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Nota
del editor: quise publicar esta carta, de
un consultante, porque en ella se describen -con claridad,
emoción, ternura o crudeza- varias de las situaciones recurrentes
y arquetípicas de la vida sexual de los varones: la escasa
comunicación con los padres, la desinformación, el complejo
del pene pequeño, las vivencias traumáticas en el debut, la
masturbación, las prostitutas. La primera relación amorosa.
La ansiedad por el rendimiento, el miedo al fracaso, la impotencia
situacional, la eyaculación precoz. Creo que muchos se sentirán
identificados y a las mujeres les servirá para comprender
el verdadero "camino del héroe" (en un sentido junguiano)
por el cual un varón va transitando su vida sexual. Los nombres
han sido cambiados.
Dr. Adrián
Sapetti
MI HISTORIA
SEXUAL (Ricardo)
Comienzos
Mi historia
sexual, según tengo memoria, comienza allá por los seis años.
Me vienen recuerdos de lo que podríamos llamar fantasías sexuales
a través de las que creo tenía mis primeras erecciones. Era
algo muy placentero, sentía como que algo se me subía a la
cabeza, pero no lo podía manejar muy bien. La búsqueda se
basaba en transgredir, que por ese momento eran cosas como
imaginarme que por alguna catástrofe climática (gran temporal),
nos teníamos que quedar en cuarentena en la escuela -todo
cerradito, bien seguro-. Entonces, por un lado, se iba acumulando
la materia fecal en los baños, venía una limpiadora y decía
esto es un asco, qué barbaridad y, por el otro,
creo que ya un poco más grande, era una forma segura de estar
todo el tiempo junto a las chicas que me gustaban. Otra transgresión,
relacionada con la pulcritud, era levantarme a la noche, descalzo,
ir hasta la cocina y comer ansiosamente, o tomar un vaso de
leche fría, como lo hacía mi papá, que ahora que lo pienso
era justamente el típico refrigerio que él siempre se tomaba
luego de tener relaciones (leche, agua). Ahí me venía una
erección.
Pero entonces
mi madre me lleva al pediatra. Cuando el médico me desnuda,
empiezo a tener una erección y él me lo remanga. Todavía no
tenía todo despegado el cuerito, entonces siento un intenso
dolor y me asusté. Recuerdo que me quedó doliendo por un tiempo.
Después, cuando
creo que tenía 9 años, mi amigo el gordo Néstor, en verano,
de vacaciones en el barrio, me empieza a comentar el tema
de que el hombre y la mujer se unen, se buscan y me explica
de un modo que no pude entender bien cómo era una penetración.
Creo que al mismo tiempo que me contaba la penetración y el
tema de la relación sexual me explicaba también el tema de
la virginidad y no terminaba de entender. La paradoja era
la mezcla de dolor y placer. Y por supuesto, el usar los órganos
de desecho para eso. Me resistía a creerle, porque
era algo que en casa no me habían enseñado.
Quedé muy
confundido y turbado, y después de un tiempo lo hablo con
mi vieja. No sé bien cuánto pasó, por ahí incluso fue el mismo
día. Grande fue mi sorpresa cuando mi vieja quedó como descolocada,
yo le fui con algo como mirá la boludez que me comentó
el gordo pero ella no es que se murió de risa y me dijo
qué boludez!. A partir de ahí ella me comienza
a dar educación sexual. Mi viejo, ausente total, como siempre lo ha
sido conmigo en este tema.
Confesiones
/ Confusiones
El asunto
es que mi vieja me educa sexualmente pero de una manera tal
que las cosas quedaron como si fuesen un tema tabú, un tema
de grandes, un tema que definitivamente no me resultaba placentero.
