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Por Andrés
Flores Colombino
Cuadernos de Sexología Nº 7, 1988
ESTUDIO CLÍNICO DE
LAS PARAFILIAS
Cada
parafilia ha sido estudiada desde diferentes ángulos,
pero la descripción clínica, sus formas de presentación,
sus complicaciones más frecuentes y la asociación de varias.
En este ítem trataremos de presentar cada una de las parafilias
más frecuentes. Seguiremos el orden propuesto en la Clasificación
por las Modificaciones de la elección de objeto y las
Alteraciones en el acto sexual, que adoptamos para
este trabajo.
I.
PARAFILIAS POR MODIFICACIONES DE LA ELECCIÓN DE OBJETO
1.
FETICHISMO
Entre las parafilias
que más llaman la atención, se encuentra el fetichismo.
Nuestra definición dice: Parafilia por la que
objetos no vivos como ropas, zapatos, cabellos o uñas,
son utilizados de manera repetida y preferida para
la excitación sexual, la masturbación, el coito y la fantasía(20).
Se trata, como vimos de una parafilia por alteración en
la elección de objeto.
El DSM IV (4) establece
tres criterios para el diagnóstico de fetichismo: A.
El plazo de seis meses de duración de las fantasías sexuales
recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales y comportamientos
ligados al uso de objetos no animados. B. Estas
actividades provocan malestar clínicamente significativo o
deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de
la actividad del individuo. C. Los fetiches no deben
ser únicamente artículos de vestir femeninos como los utilizados
para transvestirse (fetichismo transvestista) o aparatos diseñados
con el propósito de estimular los genitales.
Los fetiches en
los pueblos primitivos son objetos o animales venerados por
los poderes mágicos que se le atribuyen. De allí la ciencia
ha tomado el nombre de esta parafilia, peculiar como todas,
porque los fetiches suelen contener carácter simbólico cuyo
significado condiciona la vida de las personas de esa cultura.
La atracción sexual,
que provoca gran placer, se dirige hacia objetos no animados
que generan fantasías, impulsos y comportamientos sexuales,
como la masturbación y el coito. Casi siempre se quedan en
lo primero. Como condición para todas las parafilias, clínicamente
dura no menos de 6 meses, provoca interferencias en la vida
social, laboral y sobre todo marital del individuo. Pese a
ello, raramente consulta al médico. Comienza en la adolescencia,
pero con fetiches que ya han adquirido una especial significación
en la infancia. En raros casos, el fetichismo comienza en
la niñez, por condicionamiento asociativo entre el objeto
y la excitación sexual. Hay autores que hablan de una herencia
animal que hace llamativo el brillo metálico, sedoso y aterciopelado
de las pieles, que se vinculan a los cambios en ese sentido
de las hembras en celo (52). Una vez establecido, se hace
crónico con periodos de empuje coincidentes con estrés y depresión.
Lo más común es que el
fetichista sea un varón de edad mediana, heterosexual, practicante
habitual de la masturbación mientras mira, huele, sostiene,
acaricia o manipula el fetiche. El mismo tiene un valor simbólico
que sustituye al objeto hetero u homosexual habitual. Los
fetiches pueden ser: una prenda de vestir como soutienes,
bombachas, slips, zapatos, botas, medias, ligas, polleras,
blusas y cualquier otra prenda de vestir femenina, ya
que el fetichista se trata de un varón heterosexual en la
mayoría absoluta de los casos. El fetiche de goma,
dice Trimmer (52) denota tendencias fetales, como acurrucarse
en una bolsa húmeda y oscura, así como recuerdos infantiles
de sábanas de goma o pañales protectores. El olor a la
goma también es importante. En cuanto al cuero negro
y brillante con remaches metálicos implica agresividad
masculina, y el olor a cuero suele acompañarse de fetichismo
de las botas casi siempre vinculado con el servilismo
y el sadomasoquismo. También pueden ser partes del cuerpo
más o menos inanimados como cabellos con trenzas,
mejor-, vello pubiano desprendido de los genitales,
a veces trozos de uña. Cuando se trata de una parte
del cuerpo no genital como pies, manos, orejas, se
habla de parcialismo. Si la preferencia es por mamas, nalgas
o genitales, no se trata de una parafilia típica, pues poseen
carácter sexual explícito. Los accesorios de limpieza o arreglo
físico, como un peine, un cepillo, peinetas, alfileres,
prendedores o collares, pulseras o anillos, también pueden
convertirse en fetiches. Los talismanes parafílicos
son objetos cuya significación secreta sexual es exclusiva
del fetichista e incomprensible para los demás. Entre las
formas raras de fetichismo está la dendrofilia por
la que el sujeto se excita al contacto con las ramas de las
plantas, y el cohabitacionismo con maniquíes, o almohadas.
