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2) Hormonas: específicamente
la testosterona, que es efectiva en cuanto a aumentar la libido
y la respuesta erectiva en aquellos cuyos niveles en sangre son
bajos. A veces puede usarse como impulsora del deseo en el curso
de un tratamiento sexológico. Hay riesgos de agravamiento
de enfermedades de la próstata, de incremento de la presión
arterial y disminución en la producción espermática.
Muchos profesionales recurren a los andrógenos en forma apresurada
y cuando se trata de varones mayores de 40, las consecuencias pueden
ser poco gratas. Aquellos que se vean obligados a inyectarse hormonas
deberían hacerse un examen urológico cada 6 meses.
Hablando en manera llana: si un individuo tiene un cáncer
incipiente y se le indica testosterona es como querer apagar el
fuego arrojándole nafta. Por otro lado hemos visto muchas
veces que al inyectarla puede aumentar el deseo pero sin mejorar
la respuesta erectiva. Un paciente era gráfico al decir:
esas inyecciones me excitaban pero yo me ponía peor cuando
veía que no podía rendir. En algunos casos se puede
dar gonadotrofinas coriínicas, por pulsos, cuando observamos
una LH baja. El uso de la DHEA (dehidroepiandrosterona) merece un
mayor estudio a largo plazo pero puede ser una alternativa posible
para aumentar la respuesta erectiva y el deseo sexual (esto último
en ambos sexos).
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