Por lo tanto me fui mentalizando inconscientemente, creo yo,
en que así era el relacionamiento con las mujeres. Ese conflicto
siempre me quedó. Recuerdo que durante una charla con mi vieja
- que llegó virgen al matrimonio- le pregunto ¿y qué
sentiste? (curioso para ver lo bueno que era) y me responde:
dolor. Un desastre. ¿Cómo me va a gustar algo
que genera dolor, en mí y en mi pareja? Entonces venía a mi
habitación y me decía por ejemplo tu primo Alberto ya
tiene relaciones sexuales, con sus amigas. Y yo no terminaba
de confundirme. Por un lado mi primo Alberto tenía licencia,
por el otro con amigas, no con una novia, y ella
se casó virgen... ¿Y yo cuándo tendré licencia? Otra vez charlo
con mi vieja el tema de que podría ser placentero pero estaba
el riesgo del embarazo, y me dice que para eso usan preservativos,
a lo que yo le digo "pero se pueden pinchar" y ella
me dice y, algún riesgo tenés que correr. Otra
vez, correr riesgos para algo que te duele, algo que hay que
hablar en secreto. Había en su discurso una postura de que
el sexo es tabú más que placentero.
Ahora veo
que me jodió mucho, pero mucho, el no haber podido hablar
con mi viejo. Mejor dicho, el que mi viejo no haya querido
nunca, hablar de sexualidad conmigo. Recuerdo que, cuando
ya tenía 15 años, o 14, entre los chicos nos comentábamos
cosas como los aprietes, y nos fuimos al
parque y nos chuponeamos. En realidad yo tan sólo escuchaba
y gesticulaba con la cara como si también tuviese experiencia.
Entonces un día, sin muchas esperanzas, lo agarro a mi viejo
y le pregunto che, papá, cuando vos invitás a salir
a una chica, que hacés? Y, la sacás a pasear,
van a tomar un helado. Ah, y nada más?,
Y... salen a pasear, van al cine Y nada
más? Y... la llevás a bailar, Bueno,
gracias. Está claro que fue un intento, el único que
yo recuerde, que tuve de pedirle a mi viejo papá, por
favor, no me animo, veo que los chicos andan con chicas, las
aprietan, las chuponean, pero yo no encuentro la forma, no
me animo, no sé qué decirles, cómo decirles para que se arreglen
conmigo, no me animo a decirle de ir al parque y apretarla.
Adolescencia
Después viene
mi adolescencia. Recuerdo la primera clase de educación física
en el primer año del colegio secundario. Todos juntos en las
duchas muertos de risa, a los gritos, masturbándose. Yo estaba
totalmente desorientado o, mejor dicho, asombrado. Definitivamente
no se me paró. Por el contrario, se me encogió, al punto de
que me quedó un "conito chiquitito" todo arrugado
que era la piel del pene. Y veía los "terribles aparatos"
de los que se estaban masturbando o que sin hacerlo lo tenían
casi tan largo como cuando a mí se me paraba (yo desde ese
momento supe que mi problema era que tenía el pene retráctil
y ellos no, porque el largo de sus penes erectos era como
el mío cuando lo tenía erecto). Sentí que me miraban con sonrisa
socarrona, me llamaban para que los mire de frente, y luego
se reían entre ellos. Al fin el traga de la división
tenía algo en lo que no era bueno, era un maní quemado.
Recuerdo que un compañero que había hecho la primaria conmigo
viene a mi lado y me dice pero Ricardo, tenés un pitulín.
Fue terrible.
Por más que después comencé con la masturbación
en las duchas como los demás, el trauma
del pito corto nunca me abandonó. Todavía hoy
lo tengo. A partir de esa experiencia y el no poder charlarla
con mi viejo, mucho menos con mi vieja, y no me animaba a
charlarla con mis amigos, me quedó eso de que la tengo demasiado
corta como para encarar a una mina. Ponele que me la
levanto, la llevo a un parque, la chuponeo y todo. Algún día
la va a ver tan chiquita que se va a cagar de risa, o no va
a sentir lo mismo que con Héctor o Fernando. Y entonces
llegaba a casa, me ponía frente al espejo y me decía pero
no es tan chica, no es chica. Y así comencé a masturbarme,
masturbarme y masturbarme.