Puede afirmarse que las
modas masculinas y femeninas siguen las preferencias fetichistas
en cuanto a ropas, pero no puede hablarse de fetichismo parafílico
si no se cumple con las condiciones de ser estimulantes
selectivos, que transformen directamente el objeto inanimado
y neutro en un objeto sexual en sí mismo. No debe confundirse
un objeto inanimado, pero fabricado especialmente para excitar
sexualmente, como un vibrador, un pene artificial, una muñeca
inflable, con un fetiche. Tampoco el uso de prendas del otro
sexo como parte del transvestismo o fetichismo transvestista,
ni tampoco el uso de ropas del otro sexo como condición para
lograr la excitación y el coito, pues en esos casos lo excitante
no es la ropa en sí sino el uso de las mismas, como
veremos. En el fetichismo propiamente dicho, se ve la ropa
transformada en fetiche, se la utiliza fuera del cuerpo como
excitante y el fetichista puede pedir que se la ponga ella
o que se la ponga a él, pero ya en pleno acto sexual. Se trata
de un objeto necesario para la excitación sexual y
su ausencia provoca disfunción eréctil en el fetichista, así
como una gran frustración si la pareja no consiente
a sus pedidos. Lo que pierde a los fetichistas suele ser que
los objetos de sus parejas habituales no los excitan.
En cambio, si son robados, sí. Y cuando empiezan a desaparecer
ropas de los tendederos del vecindario, es que algún fetichista
anda cerca. Cuando es descubierto, suelen encontrarse colecciones
enteras de ropa en sus domicilios. El delito tipificable es
el de hurto, pero no se trata de un delito sexual.
2.
PEDOFILIA
El DSM III (3) la define
así: También llamada paidofilia, es la parafilia en
que el objeto sexual elegido para la excitación y relación
sexual es un niño de edad prepuberal. Si el parafílico es
adulto, el niño prepúber debe ser por lo menos 10 años más
joven. Si se trata de un adolescente mayor, no se requiere
una diferencia de edad precisa. Puede ser hetero u homosexual
. Es una de las parafilias específicas y tiene una larga
tradición histórica.
El DSM IV (4) establece
tres criterios diagnósticos claros: A. Durante
un periodo de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes
y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos
que implican actividad sexual con niños prepúberes o niños
algo mayores, generalmente de 13 años o menos. B.
Esos comportamientos provocan malestar clínicamente significativo
o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de
la actividad del individuo. Y C. La persona tiene al
menos 16 años y es por lo menos 5 años mayor que el niño o
los niños de los que abusa. Por tanto no debe
incluirse a individuos en las última etapas de la adolescencia
(entre 15 y 19 años) que se relacionan con personas de 12
o 13 años. Si tienen el mínimo de 16 años, son pedofílicos
solo si tienen relaciones con niños menores de 11 años.
Los griegos de casi dos
mil años atrás, llevaban una vida sexual muy variada. Para
satisfacerla, tenían una esposa, una concubina, una
prostituta o hetaira, una esclava y un efebo. Este
último era un niño o joven que estaba a su cuidado, a quien
enseñaba cuanto sabía y era frecuente que también tuviera
relaciones (homo)sexuales con él. Nadie lo veía como una desviación.
