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Nota
del Dr. Sapetti: me pareció muy valioso y valiente este testimonio
donde hay una variedad de conflictos resumidos en él, desde
fantasías de castración –claramente explicitadas-, recuerdos
de intentos de abuso sexual incestuoso, crisis de identidad
y aversión sexual, masturbación compulsiva, debut tardío,
controles obsesivos, problemas con el frenillo, disfunción
eréctil, descontrol eyaculatorio, deseo sexual disminuido
y una cierta anhedonia con dificultad de conectarse con el
placer. Aunque parezca una exageración o un cuadro cargado
de dramatismo, es un caso narrado así por su protagonista.
Su dedicación y colaboración a la terapia hicieron posible
un giro radical en su vida, permitiéndole abandonar su estilo
controlador de las emociones, gozar, dar y recibir placer.
En sus propias palabras: disfrutar de una sexualidad plena.
Infancia
“Básicamente
el psicoanálisis habla del temor a la castración, pero
con la característica de que en las fobias se exterioriza
y hasta se confiesa”.
Adrián
Sapetti (“Terapéutica de Fobias Sexuales”). |
Recuerdo que tenía ideas de cortarme
el pene y incluso había ideado un método de cortarlo que era
como una guillotina múltiple. No creo que fuesen fantasías,
ni pesadillas, creo que pensaba que sería una buena idea,
o una solución para algo.
Recuerdo estar masturbándome en
diferentes circunstancias, aunque no muchas: debajo de mi
escritorio, en la cama de mi abuela, etc. Tengo la sensación
de que mi mamá en un momento quiso tocarme, aunque no recuerdo
muy bien ese momento; sólo recuerdo que fue traumático pero
no fue una violación ni mucho menos: me encerré en mi cuarto
y me mantuve haciendo fuerza contra la puerta para que no
entrase. Aún siendo más chico, le gané en fuerza y no pudo
hacerlo.
En el colegio recuerdo la primera
vez que una chica gustó de mí: no le llevé el apunte. Fue
en 6º grado. En ese momento un juego en el colegio era tocarles
la cola a las chicas: no sé si lo hacía porque me gustaba
o para seguir el juego general. En todo este período nunca
tuve novia, ni ganas de tenerla, ni tuve mi primer beso, ni
nada de lo que comúnmente ocurre en esta etapa.
Adolescencia
“Nada vendrá de nada”.
W.
Shakespeare (King Lear) |
Ya en el secundario, todo siguió
en la misma tónica. Si una chica gustaba de mí, la rechazaba.
Tuve coqueteos con la homosexualidad, llegué a pintarme las
uñas (una sola vez), pero no me gustaban ni las chicas ni
los chicos. Debido a ello, en esos 5 años de secundaria no
hay nada para destacar aquí. Ni primer beso, ni contactos
sexuales, ni físicos, ni de ningún tipo.
En 3º sentía rechazo por las mujeres:
las consideraba seres inferiores. Luego desistí de esa idea
(falsa), todo siguió su curso normal: nada de nada de nada.
Ni pérdida de virginidad, ni primer beso, ni ninguna otra
cosa relevante para contar. No me acuerdo de masturbarme o
lo hacía esporádicamente.
Juventud
“Todo amenaza con la ruina a un hombre joven:
el amor, las ideas, la pérdida de la familia, la entrada
en el mundo de los adultos. Le es duro aprender cuál
es su lugar en el mundo”.
Paul Nizan (Adén Arabia) |
En la misma línea que el período
anterior, nada cambió, salvo el hecho de la masturbación.
Fue más frecuente, hasta llegar a todos los días en vacaciones.
Hubo chicas que gustaron de mí: rechacé a todas. Luego, hice
una rutina con las masturbaciones: eran los sábados a la noche,
duraban cerca de 3 a 4 horas y eyaculaba entre 3 y 4 veces
(mi máximo en una sola tanda).
A los 26, cansado de ser virgen,
quise debutar, intentándolo con una prostituta: fuimos a un
hotel alojamiento y, por más que ella lo intentó, no pude
lograr una erección. El problema no fue que no pude lograr
una buena erección sino que ¡no pude lograr una erección en
absoluto! Al cabo de unos meses, intenté con otra prostituta
en un burdel: no logré ni una erección ni nada, aunque la
“chica” del momento también hizo lo necesario
para que lograse una erección.
El problema en ambos casos es
que no sentí en ningún momento la “presión”, o
la tensión porque no se erectaba. Estaba tranquilo, tratando
de disfrutar, y sin embargo nada pasó. Ahora pienso que esto
fue por mi falta absoluta de deseo. Ignoro si tengo un bloqueo
emocional o realmente no tengo libido suficiente. Pero creo
que no es (o no es “todo” el problema) un problema
de presión.