Como todo adolescente. Después comencé a eyacular y ahí empecé
a sentirme más hombre. Pero igual el tema del pito corto ya
lo tenía tan incorporado que aún así no me animé a encarar
chicas.
A todo esto
mi vieja seguía asentando la confusión. Un día que andaba
medio tonto le digo que la pomada del acné me traía ojeras
y me dijo lo que pasa que a los adolescentes habría
que atarle las manos... no me hagas hablar!!.
Otra vez, tratando de hacerse la piola, me muestra que había
manchas en mis sábanas que no salían. Eran obviamente manchas
de semen mío. Pero el tema era el tono con que me lo decía.
Buscaba que me sintiera culpable.
Verónica
Luego aparece
Verónica... pero tenía novio. Me re-enamoré de ella. Ella
de mí. Lo supe porque encontré en su banco escrito su nombre
y abajo el mío, con la letra de ella. Pero tenía novio. Y
seguro que ese la tenía larga. Si la encaraba nos íbamos a
agarrar a trompadas y me iba a ganar, porque siempre fui cagón
para agarrarme a trompadas. Así que seguí junto a ella, todo
el tiempo. Como era una de las más lindas de la clase, y yo
no era nada feo, me dio fama y era uno de los más suspirados
de 3er grado. Pero igual no me levanté a ninguna, no me animé
a encarar a ninguna de las que suspiraban por mí. Y las había
y muchas. Me gustaba Vero, pero tenía novio.
Me acuerdo
que se la presenté a mi amigo el gordo Néstor, aquel que me
comentó cómo eran las relaciones sexuales, y quedó más desnucado
que yo. Vero era linda, atractiva, magnética, audaz, inteligente,
vivaz, activa, llena de energía. Un día me invitó a su casa,
estaba con una amiga que tenía fama de rápida
y con el hermano menor. Me la (o las) pude haber apretado,
o haberla sacado a pasear. Pude haberle ido de frente me
gustás y me importa un carajo que tengas novio. Pero
tenía miedo que el novio me pegue. Además quién era yo para
andar robando una novia. Y encima, seguro, que la tenía más
corta que el novio.
Y así tuve
alguna que otra experiencia fallida en conquistar a alguna
chica. En ningún caso llegué siquiera a un beso en los labios
o una caricia. Cada vez que pasaba el tiempo, se suponía que
tenía que tener más experiencia y yo cada vez tenía menos.
A los 16 me
mudo con mi familia a la Capital. Sumado al tema del destierro
y el cambio de culturas, me toca ir a un colegio de varones.
O sea que la única posibilidad que tenía para relacionarme
con mujeres ahora no la tenía. Fue un año terrible. Por suerte
fue el único porque después pasé a la Facultad. Pero durante
ese año, mis compañeros me limaron bastante. Y pasó algo clave:
me llevaron a debutar.
El debut
Éramos un
grupo de 7 u 8 y un amigo que vino de Uruguay andaba con ganas
de ponerla. Nadie me creyó que ya no era virgen, así que me
siguieron la corriente y nos fuimos todos a un sauna donde
no pedían documento. Estaba muy nervioso, pero el entorno
no me resultaba muy presionante. Mis amigos me comenzaban
a explicar cómo era el procedimiento e iba todo
bien. Demasiado bien. En eso veo a una mina que me gustó y
me le acerco para decirle de pasar y me dice,
esperá que ya voy. No la escuché porque me había
puesto muy nervioso. Entonces me quedo por ahí y después la
mina me llama, no la oigo y me avisan mis amigos. La mina
me dice en voz alta estabas tan desesperado y ahora
no venís?. Ya empezamos mal. Fue el comienzo del desastre.
Entramos en el cuarto y la mina dice esperá que voy
a buscar un trapito. La presión que sentí por eso fue
terrible. La mina vuelve, y siguiendo el consejo de mis amigos
le cuento que soy virgen. Ay, yo a los vírgenes les
tengo terror... Demás está decir que cuando me la empezó
a chupar no se me paraba. Encima la turra me la chupaba dos
o tres bombeadas y escupía. No se me paró ahí, se me puso
arriba y la puse con el pene fláccido. Me dolieron sus huesos
contra los míos. Me sacó la ficha de pase y yo me quedé mal.
