Parafilias (Parte IV)

Por Andrés Flores Colombino

Cuadernos de Sexología Nº 7, 1988

ESTUDIO CLÍNICO DE LAS PARAFILIAS

"El examen" - Antonio BerniCada parafilia ha sido estudiada desde diferentes ángulos, pero la descripción clínica, sus formas de presentación, sus complicaciones más frecuentes y la asociación de varias. En este ítem trataremos de presentar cada una de las parafilias más frecuentes. Seguiremos el orden propuesto en la Clasificación por las Modificaciones de la elección de objeto y las Alteraciones en el acto sexual,  que adoptamos para este trabajo.

I. PARAFILIAS POR MODIFICACIONES DE LA ELECCIÓN DE OBJETO

1. FETICHISMO

Entre las parafilias que más llaman la atención, se encuentra el fetichismo. Nuestra definición dice: “Parafilia por la que objetos no vivos como ropas, zapatos, cabellos o uñas, son utilizados de manera repetida y preferida  para la excitación sexual, la masturbación, el coito y la fantasía”(20). Se trata, como vimos de una parafilia por alteración en la elección de objeto.

El DSM IV (4) establece tres criterios para el diagnóstico de fetichismo: “A. El plazo de seis meses de duración de las fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales y comportamientos ligados al uso de objetos no animados. B. Estas actividades provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. C. Los fetiches no deben ser únicamente artículos de vestir femeninos como los utilizados para transvestirse (fetichismo transvestista) o aparatos diseñados con el propósito de estimular los genitales.”

Los fetiches en los pueblos primitivos son objetos o animales venerados por los poderes mágicos que se le atribuyen. De allí la ciencia ha tomado el nombre de esta parafilia, peculiar como todas, porque los fetiches suelen contener carácter simbólico cuyo significado condiciona la vida de las personas de esa cultura.

La atracción sexual, que provoca gran placer, se dirige hacia objetos no animados que generan fantasías, impulsos y comportamientos sexuales, como la masturbación y el coito. Casi siempre se quedan en lo primero. Como condición para todas las parafilias, clínicamente dura no menos de 6 meses, provoca interferencias en la vida social, laboral y sobre todo marital del individuo. Pese a ello, raramente consulta al médico. Comienza en la adolescencia, pero con fetiches que ya han adquirido una especial significación en la infancia. En raros casos, el fetichismo comienza en la niñez, por condicionamiento asociativo entre el objeto y la excitación sexual. Hay autores que hablan de una herencia animal que hace llamativo el brillo metálico, sedoso y aterciopelado de las pieles, que se vinculan a los cambios en ese sentido de las hembras en celo (52). Una vez establecido, se hace crónico con periodos de empuje coincidentes con estrés y depresión.

Lo más común es que el fetichista sea un varón de edad mediana, heterosexual, practicante habitual de la masturbación mientras mira, huele, sostiene, acaricia o manipula el fetiche. El mismo tiene un valor simbólico que sustituye al objeto hetero u homosexual habitual. Los fetiches pueden ser: una prenda de vestir como soutienes, bombachas, slips, zapatos, botas, medias, ligas, polleras, blusas y cualquier otra prenda de vestir femenina, ya que el fetichista se trata de un varón heterosexual en la mayoría absoluta de los casos. El fetiche de goma, dice Trimmer (52) denota tendencias fetales, como acurrucarse en una bolsa húmeda y oscura, así como recuerdos infantiles de sábanas de goma o pañales protectores. El olor a la goma también es importante. En cuanto al cuero negro y brillante con remaches metálicos implica agresividad masculina, y el olor a cuero suele acompañarse de fetichismo de las botas casi siempre vinculado con el servilismo y el sadomasoquismo. También pueden ser partes del cuerpo más o menos inanimados como cabellos –con trenzas, mejor-, vello pubiano desprendido de los genitales, a veces trozos de uña. Cuando se trata de una parte del cuerpo no genital como pies, manos, orejas, se habla de parcialismo. Si la preferencia es por mamas, nalgas o genitales, no se trata de una parafilia típica, pues poseen carácter sexual explícito. Los accesorios de limpieza o arreglo físico, como un peine, un cepillo, peinetas, alfileres, prendedores o collares, pulseras o anillos, también pueden convertirse en fetiches. Los talismanes parafílicos son objetos cuya significación secreta sexual es exclusiva del fetichista e incomprensible para los demás. Entre las formas raras de fetichismo está la dendrofilia por la que el sujeto se excita al contacto con las ramas de las plantas, y el cohabitacionismo con maniquíes, o almohadas.

