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Por Andrés
Flores Colombino
Cuadernos de Sexología Nº 7, 1988
INTRODUCCION HISTÓRICO-CONCEPTUAL
De
todos los temas sexuales, el de las parafilias tal vez
constituya uno de los que más curiosidad e interés haya
despertado en todas las épocas de la humanidad.
Las “relaciones
sexuales prohibidas” son mencionadas en las Epístolas
de San Pablo en cuatro oportunidades: Corintios 6:9 y
6:19, Timoteo 1:10 y Hebreos 13:4. Ya en el Viejo Testamento,
en el Levítico, Capitulo 18;22, se hace mención a la homosexualidad,
a la zoofilia en el 18:23 y al incesto
en el 18:6. En el Deuteronomio se hace referencia
al travestismo masculino y femenino en 22:5,
Y volviendo a las Epístolas, San Pablo vuelve sobre la
homosexualidad en Romanos 1:24, Corintios
6:10 y Timoteo 1:10, sobre los “afeminados”
en Corintios 6:9. Yavé habla de actos sexuales “infames,
“abominables”, “maldades”, “actos pecaminosos”, “costumbres
horribles”. Es decir, las parafilias y variantes sexuales
no son problemas nuevos para el ser humano.
Platón afirmaba
en “La República” (41): ¿No tendrás –refiriéndose al papel
de jueces u médicos- que establecer en la ciudad, junto a
la judicatura, un cuerpo médico de individuos ... que cuiden
de los ciudadanos, que tengan bien constituido cuerpo y alma
pero, en cuanto a lo demás, dejen morir a aquellos cuya deficiencia
radique en su cuerpo o condenen a muerte ellos mismos a los
que tengan un alma naturalmente mala e incorregible?”. Y en
“Política” (42), sigue: “Si hay caracteres a los cuales sea
imposible comunicarles energía, la temperancia y todas las
otras inclinaciones virtuosas y que el furor de una mala naturaleza
lleve, por el contrario, al ateísmo, a la desmesura y a la
injusticia, ella (la ciencia real) las eliminaría mediante
sentencias de muerte o de exilio o por castigos infamantes”.
Según Saurí (50), estas afirmaciones ubicaron las conductas
desviadas en el plano ético del cual no se apartó durante
largos siglos.
En la Grecia
clásica, completa Yampey (54), la idea de perversión
abarcaba tres áreas: el social, en cuanto transgresión
a la ley, el religioso, en cuanto sacrilegio, y el
médico, en tanto expresión de enfermedad. Con el tiempo,
cuando lo sagrado pasó a ser en gran parte lo moral, la perversión
se confundió con el vicio. En el siglo XVIII, a influjo del
Iluminismo, la perversión se redujo al campo médico, privativo
del sujeto. A fines del siglo XIX, se la integró al dominio
de la psiquiatría, por obra de Krafft-Ebing.
Y aunque Kaan
ya había hecho referencias a las “Perversidades Sexuales”
en una publicación del año 1846, fue el médico psiquiatra
y forense Richard Von Krafft-Ebing quien publicó en 1886 su
monumental “Psicopatía Sexualis”(28), en latín para que la
clase académica de la época fuera la única en acceder al libro.
En pocos años, sin embargo, tuvo más de 12 ediciones en casi
todos los idiomas conocidos. Pues estudió, con historias clínicas
detalladas, numerosos casos de las llamadas “psicosis sexuales”
o “aberraciones sexuales” o “degeneraciones sexuales”. Crea
la Medicina de las Perversiones y denomina estas “desviaciones”
con nombres propios: masoquismo, sadismo, por ejemplo. Da
al estudio de los temas sexuales, a través de las aberraciones,
el carácter de materia respetable.
Las palabras
“perverso” y “perversión” se incorporan al léxico común y
permiten el estudio de la sexualidad desde ángulos escabrosos,
excepcionales, poco frecuentes, acordes con el interés púdico
y malsano de quienes, por la vigencia del tabú, veían en la
sexualidad la semilla de la maldad. Pero el hecho es que habilitaron
el estudio de la sexualidad, pues aunque las enfermedades
que denunciaban y calificaban moralmente, no eran respetables,
su estudio lo era.
“Perversión”
es una palabra que califica moralmente, pues significa error,
corrupción, maldad, vicio, perturbación, depravación. El perverso,
dice Chazaud (11), “es aquel cuya alma se ha vuelto hacia
el mal”. Perturba el orden y el estado de las cosas y apunta
contra la naturaleza: sus inclinaciones son desnaturalizadas.
