Errar
(fallar) es humano. Aunque para muchos el dicho popular
no tiene cabida en el aspecto sexual, basta con que tengan
una sola erección deficiente para que sientan que han fracasado
como varones. Son parte de la cultura machista que hace
que se dramatice al máximo un contratiempo masculino y que
el temor al fracaso pese como una espada de Damocles.
El miedo a que el fracaso ocurra también podría
verse como la anticipación del mismo. El varón teme no obtener una buena erección
y es esa misma ansiedad (quizá basada en que alguna vez le ocurrió) la que
dificulta aún más el éxito del intento, su estado de nerviosismo puede desembocar
en una impotencia o en una eyaculación rápida.
Un encuentro donde no se logre la erección o tenga
un descontrol orgásmico puede ser totalmente circunstancial
pero en algunos individuos genera el pánico a que sea definitivo
y permanente y eso perpetúa el síntoma. Esto puede producirse
porque los múltiples factores que intervienen pueden verse
afectados durante el encuentro sexual. En los casos de temores
exacerbados las causas están relacionadas con el aspecto
psíquico. Por ejemplo: debut sexual, una nueva compañera,
hacerlo en un auto o en una habitación en la que se teme
que alguien pueda entrar, exigencias de la pareja, problemas
con el preservativo, miedo al embarazo o al SIDA. Todo esto
da lugar a lo que llamaríamos una profecía autocumplidora:
tengo miedo de que me pase, luego: seguro que
me va a pasar y, finalmente, ¡yo sabía que
me iba a pasar!
| Un encuentro donde
no se logre la erección o tenga un descontrol orgásmico puede ser totalmente
circunstancial pero en algunos individuos genera el pánico a que sea definitivo
y permanente y eso perpetúa el síntoma. |
En la experiencia clínica se ve que son los varones
inseguros, altamente competitivos, obsesivos, exigentes y perfeccionistas,
los que toleran menos un fracaso sexual transitorio, transformándolo en algo
más grave y cronificado. Si no se los tranquiliza van al encuentro de una
mujer con la pregunta permanente: "¿esta vez lo lograré o volveré a fracasar?",
y así configura, justamente, un nuevo fracaso. Como consecuencia del temor
a fracasar es común que los varones comiencen a esquivar el encuentro amoroso
valiéndose de excusas diversas. A otros los asaltan dudas acerca de su hombría
y se plantean si no les habrá emergido una homosexualidad latente. También
están los que comienzan a recelar algún problema grave de salud. La cuestión
es que de un fallo ocasional, magnificándolo, todo se convierte en un drama.
| En la experiencia clínica
se ve que son los varones inseguros o altamente competitivos los que toleran
menos un fracaso sexual transitorio, transformándolo en algo más grave y
cronificado. |
Existen individuos que le temen al fracaso sin
haberlo experimentado previamente y esto es posible en los casos de personas
fóbicas u obsesivas, y que no poseen buena información o, por el contrario,
están abrumados por las idealizaciones: una expectativa desmesurada o un arquetipo
sexual de gran exigencia, pueden llevar al fracaso, porque es tan alta la
meta que se trazan que nunca la pueden alcanzar. Es como si alguien que quiere
escribir piensa que no podrá hacerlo como Cervantes o Borges o, si sueña con
pintar, no llegará a ser como Picasso o Michelangelo. Un ideal del yo de esa
naturaleza sólo logrará impotentizarlo.
En el caso de los varones vírgenes vemos que ellos
no saben cómo hacerlo, más aun si su compañera tampoco lo sabe o, en el caso
opuesto, si sabe demasiado en comparación a ellos. No ocurre lo mismo si van
a debutar con una prostituta porque en ese caso se ponen en sus manos como
pájaros asustados y, a veces, esto actúa como desinhibidor, aunque también
se ha visto lo contrario: muchos salieron de la pieza cantando victoria pero
tan vírgenes como antes. En ocasiones la primera experiencia puede ser muy
cruel y calar muy hondo en ese varón infortunado. Si en el debut se tiene
una erección deficitaria o una eyaculación precoz, incluso sin penetrar, es
totalmente comprensible por la gran presión que significa el momento. Pero
si este episodio es tomado como motivo de broma por la compañera o por otros
jóvenes (es común que muchos debuten grupalmente), puede volverse una carga
muy difícil para el iniciado.
Una de las obsesiones inhibitorias es la del pene
corto y esto es visto por muchos varones como un fracaso en sí mismo.
Y si el individuo centra todas sus expectativas en el tamaño de sus genitales
se volverá un revés insalvable, porque en este sentido la anatomía marca pautas
irreversibles, salvo que alguien apele a una plástica correctora. Es bueno
que estas personas tengan en cuenta que el tamaño no guarda correlato con
el rendimiento sexual. No es por tener un pene pequeño que se fracasa, como
tampoco tenerlo muy desarrollado es sinónimo de ser un amante incomparable.
En ciertas situaciones esto es utilizado para disfrazar miedos e inseguridades
que nada tienen que ver con las medidas anatómicas, es el que dice: “no
puedo ir con una mujer porque lo tengo chico", pero en el fondo le sirve
como excusa, como beneficio secundario.
Vemos también un personaje prototípico que se
disocia de su pene y se refiere a él como a algo ajeno a su cuerpo,
separado de su persona: "éste no me funcionó, me jugó una mala pasada,
se me durmió", suele decir explicando su problema, aunque en realidad
de esta manera intentan eludirlo. Ellos no son los responsables: ¡es el
maldito que se negó a funcionar!
| No es por tener un
pene pequeño que se fracasa, como tampoco tener un pene muy desarrollado
es sinónimo de ser un amante incomparable. |
* Dr. Adrián Sapetti, psiquiatra,
sexólogo clínico
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