Puede afirmarse que las modas masculinas y femeninas siguen las preferencias fetichistas en cuanto a ropas, pero no puede hablarse de fetichismo parafílico si no se cumple con las condiciones de ser estimulantes selectivos, que transformen directamente el objeto inanimado y neutro en un objeto sexual en sí mismo. No debe confundirse un objeto inanimado, pero fabricado especialmente para excitar sexualmente, como un vibrador, un pene artificial, una muñeca inflable, con un fetiche. Tampoco el uso de prendas del otro sexo como parte del transvestismo o fetichismo transvestista, ni tampoco el uso de ropas del otro sexo como condición para lograr la excitación y el coito, pues en esos casos lo excitante no es la ropa en sí sino el uso de las mismas, como veremos. En el fetichismo propiamente dicho, se ve la ropa transformada en fetiche, se la utiliza fuera del cuerpo como excitante y el fetichista puede pedir que se la ponga ella o que se la ponga a él, pero ya en pleno acto sexual. Se trata de un objeto necesario para la excitación sexual y su ausencia provoca disfunción eréctil en el fetichista, así como una gran frustración si la pareja no consiente a sus pedidos. Lo que pierde a los fetichistas suele ser que los objetos de  sus parejas habituales no los excitan. En cambio, si son robados, sí. Y cuando empiezan a desaparecer ropas de los tendederos del vecindario, es que algún fetichista anda cerca. Cuando es descubierto, suelen encontrarse colecciones enteras de ropa en sus domicilios. El delito tipificable es el de hurto, pero no se trata de un delito sexual.

2. PEDOFILIA

El DSM III (3) la define así: “También llamada paidofilia, es la parafilia en que el objeto sexual elegido para la excitación y relación sexual es un niño de edad prepuberal. Si el parafílico es adulto, el niño prepúber debe ser por lo menos 10 años más joven. Si se trata de un adolescente mayor, no se requiere una diferencia de edad precisa. Puede ser hetero u homosexual “. Es una de las parafilias específicas y tiene una larga tradición histórica.

El DSM IV (4) establece tres criterios diagnósticos claros: “A. Durante un periodo de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actividad sexual con niños prepúberes o niños algo mayores, generalmente de 13 años o menos. B. Esos comportamientos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Y C. La persona tiene al menos 16 años y es por lo menos 5 años mayor que el niño o los niños de los que abusa”. Por tanto “no debe incluirse a individuos en las última etapas de la adolescencia (entre 15 y 19 años) que se relacionan con personas de 12 o 13 años”. Si tienen el mínimo de 16 años, son pedofílicos solo si tienen relaciones con niños menores de 11 años.

Los griegos de casi dos mil años atrás, llevaban una vida sexual muy variada. Para satisfacerla,  tenían una esposa, una concubina, una prostituta o hetaira, una esclava y un efebo. Este último era un niño o joven que estaba a su cuidado, a quien enseñaba cuanto sabía y era frecuente que también tuviera relaciones (homo)sexuales con él. Nadie lo veía como una desviación.