La psicopatología
aprovechó y utilizó estos términos. Y aunque en un principio
los confundió con la “locura moral”, luego, por designios
semánticos, perversidad vino a significar desequilibrio
psíquico y perversiones, las desviaciones en las prácticas
y modos de obtención del placer sexual.
Se pasó del
concepto teológico-moral al de “anomalía de la satisfacción
del placer”. Esta satisfacción es desenfocada, fuera de la
“moral natural”, es un placer “contra natura”. Conserva, pues,
el carácter de un juicio de valor.
El Psicoanálisis
adoptó el concepto de perversión, pero lo despojó de su carácter
escandaloso e inmoral y le otorgó el carácter de infantilismo:
el placer perverso es el retorno o regresión, o el mantenimiento
o fijación, de una práctica sexual infantil.
El término
perversión no es utilizado en Sexología, y quedó destinado
para uso exclusivo del psicoanálisis que lo comprende en su
contexto, y de la Psiquiatría clásica, no de la moderna, así
como de la Medicina Legal no actualizada, que siguen utilizando
el término, a nuestro entender, en forma equivocada y acrítica.
EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE PARAFILIA
El término
Parafilia, aunque se construye con dos palabras griegas, es
el adoptado en las Clasificaciones actuales de los trastornos
psicosexuales a fines del siglo XX, pues carece de connotaciones
peyorativas o morales. Pero hagamos una recorrida por los
diferentes conceptos que fueron utilizados como sinónimos,
algunos hasta la actualidad.
SINÓNIMOS
Y CONCEPTOS AFINES
1. Perversiones sexuales
2. Desviaciones sexuales
3. Anomalías sexuales
4. Alteraciones sexuales
5. Conductas excepcionales
6. Preferencias sexuales
7. Variantes sexuales
8. Parafilias
Efectuaremos
un análisis del alcance y sentido de cada uno de estos términos
para comprender el adoptado por la ciencia en la actualidad:
parafilias.
1.
Perversiones sexuales
Son los síntomas
patológicos que –solamente para el Psicoanálisis- descartan
en cualquier caso la vida normal y llegan a reemplazarla.
En esta escuela se entiende por normal “la subordinación de
todas las excitaciones sexuales a la primacía de las zonas
genitales, lo mismo que la de los placeres parciales al orgasmo
heterosexual”, según Yampey (54). El niño es un “perverso
polimorfo” y la neurosis es el reverso de la perversión, pues
mientras en la neurosis el individuo se angustia y lucha contra
su regresión y fijación, en la perversión sexual no hay angustia
ni lucha, sino “sintonía con el yo”.
La sexualidad
genital del adulto sano, procreativa y placentera, supone
para el psicoanálisis ortodoxo un acto sexual normal,
que Laplanche y Pontalis (32) definen así: “Coito conducente
a la obtención del orgasmo con penetración vaginal con una
persona del sexo opuesto”.
Desde este modelo de
normalidad, serían anormales las actividades sexuales autoeróticas
como la masturbación, las homosexuales, Las realizadas con
más de un compañero, cuando no hay penetración o en condiciones
diferentes a las del coito para la obtención del orgasmo,
como en el coito anal o el sexo oral. Esta postura no se compadece
con la nueva nosología psiquiátrica aceptada por la Asociación
Psiquiátrica Americana, expuesta en el DSM III (3) y el DSM
IV (4) universalmente aceptadas. Ni siquiera como síntoma
de una enfermedad psiquiátrica aparece ninguna de estas conductas
presuntamente anormales.
Ya en 1967,
el sueco Üllerstam (53) planteaba una posición muy radical
respecto de las perversiones. Dice que “perversión es una
palabra que debería ser suprimida; es buena sólo para los
oscurantistas y los demagogos”. “No puede ser” –dice- “que
todos los fenómenos sexuales sean perversiones, excepto el
coito heterosexual en el cual el hombre se coloca encima de
la mujer”. Este autor propone definir el perfil del instinto
sexual como “el modo de empleo del goce sexual característico
de cada individuo”, a establecerse en base a cuatro criterios:
1. “¿Cuáles son los actos o cuáles los excitantes
que solos o combinados, pueden provocar en ese individuo sensaciones
de goce sexual, erección, eyaculación y orgasmo?”
2. “¿Cuáles son los comportamientos que han llegado
a ser necesidades sexuales, coacciones sexuales?”
3. “¿Cuál es el orden de preferencia entre diferentes
actos, para satisfacer su instinto sexual?”