Salí con una cara que no era precisamente de haberla pasado
bomba. Pero me quedé con el secreto y para mis amigos ya había
debutado. Misión cumplida.
No sabía con
quien charlar del tema. Tenía 17 años. Lo encaro a mi primo
Alberto y me preguntó si lo había hablado con mi vieja.
Le dije que no y me contestó que menos mal, porque era un
tema mío y no tenía por qué hablarlo con ella. Independientemente
de lo que él opinase, difícilmente lo iba a hablar con ella.
No me ayudó mucho, salvo que me dijo que eso puede pasar,
que el nerviosismo pudo haber influido mucho y la mina también.
Pero unos días mas tarde, mi tío Cachirulo, que yo siempre
quise mucho me invitó a almorzar y sin que yo le diga nada
me empezó a hablar del tema. La verdad, ahora que lo pienso,
Cachirulo fue una de las personas que más me ayudó, porque
fue sincero conmigo y partía comentándome sus experiencias,
sus miedos. Pero fueron un par de charlas breves.
Después viene
mi real debut. Tenía 19 años y a partir de un test vocacional
que me hice durante el primer año de facultad, la psicóloga
detecta que me vendría bien que haga una terapia breve de
asentamiento. Pidió hablar con mi vieja y me consiguieron
un analista. Con esa ayuda pude finalmente armarme de coraje
y volver a intentar tener relaciones. Resulta que el gordo
Néstor había venido a probar suerte a la Capital y como todo
hombre andaba con sus necesidades y entonces me llevó a un
sauna donde él iba. Como estaba lleno tuve que estar al palo
viendo los videos porno hasta las 5 de la mañana, cuando sólo
quedamos él y yo como clientes. Al final me tocó una genia.
Se puso muy tierna y me vinieron ganas de hacerle sexo oral
(qué locura...), y actuaba como si estuviese loca de placer.
Me la chupó y luego la penetré. Me costó llegar a la erección
y luego eyacular. Recuerdo que me había desconcentrado (consejo
del gordo) y me costaba volver a concentrarme. Finalmente
me vuelvo a reconcentrar con la imagen que había visto en
el TV del salón de un negro con un falo enorme a punto de
penetrar a una mujer medio tímida que se lo empieza chupar
como la última vez. Ahí vino de golpe la eyaculación.
Me fui muy
copado, ¡había debutado esta vez!
Después fui
solo un día de semana, como me había dicho la mina, y la encontré.
Esa segunda vez fue bárbara. Ahí no hizo falta pensar en el
negro, pero no terminaba de eyacular y me tuve que masturbar
unos segundos para poder llegar a eyacularle adentro. La mina
ya me estaba empezando a despachar, pero por suerte no le
di bola, me concentré y pude llegar a la sensación preorgásmica,
la penetré de nuevo y eyaculé. Fue bárbaro. Recuerdo que me
quedé sin plata y tuve que pedir por la calle monedas para
volver a casa en colectivo. Sentía un alivio, una descompresión
que nunca había sentido antes.
Otra vez fui
de nuevo y no estaba esa mina. Enganché por descarte a una
que vi, después de estar un tiempo, y recuerdo que me la chupó
como nunca antes. Me dice luego bueno, ahora la vamos
a poner y yo estaba tan caliente que la penetré con
ganas. Ahora recuerdo que no hubo ningún tema de eyaculación
precoz.
La impotencia
Luego vino
una sucesión de episodios de impotencia
con prostitutas mañeras que decían ¡ay! cómo me duele
la cabeza. Me jodía, la verdad. Después fui a llevar
a un chico conocido de la familia que vino de visita al sauna
donde intenté debutar la primera vez, y me enganché con una
mujer que hacía poco que trabajaba de prostituta. Estaba nerviosa.