Comencé a informarme sobre sexo
y me di cuenta de que sufría un problema en el prepucio: no
podía retirarse para atrás convenientemente. Esto hacía que
debiese usar gel lubricante en mis masturbaciones. Al principio
mi médico consideró que era por tener el frenillo muy corto.
Sin embargo, a pesar de cortarlo en una intervención quirúrgica
seguí teniendo problemas con el prepucio, aún sin frenillo,
por lo que decidí consultar a otro especialista y me sugirió
realizarme una “postioplastia” (retiro del prepucio,
como la circuncisión), que finalmente hice. Los resultados
fueron buenos y malos. Logré evitar el gel lubricante en mis
masturbaciones, pero ahora ni de lejos puedo eyacular 4 veces
como antes. Ya la segunda me cuesta, y ni que hablar de una
tercera. Además, perdí sensibilidad en la zona inferior del
glande, zona que antes de la operación me producía muchísimo
placer. Perdí interés por la masturbación y ahora la realizo
cada tanto, más por obligación (me desagrada la idea de no
masturbarme nunca) que por deseos.
Con respecto al resto, la misma
tónica de siempre: ni deseos, ni mujeres, ni primer beso,
ni pérdida de virginidad, nada de nada.
Mi
primera novia
Al final me decidí a tener novia
este último año, más por la idea de que no podía pasarme la
vida sin siquiera haber recibido un beso. Lamentablemente
tengo que decir que fue una idea racional, un plan para tener
mi primer beso, saber “de qué se trata” estar
de novio, aprender las cosas que los novios hacen, perder
la virginidad, y así. Igualmente todo el problema se desencadenó
por otro más egoísta: no poder lograr erecciones con ella,
y además tenerla desnuda al lado mío y no sentir ni cosquillas.
Pero si aprieta su cuerpo contra el mío en la calle, sí logro
una erección, creo bastante firme. Logré en parte mi objetivo:
mi primer beso y saber lo que es ser “novio”.
Pero los problemas empiezan en la cama, por lo que recapitularé
mis tres encuentros con ella:
Primer encuentro:
A pesar de verla desnuda, de tocarla
y de que me tocase, no logré una erección en absoluto. Eso
me desconcertó de sobremanera, puesto que yo creía que en
las anteriores oportunidades había fracasado porque eran prostitutas
y la presión era muy alta. No supe que hacer, y balbuceé que
todavía era muy pronto y que estaba muy nervioso. Zafé, puesto
que “los nervios” son una razón válida para no
poder lograr una erección, pero me preocupé mucho.
Segundo encuentro:
Ya más precavido, tomé Viagra
y decidí que si no lograba una erección, en el mientras tanto
iba a realizar juegos previos como caricias y sexo oral para
no pasar por lo mismo que la primera vez. Estuvimos durante
2 horas aproximadamente. La primera no logré nada, por lo
que le practiqué sexo oral, lo que a ella le gustó sobremanera
(y yo salí bien parado). Luego, por razones totalmente desconocidas,
logré una erección.
Automáticamente la penetré para
no perderla. Seguí durante no más de 30 segundos, aún controlándome,
cuando eyaculé. No sentí ningún placer. Luego, seguí con las
caricias y besos. No sabía si habría una segunda erección
(no la hubo). Aquí gané porque la llené de caricias, la penetré
y eyaculé. Creo dejé una buena impresión, aunque íntimamente
supe que no había resuelto ningún problema. Seguía con problemas
de erección y de falta de deseo.
Tercer encuentro:
Tomé Viagra nuevamente y al principio
se reiteró lo anterior. En la primera hora no hubo erección.
Luego la hubo y por no querer perderla, le sugerí que me practicase
sexo oral, cosa que hizo. Cuando declinaba, yo mismo tomé
cartas en el asunto y me masturbé lo suficiente para eyacular
en su boca. Luego siguió habiendo muchas caricias. Ella se
calentó sobremanera pero no había forma de que yo lograse
una erección, aún si ella me estimulaba manualmente.
Actualidad
Aquí es cuanto decido consultar
a un especialista, pues es evidente que tengo un problema
que realmente quiero resolver. Quiero disfrutar de una sexualidad
plena, pues sé que hay toda una parte del mundo que me estoy
perdiendo, y que es necesaria para un desarrollo y madurez
psicofísica integrada y armoniosa.
No sólo quiero evitar seguir teniendo que dar
explicaciones en la cama, cosa que realmente me desagrada,
sino que pueda realmente gozar y hacerla gozar de una
sexualidad compartida y que sea un ingrediente más para
una relación espectacular y muy positiva, cosa que creo
podemos lograr.
Horacio, Bs. As., Argentina, Julio de 2006 |
Nota del editor: se sugieren,
como complemento, los siguientes artículos: Fobias
sexuales, Deseo sexual inhibido,
Terapéutica de fobias sexuales.
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