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Las drogas vasoactivas
intracavernosas: es la llamada prótesis química. Actualmente,
luego de la fulgurante aparición del Viagra, no son las que
más se indican y se aplican -esto primero lo hace un profesional
pero luego el paciente se puede autoinyectar- en los cuerpos
cavernosos del pene. Se utilizan agujas muy pequeñas, de insulina,
por lo que resultan prácticamente indoloras. Las más usadas
son: Papaverina, Fentolamina y el Alprostadil (es la prostaglandina
E1 semisintética). Esta última es la que mejor índice
de seguridad tiene y la que menor porcentaje de priapismo
produce (alrededor del 1%). Tiene la ventaja de ser una sustancia
que está presente fisiológicamente en los cuerpos cavernosos
y su metabolismo es intrapeneano; por este motivo su efecto
sistémico es ínfimo ya que pasa a la circulación general sólo
el 5% con la consecuente carencia de efectos secundarios a
distancia y sin daño hepático. Dado que su vida media es corta,
en el período posterior a su aplicación el Alprostadil
se metaboliza rápidamente casi en un 90% de lo inyectado,
lo que disminuye la aparición de fibrosis cavernosa, hecho
común a otras drogas vasoactivas. Su empleo debe estar precedido
de estudios y exámenes previos. Pueden producir una erección
de 1 a 2 horas, aunque hay casos donde hemos observado un
efecto posterior de mejora en la erección. Todavía no está
muy establecido si esta acción residual se debe a un hecho
psicológico luego de que el paciente vio su pene erecto nuevamente,
a veces después de mucho tiempo, o por una mejora de la irrigación
sanguínea. Uno de los riesgos con las drogas intracavernosas
es la aparición de fibrosis y de priapismo (erección prologada
más de 4 horas, a veces con dolor) y en ese caso debe
intervenir un especialista.
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