerse masajes, leer un poema o ver una película
erótica.
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En
esos momentos siempre es mejor interrumpir: no
hay que aliarse con el síntoma.
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Puede
ser un eficaz recurso distraerse con una fantasía o recorrer
con la mirada el cuerpo de la compañera antes que observar
"al enano que se negó a funcionar" (palabras
escuchadas en mi consultorio).
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Recordar
aquel axioma, repetido por algunos pacientes, que dice:
"más la busco, menos la logro y cuando menos la
espero, aparece". Lo que nos recuerda aquella
frase de Picasso cuando decía: "yo no busco, encuentro".
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El
miedo al fracaso engendra el fracaso, enfrentar los miedos
de una manera racional y sensata nos indica el camino
de la solución, contra el oscurantismo, los mitos machistas
y las sobreexigencias desmesuradas de los varones.
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