Cuando Freud afirmó que existía la sexualidad infantil, sus detractores lo acusaron de que con tamaña suposición, pretendía manchar el segmento más puro de la humanidad. Para los clásicos, la sexualidad comenzaba después de la pubertad, con la capacidad reproductiva instalada. Pero Freud tenía razón. Sólo que la sexualidad infantil no era vivida con adultos sino a través de juegos ingenuos.

Resumiendo, la preferencia de los adultos o mayores de 16 años, por niños de 13 años o menos, para sus actividades sexuales y que dura no menos de seis meses, se llama paidofilia o pedofilia, del griego “pâis, paidós” (niño) y “philéo” (amar). Es por tanto una enfermedad mental.

Hay -según Descamps (13)- paidófilos de varios tipos: exclusivos: que se sienten atraídos por niños y no exclusivos: que se sienten atraídos tanto por niños como por adultos. Se pueden sentir atraídos sólo por varones: homosexuales; sólo por mujeres: heterosexuales; o por ambos: bisexuales. Los niños pueden ser sus propios hijos, parientes, ahijados u otros familiares: incestuosos; o niños de familias cercanas conocidas o desconocidas: no incestuosos. También pueden ser primarios, secundarios, episódicos, temporarios o crónicos. La edad de las víctimas más frecuentemente elegida por los paidófilos es de 8 a 10 años para las niñas y de 10 años y más para los niños. La enfermedad puede comenzar en la adolescencia, pero es más común en varones de mediana edad, durante periodos de estrés o tensión. Por eso suele ser episódico o temporario. Los casos que recidivan o vuelven a manifestarse varias veces en la vida, son los exclusivos por el propio sexo, más que los exclusivos por el sexo contrario, según las estadísticas. Hay paidofílicos que acariciaron sexualmente a sus hijos y lo vuelven a hacer con sus nietos, para escándalo de sus hijas-madres, que reactivan conflictos reprimidos y patologías mentales. Como contraparte, hay niños que fueron abusados sexualmente por sus padres desde muy pequeños, durante toda su infancia y hasta la adolescencia, con graves consecuencias para su salud mental futura. El curso de esta enfermedad es crónico y difícilmente tratable.

Millones de niños son abusados sexualmente en todo el mundo, en el 90 por ciento de los casos, en su propio hogar. No todos los abusos son cometidos por paidófilos, pero ellos cuentan con organizaciones de prostitución infantil que ofrece sus servicios mediante fachadas de excursiones turísticas o de pesca o caza. No es extraño que estas personas busquen la amistad de las familias que tienen niños hermosos, se ganen su confianza o la de sus madres, hasta llegar a casarse con ellas (recordar el argumento de la novela “Lolita” de Navokov), para lograr la intimidad con los niños. También se ven adopciones de niños de países lejanos y subdesarrollados o de familias pobres del propio país, así como recursos aun más complejos y premeditados, como hacerse cargo de una guardería infantil, cursar carreras al efecto y concursar con éxito. Otras veces, raptan niños, lisa y llanamente.

Los paidofílicos explican sus conductas abusivas a través de pretextos pueriles como que “hay que enseñarles la vida” o que “el placer es bueno para los chicos”, o simplemente que el niño los provocó sexualmente. Aducen que su conducta es “educativa” para el niño, o que éste “siente placer” y ello es sano, o que “es un niño o una niña provocador(a)”. Hay niños que aceptan que sus padres abusen sexualmente de ellos para evitar -presuntamente- que aquellos abusen también de sus hermanitos. No es raro que esos padres además sean castigadores. Pero tampoco es raro que los paidofílicos sean excesivamente cariñosos con sus hijos abusados, a los que nunca castigan y colocan el abuso sexual como una muestra de cariño más. Hasta que el niño tiene “uso de razón” y se da cuenta de la conducta inadecuada del adulto.