4. “¿Cuáles son los comportamientos sexuales concretos
que provocan en él angustia o bien sentimiento de culpabilidad?”
Y agrega que
habría que determinar también cuál es su perfil de tabú
y su perfil moral, como fuerzas interactuantes. Insiste
en que el interrogatorio no es un método adecuado para obtener
datos fiables, ya que la mayoría de los “anormales” se resignan,
no consultan y se llevan a la tumba sus secretos sexuales.
La postura radical de Üllerstam lo ha llevado a proclamar
que “solo podemos estar seguros de una cosa: de que las “perversiones”
ofrecen grandes posibilidades de felicidad. Y esa es la razón
de que debamos estimularlas pues son buenas en sí mismas”.
Consideremos que en 1967 la lista de perversiones era muy
amplia y su reclamo era justificado.
Casi simultáneamente,
el psicoterapeuta norteamericano Albert Ellis (16) creador
de la terapia racional emotiva, afirmaba que "la relación
sexual tradicional puede llegar a ser técnicamente “perversa”
si es la única posición técnica que emplea la pareja. Porque
temen tener la libertad suficiente para probar otros métodos,
para variar y obtener orgasmos mejores y mayor satisfacción”.
Hacia la década del 70, Eustace Cheeser (12) llegó a afirmar
que “perversión y desviación son términos que expresan juicios
morales individuales: no pertenecen al lenguaje científico;
no describen los hechos del comportamiento, sino simplemente
la manera como ciertas personas reaccionan emocionalmente
ante dichos hechos”. Este autor de un “Manual de Educación
Sexual para Adultos”, plantea la necesidad de trazar una única
línea divisoria entre lo que la gente hace con consentimiento
mutuo y lo que hace contra la voluntad de otra persona; el
problema social y el antisocial. Y dice: “Tal vez el sexo
sin amor, sea cual fuere la forma que asuma, sea la única
y verdadera perversión”.
Desde filas
del psicoanálisis, Lempêriere y Fèline (33) han propuesto
designar como desviaciones sexuales a la homosexualidad,
por elección de un objeto total pero inhabitual: y perversiones
a las parafilias restantes vinculadas a un objeto parcial.
Corría el año 1979, y para entonces hacía 6 años que se había
excluido la homosexualidad egodistónica de la lista de enfermedades
mentales y quedaba la homosexualidad egosintónica, todavía,
como patológica. Pero también se excluyó de la lista de enfermedades
a esta última forma en 1987.
En Sexología,
no se utiliza el término perversión sexual para calificar
ninguna conducta.
2.
Desviaciones sexuales
La calificación de desviaciones
a conductas sexuales ha sido clásica y aun hoy se sigue aplicando,
aunque ha cedido lugar al más preciso de parafilia. Desviación
equivale a separación de la norma, de lo normal, alejamiento
de las fuentes, del camino esperado, común, habitual, familiar.
“La palabra desviación
se refería hasta hace poco” –dice Quijada (44)- “a la función
reproductiva: de manera que todo acto íntimo, incluso en parejas
matrimoniales, era desviado si no tuviera finalidad reproductiva”.
Más recientemente se aceptó que no se trataría de una desviación
siempre que la variedad de caricias sexuales como el sexo
oral (fellatio o cunnilingus), o el sexo anal “terminasen
en eyaculación intravaginal y sin impedimentos artificiales
para la procreación”.
No obstante, aun más
recientemente, en el ámbito popular se utiliza el término
desviación sexual para calificar a lo que hoy conocemos por
parafilias, que son universalmente reconocidas por patológicas,
sin tomar en cuenta el carácter reproductivo sino placentero
del acto. Es claro también que la falta de información hace
que popularmente se siga considerando desviación a todo lo
que individualmente se considere inadecuado o inmoral. De
allí que se recomienda no utilizar el término en el campo
científico y sexológico.
3. Alteraciones
sexuales
Denominación propuesta
por Gallardo (23) para “un conjunto de respuestas que han
variado el carácter típico de ajuste sexual de un individuo,
a un punto tal, que el patrón sexual se distancia significativamente
de los medios típicos de contacto erótico o sustituyen radicalmente
el objeto sexual al que se aspira como complemento”.
El de las alteraciones
sexuales es uno de los dos campos de la “anormalidad sexual”,
junto a las disfunciones sexuales, según el mismo autor. Acepta
como sinónimos términos tales como variaciones, conductas
alternativas, opcionales, etcétera. Por su carácter tan impreciso
y abarcativo, se prefiere no utilizar el de alteraciones sexuales
para referirse a las parafilias.
