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La sexología moderna
no afirma que hay que masturbarse ni que el que no
lo hace es un reprimido. Las creencias religiosas tienen
vigor y, por otro lado, muchas personas no necesitan hacerlo
porque se encuentran sexualmente satisfechas. "Pero
se debiera aceptar que, aquel que lo desee, por insatisfacción,
necesidad o alternativa, pueda masturbarse sin culpa ni temores"
(Sapetti-Kaplan, op. cit.). En realidad la masturbación
ha sido impulsada por los grupos gay como una manera
de frenar el avance del SIDA lo que trajo grandes polémicas
con los grupos conservadores y puritanos. En el fondo se trata
de reprimir el placer pero no sea que ocurra algo similar
a lo que contaba Umberto Eco en El nombre de la rosa que
en el medioevo algunos monjes pretendían prohibir la risa
porque eso era una búsqueda insensata del placer y "ofendía
a Dios". A lo cual otros, sabiamente, le respondían que
si Dios había inventado la risa (o el placer) era para disfrutar
de ella.
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