Cuando Freud afirmó que
existía la sexualidad infantil, sus detractores lo acusaron
de que con tamaña suposición, pretendía manchar el segmento
más puro de la humanidad. Para los clásicos, la sexualidad
comenzaba después de la pubertad, con la capacidad reproductiva
instalada. Pero Freud tenía razón. Sólo que la sexualidad
infantil no era vivida con adultos sino a través de juegos
ingenuos.
Resumiendo, la preferencia
de los adultos o mayores de 16 años, por niños de 13 años
o menos, para sus actividades sexuales y que dura no menos
de seis meses, se llama paidofilia o pedofilia, del griego
pâis, paidós (niño) y philéo (amar).
Es por tanto una enfermedad mental.
Hay -según Descamps (13)-
paidófilos de varios tipos: exclusivos: que
se sienten atraídos por niños y no exclusivos: que
se sienten atraídos tanto por niños como por adultos. Se pueden
sentir atraídos sólo por varones: homosexuales; sólo
por mujeres: heterosexuales; o por ambos: bisexuales.
Los niños pueden ser sus propios hijos, parientes, ahijados
u otros familiares: incestuosos; o niños de familias
cercanas conocidas o desconocidas: no incestuosos.
También pueden ser primarios, secundarios, episódicos,
temporarios o crónicos. La edad de las víctimas
más frecuentemente elegida por los paidófilos es de 8 a
10 años para las niñas y de 10 años y más para los niños.
La enfermedad puede comenzar en la adolescencia, pero es más
común en varones de mediana edad, durante periodos de estrés
o tensión. Por eso suele ser episódico o temporario. Los casos
que recidivan o vuelven a manifestarse varias veces en la
vida, son los exclusivos por el propio sexo, más que los exclusivos
por el sexo contrario, según las estadísticas. Hay paidofílicos
que acariciaron sexualmente a sus hijos y lo vuelven a hacer
con sus nietos, para escándalo de sus hijas-madres, que reactivan
conflictos reprimidos y patologías mentales. Como contraparte,
hay niños que fueron abusados sexualmente por sus padres desde
muy pequeños, durante toda su infancia y hasta la adolescencia,
con graves consecuencias para su salud mental futura. El curso
de esta enfermedad es crónico y difícilmente tratable.
Millones de niños son
abusados sexualmente en todo el mundo, en el 90 por ciento
de los casos, en su propio hogar. No todos los abusos son
cometidos por paidófilos, pero ellos cuentan con organizaciones
de prostitución infantil que ofrece sus servicios mediante
fachadas de excursiones turísticas o de pesca o caza. No es
extraño que estas personas busquen la amistad de las familias
que tienen niños hermosos, se ganen su confianza o la de sus
madres, hasta llegar a casarse con ellas (recordar el argumento
de la novela Lolita de Navokov), para lograr la
intimidad con los niños. También se ven adopciones de niños
de países lejanos y subdesarrollados o de familias pobres
del propio país, así como recursos aun más complejos y premeditados,
como hacerse cargo de una guardería infantil, cursar carreras
al efecto y concursar con éxito. Otras veces, raptan niños,
lisa y llanamente.
Los paidofílicos explican
sus conductas abusivas a través de pretextos pueriles como
que hay que enseñarles la vida o que el
placer es bueno para los chicos, o simplemente que el
niño los provocó sexualmente. Aducen que su conducta es educativa
para el niño, o que éste siente placer y ello
es sano, o que es un niño o una niña provocador(a).
Hay niños que aceptan que sus padres abusen sexualmente de
ellos para evitar -presuntamente- que aquellos abusen también
de sus hermanitos. No es raro que esos padres además sean
castigadores. Pero tampoco es raro que los paidofílicos sean
excesivamente cariñosos con sus hijos abusados, a los que
nunca castigan y colocan el abuso sexual como una muestra
de cariño más. Hasta que el niño tiene uso de razón
y se da cuenta de la conducta inadecuada del adulto.
