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Sin lugar a dudas los
medicamentos ocupan un lugar importante, pero como las etiologias
-causas de las enfermedades- son variadas y complejas, y los métodos
terapéuticos también, ningún profesional aislado,
de ninguna disciplina, puede ofrecer garantías exclusivas
de mejoras y curas de sus pacientes sin tener en cuenta el resto.
El monopolio de la verdad terapéutica, ya sea psicológica
o urológica, clínica o quirúrgica, es simplemente
una mentira o un vil negocio.
Para evaluar la efectividad de un medicamento
habría que considerar:
-
Eficacia
y seguridad a largo plazo.
-
Aceptabilidad
por parte del paciente y su pareja.
-
Baja aparición
de efectos secundarios.
-
Obtención
de satisfacción completa.
-
Conocer los
valores proniasticos.
-
Accesibilidad
económica para los pacientes.
-
Pruebas
comparadas con placebo en investigaciones prolongadas.
A continuación trataría
de enumerar algunos de los medicamentos que en este momento están
siendo utilizados, tanto en nuestro país como en el exterior,
para el tratamiento de las impotencias:
1) Clorhidrato de yohimbina: es un
alcaloide indélico hallado en la corteza de árboles
de la familia Rubaceae (Pausinystalia yohimbe) y en la Rauwolfia
Serpentina. Es antagonista de los receptores presinópticos
alfa2 adrenágicos; por el bloqueo de esos receptores a nivel
central aumenta la liberación de noradrenalina y el "disparo"
(firing rate) de las células en los núcleos noradrenérgicos
del cerebro. Otros suponen además una acción en los
receptores alfa adrenérgicos en los tejidos de los cuerpos
cavernosos. La actividad eréctil del varón se conecta
con la actividad colinérgica y con el bloqueo alfa 2 adrenérgico
lo que teóricamente resulta en un incremento del ingreso
sanguíneo en el pene, de la disminución del retorno
venoso, o de ambos mecanismos. Es usado como tratamiento coadyuvante
en las impotencias orgánicas, psicogénicas o inducidas
por otras sustancias (antidepresivos, sedantes). También
en varones con disminución del deseo. Con mayor utilidad
en las disfunciones psicógenas y en algunas diabéticas.
Su efecto en la sexualidad humana está relacionado con su
acción a nivel del sistema nervioso autónomo periféico
aunque es posible una acción central (cerebral) asociada.
En realidad se viene empleando desde la década del 60 pero,
luego de un período de silencio, es reflotado de una manera
intensa. El índice de mejoras no es demasiado alto (entre
15 y 30% cuando se la suministra en forma aislada) y sería
más efectivo en la disfunción erectiva que en la disminución
de la libido. Puede dar temblores, cefaleas, irritabilidad, aumento
de la actividad psicomotora y de la presión arterial por
lo que NO debe usarse en hipertensos o en aquellos que tengan antecedentes
de ataques de pánico. Algo que se debería saber es
que el tiempo para que haga efecto es, por lo menos, de una semana.
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