CONCLUSIONES
El Capítulo de las Parafilias nos sumerge
en un campo de estudio común de la Psiquiatría, la Psicología,
la Jurisprudencia, la Sociología, la Axiología, la Filogenética.
Y sobre todo la Antropología social y cultural. Cada escuela
ha efectuado sus aportes porque se trata de una temática
que muestra de manera clara la compleja naturaleza humana
y todos desean desentrañar sus misterios.
Lo terminamos por la trascripción de
una reflexión y luego esbozamos algunas conclusiones.
El psicoanalista Marcel Eck (15) dice
que “No se trata de justificar los comportamientos
desviados y menos aún los parafílicos. Junto a Henry Ey,
he llegado a considerar que si la condenación inapelable
es una injusticia, la negación de toda conciencia moral
es un grave error. Comprensión no quiere decir complacencia
y aún menos glorificación. La desviación sexual no es nunca
una elección, es un destino. ¿Cómo puede vivirse ese destino?”
"Todo el problema consiste" -continúa-
"en hacer que el sujeto forme conciencia de que debe vivir
su sexualidad desviada con los mismos criterios de moralidad
que los que presiden el ejercicio de la sexualidad ortodoxa.
Nadie es responsable de sus tendencias, sino solamente de
la forma en que las vive. Recordemos que la más ortodoxa
de las sexualidades puede ser vivida en forma perversa".
Y concluye: "Si el desviado sexual observa el respeto a
los demás, ¿con qué derecho vamos a intervenir para obligarlo
a abandonar una tendencia que, al menos aparentemente, lo
satisface?".
Pero nos quedan algunas interrogantes
junto a otras conclusiones.
1.
Las parafilias se tratan de actividades sexuales anómalas,
patológicas y frecuentemente asociales.
2.
Son actividades alejadas de la función reproductiva –lo
que siempre provocó el rechazo de las parafilias por la
religión y las ciencias clásicas- y también de la función
erótica en sus manifestaciones amorosas vinculares y comunicacionales.
El predominio narcisista de sus manifestaciones hace
que el placer sexual obtenido, con ser intenso, está viciado
en su naturaleza, pues solo apunta a un placer individual
y no compartido.
3.
El carácter incoercible al tratamiento que los inviste
en su gran mayoría crea frustración en los equipos terapéuticos
y abre interrogantes sobre la necesidad de nuevas técnicas
y teorías que expliquen mejor y puedan resolver estos
casos y prevenirlos. Por ahora, las técnicas tienden a incorporar
la parafilia a la actividad sexual coital, como un recurso
excitatorio que permita realizar este acto vincular. Pero
no siempre se logra la remisión de la parafilia. Y sabemos
lo resistentes que son los componentes narcisísticos a las
psicoterapias de cualquier tipo. Por eso es pertinente la
afirmación de Isabel Boschi (9) de que “el terapeuta
más adecuado para ese paciente será quien tenga más variedad
de recursos apropiados para modificar la situación, mejor
conciencia de sus propias parafilias, menos respeto por
los medios terapéuticos convencionales, a los maestros,
y mayor creatividad”.
4.
La frecuente comisión de delitos sexuales por parte
de los parafílicos, plantea una necesidad de comprensión
y prudente tolerancia al lado de una firme actitud en la
aplicación de sanciones y el consiguiente tratamiento de
los ofensores sexuales, hecho siempre postergado ante la
necesidad evidente de atender primero a las víctimas. Para
ello deben ajustarse las leyes al grado de comprensión de
estos cuadros, pues la simple represión no previene de
nuevas incursiones en estas conductas compulsivas.
5.
Las parafilias suelen ser tratadas con criterio nihilista
por parte de los profesionales, en el cual interviene la
poca comprensión del tema, así como el mal manejo de los
propios componentes parafílicos de los terapeutas, lo cual
crea una contratransferencia negativa muy intensa. Nadie
quiere a los parafílicos fuera de la cultura parafílica.
Por ello se reúnen para tratarse en Grupos de autoayuda
como “Sexofílicos Anónimos” o “Sexahólicos”
que utilizan el método de los Alcohólicos Anónimos y tratan
a las parafilias como adicciones.
6.
Los estudios etiológicos revelan la enorme importancia
que tienen los padres y sustitutos en la fijación de conductas
parafílicas a través de actitudes y actos que pueden
considerarse erróneos, poco naturales y bloqueantes del
desarrollo psicosexual. Surge la necesidad de la educación
sexual de los padres como prevención primaria en salud
mental.
7.