Como es lógico, los paidofílicos
ocultan celosamente su problema a los demás, aunque suele
provocarles malestar. Para ello tratan con mucho cuidado al
niño, lo llenan de atenciones para ganarse su afecto y lealtad,
solicitándoles que no cuenten a nadie lo que pasa entre ellos,
que lo guarden como un secreto entre ambos. Si se niegan a
hacerlo, surgen las amenazas y castigos de todo tipo, no solo
físicos. La lealtad es solicitada por los padres, generalmente,
y muchas veces los hijos abusados no los denuncian.
¿Qué conductas sexuales
se practican sobre estos niños? A veces los pedófilos se limitan
a la observación de los niños, fuentes de sus fantasías. Otras
los tocan suavemente, los acarician. Otras, los desnudan solamente,
y los acarician sexualmente luego. O se masturban frente a
ellos. Progresivamente, pueden llegar a estimularlos oralmente
en los genitales o les piden que hagan lo propio con ellos,
o digitalmente a nivel anal o vaginal, hasta llegar a penetraciones
con objetos y variados grados de violencia que pueden lastimar
al niño. Bianco (7) dice que hay un periodo inicial de
íntima amistad que dura de 3 a 6 meses antes de que el
acto sexual se concrete. Y que los pedófilos suelen
ser a la vez coleccionistas. Por lo que toman fotografías
o filman sus actividades, material organizado metódicamente.
Si se llega al coito, anal o vaginal, se trata de una violación.
En esos casos, a la enfermedad parafílica se suman varios
delitos sexuales punibles. Cuando no hay penetración, porque
mecánica y anatómicamente puede ser imposible, hay atentado
violento al pudor. El abuso sexual es doblemente reprobable:
por la violencia y porque aunque lo hubiera, el consentimiento
del niño no es válido por razones de capacidad. No es
rara la concurrencia de paidofilia y sadomasoquismo sexual
que explica los casos de violaciones y muertes de niños pequeños
y que son la expresión de psicopatologías más graves que superan
la simple paidofilia.
Cuando el problema se
vive entre padre e hijo o hija, se trata de un acto incestuoso.
Dice Bianco (7) que debe diferenciarse una paidofilia de una
Experiencia pedofílica que consiste en un
acto sexual con un niño pre-púber, en un medio familiar donde
hay discordia marital, luego de una pérdida reciente, durante
una intoxicación etílica aguda, en medio de una soledad intensa
y en personas de avanzada edad.
Como en todas las parafilias,
la paidofilia provoca malestar en la persona, un deterioro
notable de su vida social, conyugal y laboral, y su sexualidad
suele ser muy primitiva y pobre. Depende del tipo de paidofilia.
Pero su práctica es una de las más aberrantes para los demás,
dado que sus víctimas son niños incapaces de un consentimiento
válido o de defensa alguna, sometidos muchas veces a su autoridad
y en situación dependencia con los victimarios. La actividad
sexual se realiza aquí entre dos personas desiguales, con
una de ellas en notoria inferioridad. Es indignante y reprobable
moralmente que quien debería ser para el niño fuente de protección,
sea precisamente su victimario.
Cuando los niños abusados
sexualmente por paidófilos de su familia, se animan a contárselo
a la madre, suelen recibir la burla o el rechazo por respuesta,
y la tremenda frustración del desamparo y comprobación de
la alianza cómplice -en su perspectiva- de un padre sádico
y una madre complaciente que elige no darle crédito para mantener
su posición económica o social. Hay una revictimización de
estos niños: por el abuso sexual primero y luego por el desamparo.
A los paidófilos hay
tratarlos, pues son ofensores sexuales, que pueden
recibir apoyo para que no vuelvan a reincidir en sus conductas
destructivas.
3.
NECROFILIA
Es la parafilia no especificada
caracterizada por atracción y actos sexuales con cadáveres,
personas muertas. El frío cadavérico es un verdadero excitante
para el verdadero necrófilo. Viene del griego nekrós
(muerto) y philéa (amar).