4. Conductas excepcionales
Ante las denominaciones
frecuentes de perversión, alteración, aberración, referidas
a las parafilias, Giraldo Neira (26) propone la de conductas
excepcionales, para sustituir incluso a denominaciones
comunes en culturas pluralistas tales como “minorías sexuales
o eróticas” y “variedades de la conducta”.
Citando a Beach, este
autor dice que las conductas excepcionales se adquieren por
un proceso de aprendizaje en que ha habido sustitución de
estímulos, es decir, no se obtiene la excitación por el estímulo
esperado (la mujer o el varón), sino por otros estímulos “externos”.
A veces son la resultante de un bloqueo o condicionamiento
negativo que impide el aprendizaje de las pautas de conducta
culturales, a la vez que permite otro condicionamiento atípico
o culturalmente desaprobado. “Serían conductas normales” -dice-
“pero socialmente no aprobadas”.
Esta denominación tampoco
es aceptada para denominar a las parafilias. Podría aplicarse
a conductas normales culturalmente desaprobadas.
5. Preferencias sexuales
Se refiere a las peculiaridades,
opciones libres y no impuestas ni compulsivas, utilizadas
para la obtención de placer sexual. Son las seudo-desviaciones
o seudo-parafilias. Pero no denominan a las parafilias.
6. Variantes sexuales
El primer autor en utilizar
esta denominación fue Freud para definir a la homosexualidad
en su “Carta a una madre norteamericana”.
Fue utilizada por Marmor (35), ex Vicepresidente de la Asociación
Psiquiátrica, en 1973, año en que la homosexualidad fue reclasificada
por esta Asociación, excluyéndola de los “trastornos mentales”.
Este autor considera que la homosexualidad
se trata de ”una mera variante de las preferencias
sexuales”, y por tanto tampoco se trataría de una parafilia.
Bianco (7) parte del
concepto de variante fisiológica a partir del estimulo y la
respuesta. Interesa sobre todo el concepto de que la respuesta
sexual se presentará siempre que el estímulo sea eficiente,
y la variante está dada por el origen u objeto que
estimula; fuente heterosexual, homosexual, zoofílica, fetichista,
etcétera.
Así habría variantes
fisiológicas sexuales que serían fundamentalmente tres: 1)
De persona u objeto que activa el funcionamiento sexual; 2)
De método para desencadenar la respuesta; 3) De frecuencia.
Habría patología sólo cuando se da fijación, exclusividad
o especificidad de estos parámetros.
Todo comportamiento,
normal o parafílico, estaría encuadrado en una forma de variante
fisiológica sexual de Objeto, de Estímulo o de Frecuencia.
Habrían variantes normales y patológicas. Las parafilias serían
variantes patológicas. Esta denominación posee la ventaja
de un lenguaje descargado de significados valorativos.
7. Anomalías sexuales
Esta denominación fue
propuesta por Ganon y Simon (24) en 1967, y está obsoleta,
pero plantea una interesante diferenciación de las conductas
sexuales. Para ellos, habrían tres tipos de anomalías sexuales:
I) Anomalías
normales: Son socialmente reprobadas pero a su vez
son muy comunes, rara vez están en abierto conflicto con el
orden social y son útiles como complemento de las costumbres
aceptadas. Serían conductas sólo moderadamente anómalas. Estos
autores ubican entre ellas a la masturbación, las relaciones
prematrimoniales, los contactos orogenitales heterosexuales,
juegos anales, el sexo en presencia de otros, la promiscuidad
y hasta las relaciones extramatrimoniales.
II) Anomalías subculturales
y socialmente estructuradas: Son las conductas
sexuales más categóricamente reprobadas por la sociedad y
en conflicto con los modelos sociales. Entre ella se cuentan:
el intercambio de pareja, el sexo grupal, la homosexualidad.
III) Anomalías patológicas:
Aquí están ubicadas las conductas tales como el incesto, el
contacto sexual con niños, el exhibicionismo, el voyeurismo,
las injurias agresivas, el sadomasoquismo,
la bestialidad, la urolagnia, la coprofilia y la coprofagia,
el travestismo y la
necrofilia. También incluía la transexualidad.
* Dr. Andrés
Flores Colombino
Médico Psiquiatra, Geriatra Gerontólogo y Sexólogo Clínico
Miembro del Advisory Committee de la World Association for
Sexology (WAS)
Presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades
de Sexología y Educación Sexual (FLASSES), Fiscal
de la Sociedad Uruguaya de Sexología.
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