Como es lógico, los paidofílicos ocultan celosamente su problema a los demás, aunque suele provocarles malestar. Para ello tratan con mucho cuidado al niño, lo llenan de atenciones para ganarse su afecto y lealtad, solicitándoles que no cuenten a nadie lo que pasa entre ellos, que lo guarden como un secreto entre ambos. Si se niegan a hacerlo, surgen las amenazas y castigos de todo tipo, no solo físicos. La lealtad es solicitada por los padres, generalmente, y muchas veces los hijos abusados no los denuncian.

¿Qué conductas sexuales se practican sobre estos niños? A veces los pedófilos se limitan a la observación de los niños, fuentes de sus fantasías. Otras los tocan suavemente, los acarician. Otras, los desnudan solamente, y los acarician sexualmente luego. O se masturban frente a ellos. Progresivamente, pueden llegar a estimularlos oralmente en los genitales o les piden que hagan lo propio con ellos, o digitalmente a nivel anal o vaginal, hasta llegar a penetraciones con objetos y variados grados de violencia que pueden lastimar al niño. Bianco (7) dice que hay un periodo inicial de íntima amistad que dura de 3 a 6 meses antes de que el acto sexual se concrete.  Y que los pedófilos suelen ser a la vez coleccionistas. Por lo que toman fotografías o filman sus actividades, material  organizado metódicamente. Si se llega al coito, anal o vaginal, se trata de una violación. En esos casos, a la enfermedad parafílica se suman varios delitos sexuales punibles. Cuando no hay penetración, porque mecánica y anatómicamente puede ser imposible, hay atentado violento al pudor. El abuso sexual es doblemente reprobable: por la violencia y porque aunque lo hubiera, el consentimiento del niño no es válido  por razones de capacidad. No es rara la concurrencia de paidofilia y sadomasoquismo sexual que explica los casos de violaciones y muertes de niños pequeños y que son la expresión de psicopatologías más graves que superan la simple paidofilia.

Cuando el problema se vive entre padre e hijo o hija, se trata de un acto incestuoso. Dice Bianco (7) que debe diferenciarse una paidofilia de una “Experiencia pedofílica” que consiste en “un acto sexual con un niño pre-púber, en un medio familiar donde hay discordia marital, luego de una pérdida reciente, durante una intoxicación etílica aguda, en medio de una soledad intensa y en personas de avanzada edad”.

Como en todas las parafilias, la paidofilia provoca malestar en la persona, un deterioro notable de su vida social, conyugal y laboral, y su sexualidad suele ser muy primitiva y pobre. Depende del tipo de paidofilia. Pero su práctica es una de las más aberrantes para los demás, dado que sus víctimas son niños incapaces de un consentimiento válido o de defensa alguna, sometidos muchas veces a su autoridad y en situación dependencia con los victimarios. La actividad sexual se realiza aquí entre dos personas desiguales, con una de ellas en notoria inferioridad. Es indignante y reprobable moralmente que quien debería ser para el niño fuente de protección, sea precisamente su victimario.

Cuando los niños abusados sexualmente por paidófilos de su familia, se animan a contárselo a la madre, suelen recibir la burla o el rechazo por respuesta, y la tremenda frustración del desamparo y comprobación de la alianza cómplice -en su perspectiva- de un padre sádico y una madre complaciente que elige no darle crédito para mantener su posición económica o social. Hay una revictimización de estos niños: por el abuso sexual primero y luego por el desamparo.

A los paidófilos hay tratarlos, pues son ofensores sexuales, que pueden recibir apoyo para que no vuelvan a reincidir en sus conductas destructivas.

 

3. NECROFILIA

Es la parafilia no especificada caracterizada por atracción y actos sexuales con cadáveres, personas muertas. El frío cadavérico es un verdadero excitante para el verdadero necrófilo. Viene del griego “nekrós” (muerto) y “philéa” (amar).