Descamps (14) describe
tres formas. Por sadismo: Son los descuartizadores,
los que desentierran cadáveres, que pueden culminar con actos
de canibalismo; o los enfermeros que copulan con los recién
fallecidos. Por amor: Hacen el amor por última vez
con la mujer amada fallecida, negando la muerte. En estos
casos, se trataría de un acto necrófilo aislado. Y por
semejanza: En el pigmalionismo, ya mencionado,
el individuo se siente atraído por las estatuas o monumentos,
como Pigmalión, rey mitológico de Chipre, quien se enamoró
de una estatua de mujer que él mismo había modelado. Afrodita
le dio vida a la estatua y el autor se casó con ella. La inmovilidad
y frialdad del mármol se asemeja a la muerte. Además, la hipnofilia
también se asemeja al pigmalionismo y a la necrofilia, pues
la persona dormida está indefensa.
Este trastorno ya fue
descrito en la antigüedad entre los egipcios, y Herodoto recomendaba
no entregar los cadáveres de mujeres bellas a los embalsamadores
sino varios días después de su muerte, para evitar su profanación
sexual.
4. PARCIALISMO
Es una parafilia no especificada
que por tanto no cumple con los criterios de las específicas
caracterizada por la atención centrada exclusivamente
en una parte del cuerpo. Es parcialismo fetichista
si esa parte no es sexual, como vimos. Pero hay varones parcialistas
que se sienten atraídos solamente por las mamas, por las nalgas,
por las piernas o por el ano, con exclusión de otras partes
del cuerpo, por lo que sus fantasías, impulsos sexuales y
comportamientos sexuales exigen como necesaria esa parte del
cuerpo para lograr la excitación, lo cual genera conflictos
conyugales, disfunciones sexuales y todo el cortejo sintomático
de tipo social como en las demás parafilias.
Cada parte del cuerpo,
como lo estudiamos en nuestra obra sobre Comunicación
sexual, posee un significado erótico. En el parcialismo
existe una percepción exagerada, obsesiva y a veces extravagante
de cada una de esas partes. Las mamas señalizan la vagina
al igual que las nalgas y las piernas, y depende de las cualidades
físicas innatas el que ellas sean atractivas para todo el
mundo incluidos los parcialistas, pero para ellos están sobrevaloradas
al punto que las demás partes del cuerpo no poseen significación
erótica. Las dificultades de integrar el conjunto del cuerpo
que las personalidades inmaduras y narcisistas poseen, promueven
el vinculo con una parte y no con la totalidad de la persona.
En realidad no se trata de un vinculo recíproco, sino de una
relación unilateral y cosificada de la parte corporal estimulante.
El parcialista suele ser un coleccionista fantasioso de nalgas,
manos, piernas, pies o mamas de diferentes personas. Son capaces
de bajar del ómnibus para seguir a una mujer de bonitas piernas
o de cualquier parte del cuerpo, con lo que llegan tarde al
trabajo, o simplemente faltan, o engañan a sus esposas. A
veces se conforman con mirar, otras tienen que abordar a las
poseedoras de su objeto de atracción, sin importar edad, estado
civil o disponibilidad social. Suelen sufrir múltiples frustraciones
y viven una sexualidad fragmentada e insatisfactoria.
El parcialismo del
pie tiene su origen en que esta parte del cuerpo -dice
Trimmer (52)- es una zona erógena generalmente olvidada. Hay
personas que sienten hormigueos en los pies en el momento
del orgasmo, y las cosquillas de las plantas de los pies son
una forma de tortura china que lleva a la muerte, pues es
imposible dejar de reír. El parcialista se excita en presencia
de un pié y suele ser un fetichista del calzado o de las botas,
pues evoca lo que lo contiene. A veces se asocia con osmolagnia,
pues gozan con el olor orgánico de los zapatos usados.
1. ZOOFILIA
Parafilia específica
según el DSM III y no específica según el DSM IV, caracterizada
por la fantasía prevalente o la conducta de mantener
relaciones sexuales con animales. Estas son el método
repetidamente preferido o exclusivo de conseguir excitación
sexual. Del griego zôon (animal) y philéa
(amor), sus sinónimos son bestialismo, animalismo, zooerastia.
