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En el otro polo hay matrimonios que tienen frecuencia cero:
no lo hacen nunca. Que una pareja de casados no mantenga relaciones indica un cierto pacto
que creemos convendría revisar; algo así como que no se dan permisos para gozar dentro
de la ley del matrimonio. Se conserva esa alianza muchas veces con la fantasía, dicha
o encubierta, de que la estabilidad de la pareja proseguirá si no media el factor desequilibrante
del sexo. Hay quienes nos dicen: "si ella no me busca me hace un favor, si fuera
por mí estaría más tranquilo sin hacerlo". El caso más extremo es el de los
matrimonios (o parejas) no consumados donde a pesar de que lo intentan durante un
lapso largo de tiempo (arbitrariamente decimos unos 6 a 8 meses) no han podido consumar un
coito con penetración, al punto que, a veces, ambos son vírgenes. Pero el conflicto se
agrava cuando uno de los dos (muchas veces mediante una terapia) ya no tolera más ese
pacto de desencuentro corporal. Esta no es una problemática exclusiva de nuestro tiempo
ya que se la describe en diversos códigos religiosos donde figura como causal de
anulación matrimonial. Un bello pasaje del más bello de los libros orientales, Alf
Laila Wa-Laila (Las mil noches y una noche), nos ilustra al respecto en el relato de Alá-Eddin
(más conocido como Aladino): "Hizo proclamar el divorcio de su hija Badrú l
Budur con el hijo del gran visir, dando a entender que no se había consumado nada y que
la perla continuaba virgen y sin perforar."
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