Descamps (14) describe tres formas. Por sadismo: Son los descuartizadores, los que desentierran cadáveres, que pueden culminar con actos de canibalismo; o los enfermeros que copulan con los recién fallecidos. Por amor: Hacen el amor por última vez con la mujer amada fallecida, negando la muerte. En estos casos, se trataría de un acto necrófilo aislado. Y por semejanza: En el pigmalionismo, ya mencionado, el individuo se siente atraído por las estatuas o monumentos, como Pigmalión, rey mitológico de Chipre, quien se enamoró de una estatua de mujer que él mismo había modelado. Afrodita le dio vida a la estatua y el autor se casó con ella. La inmovilidad y frialdad del mármol se asemeja a la muerte. Además, la hipnofilia también se asemeja al pigmalionismo y a la necrofilia, pues la persona dormida está indefensa.

Este trastorno ya fue descrito en la antigüedad entre los egipcios, y Herodoto recomendaba no entregar los cadáveres de mujeres bellas a los embalsamadores sino varios días después de su muerte, para evitar su profanación sexual.

4. PARCIALISMO

Es una parafilia no especificada que por tanto no cumple con los criterios de las específicas “caracterizada por la atención centrada exclusivamente en una parte del cuerpo”. Es parcialismo fetichista si esa parte no es sexual, como vimos. Pero hay varones parcialistas que se sienten atraídos solamente por las mamas, por las nalgas, por las piernas o por el ano, con exclusión de otras partes del cuerpo, por lo que sus fantasías, impulsos sexuales y comportamientos sexuales exigen como necesaria esa parte del cuerpo para lograr la excitación, lo cual genera conflictos conyugales, disfunciones sexuales y todo el cortejo sintomático de tipo social como en las demás parafilias.

Cada parte del cuerpo, como lo estudiamos en nuestra obra sobre “Comunicación sexual”, posee un significado erótico. En el parcialismo existe una percepción exagerada, obsesiva y a veces extravagante de cada una de esas partes. Las mamas señalizan la vagina al igual que las nalgas y las piernas, y depende de las cualidades físicas innatas el que ellas sean atractivas para todo el mundo incluidos los parcialistas, pero para ellos están sobrevaloradas al punto que las demás partes del cuerpo no poseen significación erótica. Las dificultades de integrar el conjunto del cuerpo que las personalidades inmaduras y narcisistas poseen, promueven el vinculo con una parte y no con la totalidad de la persona. En realidad no se trata de un vinculo recíproco, sino de una relación unilateral y cosificada de la parte corporal estimulante. El parcialista suele ser un coleccionista fantasioso de nalgas, manos, piernas, pies o mamas de diferentes personas. Son capaces de bajar del ómnibus para seguir a una mujer de bonitas piernas o de cualquier parte del cuerpo, con lo que llegan tarde al trabajo, o simplemente faltan, o engañan a sus esposas. A veces se conforman con mirar, otras tienen que abordar a las poseedoras de su objeto de atracción, sin importar edad, estado civil o disponibilidad social. Suelen sufrir múltiples frustraciones y viven una sexualidad fragmentada e insatisfactoria.

El parcialismo del pie tiene su origen en que esta parte del cuerpo -dice Trimmer (52)- es una zona erógena generalmente olvidada. Hay personas que sienten hormigueos en los pies en el momento del orgasmo, y las cosquillas de las plantas de los pies son una forma de tortura china que lleva a la muerte, pues es imposible dejar de reír. El parcialista se excita en presencia de un pié y suele ser un fetichista del calzado o de las botas, pues evoca lo que lo contiene. A veces se asocia con osmolagnia, pues gozan con el olor orgánico de los zapatos usados.

1. ZOOFILIA

Parafilia específica según el DSM III y no específica según el DSM IV, caracterizada por la fantasía  prevalente o la conducta  de mantener relaciones sexuales con animales. Estas son el método repetidamente preferido o exclusivo de conseguir excitación sexual. Del griego “zôon” (animal) y “philéa” (amor), sus sinónimos son bestialismo, animalismo, zooerastia.

