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Un paciente me decía que, habiendo
dejado el cigarrillo, "se sentía sexualmente más seguro
cuando fumaba". Esto entraría en contradicción con
lo que siempre se dice de la acción nociva del tabaco sobre
la potencia sexual. Quiero aclarar que lo que siente el fumador
no se debe sólo a lo psicológico de calmar ansiedades orales,
sino que es debido a la nicotina, un alcaloide que a bajas
concentraciones tiene una acción excitatoria y en altas un
efecto inhibidor y apaciguador. En el ser humano se ha observado
un aumento de la atención y del aprendizaje, con mejor capacidad
de concentración, sobre todo en actividades rutinarias. Si
la cantidad de nicotina es alta, se produce una disminución
de la sensación de tensión, o sea que se asemeja a la función
de un sedante. Permite controlar las sensaciones de miedo,
por eso los fumadores recurren al cigarrillo con mayor frecuencia
en situaciones de estrés, incluso sexual: es célebre el varón
que prende el cigarrillo cuando tiene que ir a enfrentar a
una mujer.
Pero no podemos olvidar que
el consumo crónico lleva a que la nicotina produzca:
Dependencia.
Hipertensión
arterial.
Interacción
con varios medicamentos, a muchos de los cuales les neutraliza el efecto (como ejemplo
vale conocer que cada cigarrillo consume 30 mg de vitamina C).
Aumento del
colesterol.
Disminución
de la irrigación sanguínea.
Angina
de pecho, infartos y ateromas.
Impotencia.
Trastornos
en la marcha.
Gastritis y
úlceras de estómago.
Disminución
de la micción.
Insuficiencia
respiratoria, bronquitis y enfisema pulmonar.
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