La reivindicación del carácter normal de las parafilias
por parte de los propios parafílicos organizados o no, y
de parte de grupos profesionales, debe ser escuchada, no
rechazada a priori. Pero opinamos que la Sexología no puede
embanderarse en estas campañas, pues su papel debe constituirse
en una contribución desapasionada, científica y humanística,
a la comprensión más acabada y actualizada posible, para
que las ciencias del hombre la recojan y conjuguen para
revisar, establecer y corregir si es necesario, su sistema
preceptual y epistemológico, que defienda la salud y la
convivencia armónica de las personas.
8.
El hecho precedente plantea la situación clásica de pretender
patologizar toda conducta considerada inmoral para un
sistema de valores determinado, sea este religioso, científico
o filosófico. La ampliación de los criterios necesarios
para aceptar lo normal en Sexología es una propuesta válida.
A ello ha contribuido la Clasificación de Enfermedades Mentales
de la Asociación Psiquiátrica Americana, así como el formidable
trabajo sobre las Enfermedades en Sexología del Dr. Fernando
Bianco (7) que fuera aprobado por la FLASSES en Belo Horizonte,
en 1992.
9.
Los problemas planteados por el hecho de que los parafílicos
no consultan en su gran mayoría, son varios. El estudio
clínico y psicopatológico, así como la sistematización de
terapéuticas eficaces, están comprometidos y se dispone
de material limitado y no significativo. También lo está
el registro de datos estadísticos confiables, pues
solo puede inducirse de la frecuencia de procesamientos
por delitos sexuales o de otro tipo que algunos individuos
portadores de algunas formas de parafilias pueden llegar
a protagonizar. Este subregistro muestra solo la punta de
un iceberg.
10. Es de celebrar que
se hayan eliminado de la categoría de enfermedades y
por ende de la lista de parafilias a conductas preferentes,
excepcionales y variantes, cuyos portadores no le hacen
daño a nadie, ni aun a quienes las practican, y que se haya
estandarizado el criterio de diagnóstico y las características
principales de cada parafilia típica y de las no especificadas,
pues de lo contrario asistíamos a una lluvia de parafilias
concebida por cada autor, de acuerdo a su particular formación
teórica, moral y hasta de su propia psicopatología.
Cuando Kaan y Krafft-Ebing, a fines del
siglo pasado, debieron encarar estos temas, no pudieron
eludir la consideración moralizante de los mismos, y luego
de descripciones detalladas que hicieron las delicias de
los pornófilos y curiosos en todos los idiomas, pese a su
pretensión inicial de escribir en latín para desalentar
a los no iniciados, bautizaron cada parafilia con nombres
infamantes como “degeneraciones”, “aberraciones”
y luego “perversiones”. Esta última, con nueva
semántica, se adentró bastante en el siglo XX.
Cuando Freud, quien también pagó tributo
a su época, habló del niño “polimorfo perverso”,
reconoció que en todo ser humano existe un núcleo parafílico
y los estructuralistas reconocieron el carácter placentero
de la trasgresión sexual, las desviaciones pudieron ser
encaradas como parafilias, y de ellas se excluyeron las
conductas no coitales, siempre que no dañaran a los demás
o su extravagancia fuera tan sólo una preferencia de refinamiento
sexual.
Ya mencionamos las “desviaciones”
que fueron excluidas en las sucesivas clasificaciones de
parafilia. Pero la exclusión injustamente menos celebrada
pero de gran importancia, fue la de la gerontofilia,
o afición hacia los viejos o viejas mayores de 60 años por
parte de jóvenes, sin mucho criterio de distancia etaria.
Hoy, excluyendo a la niñez prepúber que debe ser protegida,
todas las personas capaces que consienten libremente, pueden
vivir una sexualidad mucho más rica y placentera, sin la
culpa de una patologización prejuiciosa y represiva por
diferencia de edad. Las personas adultas mayores o viejas
de ambos sexos, no son enfermas ni están deserotizadas ni
condenadas a la castidad geriátrica, como en otras épocas.
Los avances de la Gerontología han liberado al hombre de
su marginación, también sexual, de otras épocas de la historia.
Se puede decir que, gracias estos cambios, la sexualidad
es más libre y menos libertina.
* Dr. Andrés Flores Colombino
Médico Psiquiatra, Geriatra
Gerontólogo y Sexólogo Clínico
Miembro del Advisory Committee de la
World Association for Sexology (WAS)
Presidente de la Federación Latinoamericana
de Sociedades de Sexología y Educación Sexual (FLASSES),
Fiscal de la Sociedad Uruguaya de Sexología.
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