El individuo puede también tener una práctica primaria, cuando nunca tuvo relaciones humanas, y secundaria cuando empezó a tener prácticas zoófilas luego de una experiencia humana inicial; exclusiva con animales y no tiene excitación con una mujer, o no exclusiva, cuando además de con animales, puede mantener relaciones con una mujer. Es la única parafilia sobre la cual Kinsey obtuvo datos estadísticos: el 1 % de los mayores de 20 años la había practicado en EEUU, el 6 % entre los 14 y los 16 años, y el 8 % del total de varones; los que vivían en una granja, el 40 % del total de varones y si consideramos solo a los solteros, el 65 %. Se destaca que mientras vivían en el medio rural no reconocían su zoofilia y sí lo hacían al trasladarse el medio citadino.

Los animales más frecuentemente usados son los domésticos o de granja: perros, chanchos –la vagina de la chancha es la más parecida a la de la mujer-, ovejas, burras, yeguas, gallinas. La situación no es semejante en campaña que en la ciudad. En la campaña es común –aunque no universal- que los jóvenes varones se inicien sexualmente con una burra, una ternera, una oveja o una chancha, lo cual surge de las historias sexuales. El uso experimental u ocasional de esta práctica zoófila, por falta de disponibilidad de parejas humanas apropiadas, no constituye una parafilia, pues apenas acceden a la posibilidad de prácticas normales, es sustituido por ellas sin secuelas. Bianco (7) propone denominarlas “experiencias zoófilas”. En cambio, cuando la fantasía y la práctica se vuelven necesarias y exclusivas y se acompañan de disfunciones sexuales con parejas humanas, se instala una zoofilia. En Colombia, es característico el copular con una burra por parte de los jóvenes campesinos. Y en todos los países, cuando hay gallinas muertas en una granja, primero se trata de establecer si no hay jóvenes que las han penetrado sexualmente, lo que les provoca la explosión vaginal y la muerte.

En la ciudad, el animal doméstico más utilizado para practicas zoófilas es el perro, y por parte de mujeres. Suele ser entrenado para practicar el lambitus o estimulación lingual de los genitales femeninos. Raramente, se han descrito coitos entre perros y mujeres. Cada tanto, la historia de una mujer mordida o lastimada por su can acompañante, o la de un varón cuyo pene fue lastimado o mordido por un perro o perra en un acto zoófilo, ocupa el lugar de las noticias de publicaciones sensacionalistas, si trasciende. La situación se facilita cuando se permite que el animal duerma en la misma cama que el amo. La zoofilia es más frecuente cuanto mayor es la convivencia del animal con el ser humano.

El tema es antiguo y de larga tradición. La mitología griega es muy rica en actos zoófilos, de mujeres con toros, cisnes (únicas aves que poseían un pene eréctil, y en el mito yacían con Leda) y otros animales. Sabemos que es imposible la fecundación de una mujer por un animal, pero los griegos fueron quienes inventaron las quimeras, productos de la unión de animales y mujeres, como los centauros y las sirenas. Los dioses adoptaban la forma animal para poseer a las mujeres que deseaban. No sólo no se consideraba una perversión, sino que se ensalzaba como forma excepcional de culto, en una hierogamia sagrada que está en todas las religiones antiguas, como en la India, Irán, Egipto, Turquía, Oceanía, América andina, México. El apareamiento de la mujer del rey con un caballo está descrito en los vedas y está reproducido en el templo de Katmandú. En los Andes era un hombre con una llama o una cigüeña y en la India, con un puma. Egipto fue quien ensalzó más el bestialismo, y las actividades sexuales eran con cabras, corderos, patos, antílopes, perros, cerdos, el toro Apis, el carnero de Ammon, el macho cabrío de Mendes, la vaca Hator. En el Levítico, el Éxodo y Ezequiel, se advertía a los judíos para que no yacieran  con animales y se los amenazaba con la muerte. Los castigos cristianos para la zoofilia en la Edad Media eran de años de prisión, mayor pena para mayor dignidad eclesiástica. Hubo procesos por zoofilia castigados con la hoguera, que solo terminaron con la Revolución Francesa.

