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La realidad para cada
varón parte de su individualidad. No hay un rendimiento estándar
para todo el mundo. Lo primero que debería preguntarse un
individuo es cómo sería su respuesta personal frente
a determinada situación erótica. Si vive obsesionado
por seguir un modelo de fábula terminaría dándole
más importancia a aquello que lo acerca a ese ideal que a
sus verdaderas posibilidades. Estos planteos aparecen con mucha
frecuencia en la clínica. Un ejemplo es el de un adulto que
podría sentirse satisfecho con una o dos relaciones sexuales
por semana, pero se exige alcanzar tres o más, siguiendo
un patrón ajeno a él mismo. Otro caso común
es el que no acepta el transcurso de los años y pasada la
barrera de los 40 pretende una respuesta sexual idéntica
a la que tenía diez o veinte años atrás; es
el que piensa: "no sé lo que me pasa, ya no soy el
de antes, ahora necesito que mi mujer me estimule para erectar",
dicho de una manera dramática y no como un aspecto hasta
si se quiere favorable (un paciente se lamentaba: "no puede
ser que mi señora me tenga que manosear"). Es interesante
que en las consultas se observa con alarmante frecuencia que los
pacientes mayores de 50 suelen decir que no los estimulan -ni lo
hacen ellos- con contacto directo en los genitales, y recuerdan
con nostalgia que antes no necesitaban de ser tocados. En
esto la fisiología no se deja mandar: los varones -con el
paso de los años- van a necesitar mayor estímulo en
la zona genital, durante más tiempo y de manera más
vigorosa. En pocas palabras: es una impotencia por falta
de estímulos.
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