Apuntes sobre el masoquismo

"No existe ninguna sensación que sea más activa,
más incisiva que la del dolor."
Marqués de Sade

"...un sádico es siempre un masoquista
al mismo tiempo."
Sigmund Freud

Si bien con poca frecuencia suelo recibir a pacientes  que sólo llegan al placer o al orgasmo mediando prácticas masoquistas, algunos recurren a sus propias parejas o van con mujeres o varones pagos, con gente ligada a la prostitución para ser "disciplinados"; en general se da mayoritariamente en varones. El término masoquismo define el placer sexual asociado con el deseo de recibir dolor, humillación o dominación; este término fue descripto por el médico alemán Kraft Ebbing, tomándolo del apellido de un profesor de Historia y luego devenido novelista, el austríaco Von Sacher Masoch que escribió varias obras de tono masoquista, de las cuales la más famosa es "La Venus de las pieles": allí cuenta que se hacía castigar por una dama envuelta en pieles.

  • Pedro, 28: sólo disfruto cuando estoy con una mujer y con ella realizo prácticas humillantes para mí, ¿esto es normal?

  • Livia, 36: ¿es cierto que las mujeres somos más proclives al masoquismo psicológico?

  • Gabriela, 30: ¿Cómo es posible que alguien sienta placer sexual cuando una mujer le orina o le defeca encima?

  • Silvina, 41: me gusta que mis amantes me aten a la cama y me pellizquen fuerte hasta sentir dolor. ¿Esto se considera perversión?

  • Franco, 25: ¿los castigos corporales son considerados como una desviación sexual?

En su vida personal Sacher Masoch no pudo desprenderse de una experiencia vivida cuando tenía 10 años al contemplar una escena en la cual una tía suya hacía el amor con su amante. Desde un escondite, quizás un armario, también presenció la llegada del marido a quien la mujer castigó con un látigo por su intromisión (me imagino a la mujer diciéndole al marido, mientras lo disciplinaba: "imbécil ¿cómo te animás a incomodarme y molestarme entrando así a la pieza?"). Desgraciadamente para el joven Masoch también fue descubierto y flagelado con el mismo látigo, quedando fijado a esa etapa infantil viendo detenido así su desarrollo sexual normal.

Podemos hallar los primeros registros históricos de estas prácticas en la Roma Imperial, como en los escritos de Juvenal en su "Sátira VI". El escritor Petronio, en su "Satiricón", relata la utilización de la flagelación como tratamiento contra la impotencia: cuando el joven Encolpio, aquejado de dificultades en la erección, consulta con la sacerdotisa, ésta le propone flagelarlo con ramas de ortiga (con fama de afrodisíaca) mientras sería penetrado con un olisbos (falo de cuero) untado en aceite de oliva. Encolpio huye espantado curándose así de su impotencia (cómo se verá se transitó mucho camino hasta llegar al Viagra).

El primer intento sistemático de explicar el castigo como estimulante de la sexualidad fue planteado por el médico alemán Meibom, cerca del 1600, en un tratado llamado "Del uso de la vara en la cosa venérea y en el oficio de los lomos y de la riñonada" donde indica que "los azotes debían aplicarse en las nalgas, porque de esta manera se transmitía calor a las zonas productoras de semen, el que vigorizado descendía hacia el pene produciendo su erección".

Con tristes similitudes hace un par de años atendí a un paciente con disfunción eréctil al cual,  un supuesto "médico oriental", le había puesto “una cajita con abejas aplicada en la espalda, dado que las picaduras producirían calor hacia las partes delanteras”. No le creí al paciente hasta que vi las picaduras en la zona lumbar: ¿un caso de sadismo del falso profesional combinado con masoquismo e incredulidad (o desesperación) del paciente?

Volviendo al 1600: en esa época la flagelación invade la vida erótica europea y se la llegó a llamar “el vicio inglés” (aún hoy se debate en algunos colegios ingleses el hábito de flagelar o no a los alumnos castigados). Fue, precisamente, en Inglaterra donde se crearon establecimientos destinados a la flagelación, a los que concurrían los más encumbrados personajes del país. Durante el período de la Regencia (siglo XIX), el más conocido fue el dirigido por Teresa Berkeley la cual, además de sus habilidades personales, ofrecía una máquina como el "caballo metálico" inventada para "torturar caballeros".

Rousseau, en las "Confesiones", plantea su obsesión de generarse placer siendo flagelado. Si bien es cierto que algunas personas necesitan ser castigadas y golpeadas físicamente para lograr el goce, hay muchas otras que procuran verse humilladas y sometidas, configurando extraños y complicados rituales dignos de la mejor ficción literaria del marqués de Sade quien, en sus obras –y en su vida-, inmortalizó muchas de estas fantasías o ceremonias masoquistas. Es cierto que con más frecuencia esta práctica de recibir castigos corporales es más frecuente en varones y que la mujer, como dicen algunos investigadores, es más proclive a un "masoquismo emocional".

¿Recuerdan el film "Saló, o los 120 días de Sodoma", de Passolini; algunos films de Buñuel y de Fellini; o "El Angel azul", donde Marlene hace sufrir al viejo profesor?

Esta necesidad de denigración y vejámenes, cuando es constante y excluyente como práctica sexual desviada (parafilias) suele connotar características neuróticas relacionadas con la culpa y entroncadas con los vínculos de la infancia.

F., 32: yo le presto servicios especiales, mi cliente tiene 40 años, es bastante obsesivo, solterón, vive con la madre aunque ella está en el piso de arriba. Le encanta que lo ate mientras está vestido con robe, pijamas y pantuflas. Me pide que le de chirlos en las nalgas, que le arranque el vello del pubis; además le encanta masturbarme cuando estoy con la menstruación, y siempre lo hace con el mismo ritual, inmutable.

F, 32: otro es un ejecutivo, de 32 casado, 3 hijos: me  besa y lame los dedos (tengo que estar en zapatos con dedos descubiertos). Me dice siempre: “ama: habla el esclavo” ....“mándeme a limpiar”.  “Quiero que seas brusca conmigo”.. ...”tuve una pareja alemana, punk, que me molía a palos, me pegaba con el cinto con tachas...me gustaba”. Con la esposa, según él, no hace nada más que lo habitual. Conmigo quiere una imagen femenina sádica, que lo discipline, que le pise los dedos, que le ponga broches de la ropa en los pezones, que le escupa la cara y le pegue patadas en la cola, insultos, masturbación con mucha fuerza hasta doler.

Comunicaciones personales de una "escort"

En muchos de estos casos cuando traen aparejadas serias limitaciones entorpecen las relaciones afectivas de un individuo las psicoterapias (psicoanalíticas o con técnicas conductuales o de PNL, suelen remover estos traumas y fijaciones. Si ostentan características compulsivas, con riesgo físico o con gran daño emocional, y donde lo tanático vence a lo erótico es necesario, además, medicarlos con distintos psicofármacos.

* Para este artículo se extrajeron párrafos del libro "Sexualidad en la pareja", de Sapetti - Rosenzvaig (Editorial Galerna)

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