Volviendo a la realidad actual, los zoófilos son personas que tienen una particular dificultad de relacionamiento social, y desde luego, sexual, con otros seres humanos. El carácter de seres inferiores, subordinados al ser humano, domesticables, fieles y sumisos, sobre todo, hace que los animales sean el consuelo vicario, pobre y subhumano de los zoófilos. Un caso presentado por Rodrigues (46) relata que el acto sexual vaginal y anal de una mujer con perros, es altamente placentero, y la paciente incluso recomienda entrenar al cachorro desde pequeño para la mayoría de las razas, excepto los dálmatas, ovejeros alemanes y policías, que aprenden más tarde. Pero quienes tienen practicas zoófilas suelen criarlos desde pequeños para que el entrenamiento sea adecuado y sin sorpresas, como mordeduras y arañazos.

Dice Descamps (14) que “es perfectamente comprensible que el animal tenga un lugar de privilegio en la sexualidad fantasmática porque desnudo, mostrando sus órganos genitales, siempre en celo, salvaje, brutal, infatigable, violento, feroz en ocasiones, bestial y sin remordimientos, representa el sexo en estado puro. El animal es la imagen del Ello”.

 

2. COPROFILIA

Es una parafilia no específica que según nuestra definición (20) es “una desviación sexual por la que se obtiene placer sexual por el contacto con los excrementos”. El nombre proviene del griego “kópros” (excrementos) y “philia” (amistad).

La defecación es una función natural, y fuente de placer mientras se expulsa y mientras se relaja posteriormente, como dice Palem (39). También hay un placer retentivo, vinculado con la fase anal-sádica del psicoanálisis, pregenital. En ese caso, el bastón fecal retenido equivale al pene. Pero esto se refiere más al placer anal o erotismo anal, que a los excrementos propiamente dichos.

Todo lo relacionado con las heces es muy primitivo como fuente de placer, y en algunos primates superiores se observa que las madres comen las heces y toman la orina de sus cachorros. En el ser humano, sabemos que no existe un rechazo por parte del niño hacia sus excrementos, sino todo lo contrario, puesto que ha sido producido por su cuerpo y está cargado con su libido narcisista. Los niños pueden llegar a comer sus heces en una suerte de coprofagia. Pero en la adultez, esta práctica está en el origen de la sumisión ante una autoridad que humilla, y tiene una raíz masoquista. También puede expresarse mediante la satisfacción sexual por oler papel o pañuelos que contienen materia fecal propia o ajena, que se guarda celosamente entre sus pertenencias, o simplemente mediante la introducción del dedo en el ano para olerlos esporádicamente.

Rodrigues (47) presenta varios casos de coprofilia, uno de los cuales es una mujer joven que lame el ano de una gata después de defecar, y le agrada lamer el cuerpo sudado de su novio y otras personas. Esta práctica está vinculada con la misofilia o placer sexual por la suciedad, la que según Quijada (44) es concebida como el producto de la excreción corporal,  sobre todo anal. Pero también la falta de aseo y la superación del asco por la erotización de la suciedad en sí, caracteriza a esta parafilia. La coprolagnia es una parafilia secundaria que consiste en gozar sexualmente viendo defecar a otros (20).

 

* Dr. Andrés Flores Colombino
Médico Psiquiatra, Geriatra Gerontólogo y Sexólogo Clínico
Miembro del Advisory Committee de la World Association for Sexology (WAS)
Presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual  (FLASSES),  Fiscal de la Sociedad Uruguaya de Sexología.

 

Nota del Dr. Adrián Sapetti: este artículo, debido a su extensión, ha sido dividido en partes, las que se irán publicando en meses sucesivos.

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BIBLIOGRAFIA

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