El individuo puede también
tener una práctica primaria, cuando nunca tuvo relaciones
humanas, y secundaria cuando empezó a tener prácticas
zoófilas luego de una experiencia humana inicial; exclusiva
con animales y no tiene excitación con una mujer, o no
exclusiva, cuando además de con animales, puede mantener
relaciones con una mujer. Es la única parafilia sobre la cual
Kinsey obtuvo datos estadísticos: el 1 % de los mayores de
20 años la había practicado en EEUU, el 6 % entre los 14 y
los 16 años, y el 8 % del total de varones; los que vivían
en una granja, el 40 % del total de varones y si consideramos
solo a los solteros, el 65 %. Se destaca que mientras vivían
en el medio rural no reconocían su zoofilia y sí lo hacían
al trasladarse el medio citadino.
Los animales más frecuentemente
usados son los domésticos o de granja: perros, chanchos la
vagina de la chancha es la más parecida a la de la mujer-,
ovejas, burras, yeguas, gallinas. La situación no es semejante
en campaña que en la ciudad. En la campaña es común aunque
no universal- que los jóvenes varones se inicien sexualmente
con una burra, una ternera, una oveja o una chancha, lo cual
surge de las historias sexuales. El uso experimental u ocasional
de esta práctica zoófila, por falta de disponibilidad de parejas
humanas apropiadas, no constituye una parafilia, pues apenas
acceden a la posibilidad de prácticas normales, es sustituido
por ellas sin secuelas. Bianco (7) propone denominarlas experiencias
zoófilas. En cambio, cuando la fantasía y la práctica
se vuelven necesarias y exclusivas y se acompañan de disfunciones
sexuales con parejas humanas, se instala una zoofilia. En
Colombia, es característico el copular con una burra por parte
de los jóvenes campesinos. Y en todos los países, cuando hay
gallinas muertas en una granja, primero se trata de establecer
si no hay jóvenes que las han penetrado sexualmente, lo que
les provoca la explosión vaginal y la muerte.
En la ciudad, el animal
doméstico más utilizado para practicas zoófilas es el perro,
y por parte de mujeres. Suele ser entrenado para practicar
el lambitus o estimulación lingual de los genitales
femeninos. Raramente, se han descrito coitos entre perros
y mujeres. Cada tanto, la historia de una mujer mordida o
lastimada por su can acompañante, o la de un varón cuyo pene
fue lastimado o mordido por un perro o perra en un acto zoófilo,
ocupa el lugar de las noticias de publicaciones sensacionalistas,
si trasciende. La situación se facilita cuando se permite
que el animal duerma en la misma cama que el amo. La zoofilia
es más frecuente cuanto mayor es la convivencia del animal
con el ser humano.
El tema es antiguo y
de larga tradición. La mitología griega es muy rica en actos
zoófilos, de mujeres con toros, cisnes (únicas aves que poseían
un pene eréctil, y en el mito yacían con Leda) y otros animales.
Sabemos que es imposible la fecundación de una mujer por un
animal, pero los griegos fueron quienes inventaron las quimeras,
productos de la unión de animales y mujeres, como los centauros
y las sirenas. Los dioses adoptaban la forma animal para poseer
a las mujeres que deseaban. No sólo no se consideraba una
perversión, sino que se ensalzaba como forma excepcional de
culto, en una hierogamia sagrada que está en todas
las religiones antiguas, como en la India, Irán, Egipto, Turquía,
Oceanía, América andina, México. El apareamiento de la mujer
del rey con un caballo está descrito en los vedas y está reproducido
en el templo de Katmandú. En los Andes era un hombre con una
llama o una cigüeña y en la India, con un puma. Egipto fue
quien ensalzó más el bestialismo, y las actividades sexuales
eran con cabras, corderos, patos, antílopes, perros, cerdos,
el toro Apis, el carnero de Ammon, el macho cabrío de Mendes,
la vaca Hator. En el Levítico, el Éxodo y Ezequiel, se advertía
a los judíos para que no yacieran con animales y se
los amenazaba con la muerte. Los castigos cristianos para
la zoofilia en la Edad Media eran de años de prisión, mayor
pena para mayor dignidad eclesiástica. Hubo procesos por zoofilia
castigados con la hoguera, que solo terminaron con la Revolución
Francesa.
