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La
diabetes, que se caracteriza por una alteración en el metabolismo
de la glucosa, especialmente cuando no es tratada con dieta,
antidiabéticos orales o insulina, según los casos; puede producir
severos daños tanto a nivel de los nervios (neuropatías diabéticas)
como de las venas y arterias (donde puede aparecer déficit
circulatorio y arterioesclerosis). Como sabemos, la respuesta
erectiva depende de un buen estado del sistema circulatorio
y neurológico, por lo que no sorprende la frecuencia de consultas
hechas por diabéticos, tanto juveniles como adultos mayores.
Algo parecido ocurre en las arterias de las personas que tienen
valores persistentemente altos de colesterol y triglicéridos.
La obesidad
también atenta contra la salud y se ve particularmente afectada la circulación
sanguínea. Comprender esto es simple: el corazón y su aparato vascular periférico
-arterias y venas por donde circula la sangre- están preparados para cubrir una
determinada superficie o, para ser gráfico, para un cierto porte físico. Cuando una
persona sube 10 o 20 kilos, está exigiendo a su aparato cardiovascular que, al ser
sometido a este permanente esfuerzo, termina deteriorándose: por eso los obesos son
propensos a la arteriosclerosis y a los problemas cardíacos. Otro aspecto que los afecta,
es que su estética puede provocar rechazos en la pareja y en ellos mismos, con una baja
en la autoestima. Si bien no hay que dejar de evaluar los problemas metabólicos como el
hipotiroidismo, en general lo que se observa es un descuido personal y de la salud, en
medio de un caos higiénico-dietético. En esta agresión al cuerpo puede esconderse una
caída de la autovaloración. No piensan que el cuerpo también es el alma, como
decía el poeta Walt Whitman y que, en un encuentro sexual, no sólo participa la
genitalidad sino el componente espiritual, donde el amor por uno mismo está en conexión
con el amor por el otro. Si este orden se rompe, la entrega será pobre, no solamente por
las limitaciones orgánicas que influyen en la respuesta sexual sino porque el componente
autodestructivo, al que hacíamos referencia, también perjudica al vínculo.
Alguien podría
plantear que con una pastilla se evitan todas las molestias que le acarrea organizar su
vida; en ese caso, si se trata de un individuo con problemas erectivos, su intención
de resolver ese síntoma marcha inevitablemente hacia un fracaso rotundo, salvo que sólo
quiera recurrir a las prótesis (sean químicas -inyecciones de drogas
vasoactivas- o quirúrgicas).
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