Me tomó de la mano, me dio un piquito. Físicamente era atractiva.
Pasamos y al principio, mientras me daba sexo oral, no me
venía la erección. Pero ella siguió. Y poco a poco se me empezó
a parar. En eso la miro y creo que digo ahora sí
y ella, con voz caliente, me dice ahora ponela.
Se acuesta y la penetro. Fue una relación bárbara. Recuerdo
que sus pezones estaban excitados. Me hubiese gustado volverla
a ver.
Después seguí
con el tema de la impotencia intermitentemente. El tamaño
me jodía, la actitud cruel de las minas jugando con mis presiones,
me jodía más. El problema era que perdía la erección una vez
que penetraba. Empezaba todo bien con el sexo oral, pero cuando
había que penetrar, se me iba la erección. Y tenia que terminar
masturbándome.
Recuerdo una
vez donde una prostituta me ve recaliente y tenía una erección
bárbara. Luego de darme sexo oral, se sienta arriba mío y
me dice esperá, cuidado, a ver, así.. era que
me estaba dando la cola. Pues bien, aún en esa sesión se me
fue la erección al penetrarla vaginalmente. Recuerdo que me
dijo al principio estabas re-caliente, ponete las pilas
porque una mina con un tipo así no dura mucho en el nido.
Pero me lo dijo de onda. Y así, a los tropezones llego a los
25 años. Si di algún chupón (creo que no) fue a alguna prostituta.
Marcela
Aparece Marcela.
Era amiga de una prima, un par de años mayor que yo. A ella
le gustaba desde hacía un tiempo y un buen día le dice a mi
prima que no sabía como manejar el tema pero que quería salir
conmigo. Me costó animarme pero a la tercer salida nos
comenzamos a abrazar y besar y le acaricié los senos. Luego
me costó invitarla a tener relaciones. Nos recalentábamos
besándonos y acariciándonos. Hasta que un día le dije si quería
tener algo más y entonces a la siguiente salida preparó en
su casa una cena especial quedando en claro que ese día lo
íbamos a hacer. Venía todo bárbaro hasta que cuando empezamos
a desvestirnos me dice prefiero abajo, como si
yo fuese el cogedor del siglo. Eso me jodió. Tuve de vuelta
el problema de impotencia.
Pero ella lo manejó bien, empezó a acariciarme, a hablarme
suave, y empieza con el sexo oral. Me enloqueció, porque no
me imaginaba que con una mina legal podía hacer
todo eso. Comencé a hacerme a la idea de sacarme
todos los gustos con una mina legal, me vino la erección y
tuvimos la relación sexual.
A partir de
ahí nunca más tuve problemas de erección. Por el contrario,
hay veces donde desearía no tenerlas porque se vuelve molesto
andar al palo en un ámbito de trabajo o en una reunión familiar.
La segunda
vez con Marcela fue la primera donde lo hice más de una vez.
No me creía capaz de hacerlo y estaba chocho. Algo que siempre
me pasó con Marcela era que ella me colocaba el pene en la
puerta de su vagina y luego yo la penetraba, porque me costaba
encontrar el hueco. No me animaba a estimularle el clítoris,
de hecho no sabía muy bien dónde quedaba ni todo eso. No obstante
nuestra sexualidad fue creciendo y haciéndose divertida. Pero
ella quería tener relaciones una vez por semana como mucho
y yo quería más. Luego vinieron diferencias de estilo de vida
o de filosofía de vida y yo no me sentía más enamorado de
ella y fui cortando la relación.
La mina
del boliche
Al poco tiempo
fui a bailar a un boliche con un amigo. Buscando compañera
veo a una mujer que de golpe me atrajo inexplicablemente y
la invito a bailar. Acepta. Hoy es mi esposa.
A esa altura
estaba más seguro de mí mismo. Si bien no hacía terapia (ya
lo había intentado dos veces) me sentía bien conmigo mismo.
