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La hipertensión
deteriora todo el sistema cardiovascular, pero en los que
están medicados se presenta un problema adicional: los antihipertensivos,
los betabloqueantes, sedantes y diuréticos pueden alterar
el funcionamiento erectivo. Lo curioso es que, a la par de
esto, muchos no quieren hacer una dieta hiposódica (con poca
sal) pues creen que con la medicación pueden evitarla, lo
cual es un grave error. No sólo debe evitar el abuso del salero,
p.ej. salar la comida que traen a la mesa sin haberla probado
antes, sino el consumo de alimentos con alto contendido en
sodio como fiambres, galletas, salsas o enlatados. No es cierto
que la sal sea imprescindible: se puede aderezar con hierbas
aromáticas, menta y perejil, vinagre, limón o jengibre, que
además tienen acciones benéficas propias.
Es interesante
remarcar un concepto de los médicos norteamericanos: el de nutritional healing
(curación nutricional); los naturistas también tienen una frase para esto: que el
alimento sea tu remedio. Algunos han hablado de nutrimentos para denominar
aquellos nutrientes con función curativa. Por lo menos habría que pensar en que la
alimentación no se torne tóxica para el organismo: evitar las grasas saturadas y el
colesterol, disminuyendo los azúcares refinados en todas sus formas (feculentos, azúcar
común, pastas blancas) con el agregado de fibras, cereales integrales, frutas y verduras,
aumento de la ingesta de pescado de mar en detrimento de las carnes rojas. Pero muchos
médicos -quizás urgidos por el tiempo o ante la poca receptividad de los pacientes-
prefieren medicar antes de apelar en el inicio a los factores higiénico-dietéticos pero
no sería lo más aconsejable.
Al margen de los
efectos colaterales que puede acarrear la medicación, la hipertensión es un factor de
riesgo de primer orden en las enfermedades cardiovasculares (junto con la diabetes, el
colesterol alto, el estrés, la vida sedentaria, la obesidad y el tabaquismo). Si
consideramos que la erección depende de un factor vasodilatador y una buena contención
venosa, todo lo dicho nos permite deducir su estrecha ligazón. Revertir este cuadro es
posible, en la medida que exista la determinación de cambiar: hay que controlar la dieta,
se puede recurrir a diuréticos naturales, hacer actividades guiadas para bajar de peso,
caminatas de 4 a 5 km, suprimir las bebidas e infusiones que contengan cafeína. Técnicas
de relajación, combinadas con actividades aeróbicas (marchas, bicicleta, natación o
gimnasia), el uso de tisanas naturales, el descenso de peso y una dieta con poca sal,
pueden controlar la hipertensión benigna, sin necesidad de utilizar medicamentos.
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