Volviendo a la realidad
actual, los zoófilos son personas que tienen una particular
dificultad de relacionamiento social, y desde luego, sexual,
con otros seres humanos. El carácter de seres inferiores,
subordinados al ser humano, domesticables, fieles y sumisos,
sobre todo, hace que los animales sean el consuelo vicario,
pobre y subhumano de los zoófilos. Un caso presentado por
Rodrigues (46) relata que el acto sexual vaginal y anal de
una mujer con perros, es altamente placentero, y la paciente
incluso recomienda entrenar al cachorro desde pequeño para
la mayoría de las razas, excepto los dálmatas, ovejeros alemanes
y policías, que aprenden más tarde. Pero quienes tienen practicas
zoófilas suelen criarlos desde pequeños para que el entrenamiento
sea adecuado y sin sorpresas, como mordeduras y arañazos.
Dice Descamps (14) que
es perfectamente comprensible que el animal tenga un
lugar de privilegio en la sexualidad fantasmática porque desnudo,
mostrando sus órganos genitales, siempre en celo, salvaje,
brutal, infatigable, violento, feroz en ocasiones, bestial
y sin remordimientos, representa el sexo en estado puro. El
animal es la imagen del Ello.
2. COPROFILIA
Es una parafilia no específica
que según nuestra definición (20) es una desviación
sexual por la que se obtiene placer sexual por el contacto
con los excrementos. El nombre proviene del griego
kópros (excrementos) y philia (amistad).
La defecación es una
función natural, y fuente de placer mientras se expulsa y
mientras se relaja posteriormente, como dice Palem (39). También
hay un placer retentivo, vinculado con la fase anal-sádica
del psicoanálisis, pregenital. En ese caso, el bastón fecal
retenido equivale al pene. Pero esto se refiere más al placer
anal o erotismo anal, que a los excrementos propiamente dichos.
Todo lo relacionado con
las heces es muy primitivo como fuente de placer, y en algunos
primates superiores se observa que las madres comen las heces
y toman la orina de sus cachorros. En el ser humano, sabemos
que no existe un rechazo por parte del niño hacia sus excrementos,
sino todo lo contrario, puesto que ha sido producido por su
cuerpo y está cargado con su libido narcisista. Los niños
pueden llegar a comer sus heces en una suerte de coprofagia.
Pero en la adultez, esta práctica está en el origen de la
sumisión ante una autoridad que humilla, y tiene una raíz
masoquista. También puede expresarse mediante la satisfacción
sexual por oler papel o pañuelos que contienen materia fecal
propia o ajena, que se guarda celosamente entre sus pertenencias,
o simplemente mediante la introducción del dedo en el ano
para olerlos esporádicamente.
Rodrigues (47) presenta
varios casos de coprofilia, uno de los cuales es una mujer
joven que lame el ano de una gata después de defecar, y le
agrada lamer el cuerpo sudado de su novio y otras personas.
Esta práctica está vinculada con la misofilia o placer
sexual por la suciedad, la que según Quijada (44) es concebida
como el producto de la excreción corporal, sobre todo
anal. Pero también la falta de aseo y la superación del asco
por la erotización de la suciedad en sí, caracteriza a esta
parafilia. La coprolagnia es una parafilia secundaria
que consiste en gozar sexualmente viendo defecar a otros (20).
* Dr. Andrés
Flores Colombino
Médico Psiquiatra, Geriatra Gerontólogo y Sexólogo Clínico
Miembro del Advisory Committee de la World Association for
Sexology (WAS)
Presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades
de Sexología y Educación Sexual (FLASSES), Fiscal
de la Sociedad Uruguaya de Sexología.
Nota
del Dr. Adrián Sapetti: este artículo, debido a su
extensión, ha sido dividido en partes, las que se irán publicando
en meses sucesivos.
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