El asunto
que finalmente me di el gusto de levantarme una mina en un
boliche y apretarla esa misma noche. Después seguimos saliendo
y luego de unas salidas muy intensas fuimos a un telo. La
primera vez con ella fue divertida y coincidimos que fue lo
que definitivamente nos enganchó. Yo no tenía mucha experiencia
en hoteles. Primero me perdí, no encontraba el telo y estuve
dando vueltas como media hora. Luego casi choco en el estacionamiento,
después entro al cuarto y no cierro bien la puerta, con lo
que mientras ella estaba en el baño se corta la luz. Ricardo
la luz!, fue su grito. Me llaman de recepción, me explican
y asunto solucionado.
Tuvimos una
sesión bárbara. Recuerdo que quedamos bañados de sudor. Lo
hice una vez y media. Me sentí satisfecho y en ella pude ver
una mirada de deslumbramiento que nunca había visto antes.
Fue un metejón impresionante.
Seguí con
esa aceleración y comencé a tener eyaculación
precoz. No le daba importancia porque luego lo hacíamos
un par de veces más y sumado a que lo realizábamos varias
veces por semana, aún la primer relación de cada sesión era
duradera.
Esa aceleración
me impidió pensar. Y a los cinco meses le estaba proponiendo
matrimonio. Nos casamos al año. Nuestras relaciones fueron
sexo oral ella a mí, la mayoría de las veces, y luego penetración
en la posición
del misionero. Cada tanto me venían ganas de probar
alguna otra pose. Lo que conseguí fue que cada tanto lo hiciésemos
tipo rana: ella arriba mío apoyada sobre mi pecho.
Me quedé con
ansias de hacerle sexo anal, y es el día de hoy que me quedé
con las ganas así de poses como cucharita, perrito, patita
al hombro, en un sofá, en una silla, en una ducha o en un
telo en un jacuzzi, sexo oral hasta la eyaculación, etc.
Con Mónica
sentimos que nunca pudimos comunicarnos realmente. A veces
siento que con Marcela me entendía mejor que con ella.
Desde que
tuvo familia, he notado una bajada significativa en su deseo sexual. De ser por ella no sé cuánto estaríamos sin hacerlo,
pero fácilmente semana de por medio. De ser por mí, me gustaría
poder hacerlo una vez entre semana, sábado y domingo. Hoy
por hoy, cuando no está indispuesta ni tiene ningún problema
vaginal, lo hacemos una vez (un único coito) por semana. Es
muy breve, generalmente eyaculo precozmente ni bien la penetro
(creo que no resisto 10 bombeos).
Hoy
Hace poco,
a raíz del interés en tener de una buena vez la sexualidad
que nunca tuve, comencé a excitarla como estuve leyendo en
promedio le gusta a las mujeres: gradualmente, tiernamente.
Luego le di sexo oral prolongadamente, hasta que me pidió
por favor que corte porque ella iba a acabar y le digo pero
bueno, después acabás otra vez y mi mujer: no,
no me gusta. O sea que no es multi-orgásmica. Si bien
la excité mucho, no la volví loca. Luego me lo empieza a dar
ella a mí. Sentía mi pene inmenso, con una erección espectacular.
Veo a ella succionarme con ganas, con muchas ganas, olvidándose
de que cuando me da sexo oral en serio, eyaculo enseguida.
Y justo, me fui enseguida, ni bien vi esa imagen. Eyaculé
un montón, en mi mano, puesto que ella no le gusta en la boca
y lo presiente con los latidos. Ella quedó muy excitada y
me pidió que la penetre. Lo hice y con la excitación que tenía
logré mantener un poco la erección y así llegó al orgasmo.
Me puse mal, porque una vez más no pude mantener una relación
sexual como me gusta, llevando el nivel de excitación de ambos
a niveles que hacía tiempo que no teníamos, si es que alguna
vez los tuvimos.
Y aquí estoy, dándome cuenta que fui muy reprimido sexualmente,
un poco asustado con eso de que a los 40 no se me va a parar
como antes y entonces con ganas de aprovechar el tiempo que
me queda y poder controlar mejor mi eyaculación.
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