ALCOHOLISMO Y DISFUNCIÓN ERÉCTIL*
Parte 1

Baco por Caravaggio

No bebo vino por el simple gusto de emborracharme
ni por vicio, falta de fe
o con idea de ofender la moral,
como pregonan los hipócritas
en el palabreo de sus sermones.
Quiero apenas respirar,
olvidar mi alma.
Solamente por eso
bebo y me embriago. 
                                                                  
                                                                                                       Baco, por Caravaggio
                
                        Rubaía (denominación persa de cuarteta) 150                                                                                                                                                                             

OMAR KHAYYÁM, Las Rubaitas

 

ALCOHOLISMO Y DISFUNCIÓN ERÉCTIL (DE)

Un tópico importante a tratar en las causas de la DE es el referido a la ingesta de bebidas alcohólicas. Siempre se dice que el alcohol es un desinhibidor: desde el joven que ingiere una cerveza antes de ir a bailar, hasta el que se toma unos vinos para entonarse en la fiesta o para enfrentar distintas situaciones que pueden inhibirlo.

En esto no escapa la sexualidad: hay personas que creen que si beben antes de un encuentro sexual el alcohol actuará como un afrodisíaco.

Pero: ¿dónde está el límite pasado el cual el alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso central? Es sabido que, en pequeñas dosis, el alcohol bloquea algunos centros corticales: cuando lo hace en aquellos que controlan la ansiedad resulta efectivo en ese sentido, pero luego –con mayor ingesta-produce una estrechez en el campo de la conciencia, una depresión de los centros respiratorios y, por supuesto, de la respuesta sexual, pues retarda los reflejos. Un viejo aforismo dice que el “alcohol produce excitación sexual pero impide ejercerla”.

Con mucha frecuencia se habla actualmente sobre el tema de la adicción, pero sería conveniente definir algunos términos, no meramente como algo académico sino con relación a las consecuencias que produce en los pacientes. La habituación se caracteriza por un consumo repetido del producto debido a un deseo, pero no incontrolable, de continuar tomándolo a causa de los efectos que provoca; con ninguna o poca tendencia a aumentar la dosis; con un cierto grado de dependencia psíquica pero sin dependencia física ni síndrome de abstinencia (cuadro caracterizado por una sintomatología variada ante la supresión de la droga) y con efectos eventuales en el consumidor. En cambio, la toxicomanía es un estado de consumo regular y crónico con un deseo incontrolable de tomar la droga por todos los medios; con tendencia franca a aumentar la dosis, una dependencia psicofísica, y aparición de un síndrome de abstinencia con síntomas corporales y psicológicos; con efectos nocivos para el individuo y la sociedad.

Algunos han dividido a los consumidores en: curiosos, consumidores sociales y adictos. En el caso del alcohólico se da siempre una correlación entre el efecto del alcohol y la personalidad del individuo, tanto como la influencia social y familiar. El adicto (a la droga, al cigarrillo, al alcohol) es una persona con estado de dependencia psicofísica frente a un producto, que se establece luego de su administración periódica y continua.


Testimonio 1

Gonzalo, 25: ¿es cierto que el vino sirve para retardar la eyaculación?, porque yo tomo vino blanco y demoro más. Pero tengo miedo de andar dependiendo del alcohol para no eyacular rápido.

Hay un varón que va a un encuentro sexual en estado de embriaguez, al punto que, risueñamente, se dice que es aquél que se levanta al día siguiente y no sabe con quién se acostó ni en qué lugar lo hizo. Es el estado de alcoholismo agudo que en general impide la erección y la eyaculación, y que muchas veces va asociado con escenas de violencia. Como no puede realizar el acto ejerce algún tipo de agresión física o verbal con su pareja ocasional o conviviente. Otro caso, no tan manifiesto en su patología, es el individuo que mantiene una ingestión alcohólica cotidiana pero que no llega a emborracharse.

La famosa “cultura alcohólica”, ostentada con orgullo, le permite a ciertos individuos tomar grandes dosis de alcohol, por ejemplo: un litro o litro y 1/2 de vino en las comidas, varios whiskys o aperitivos antes o después de éstas y alguno que otro licor. Esto va produciendo un estado de intoxicación crónica que, además de producir aumento de peso y de triglicéridos, daña al sistema nervioso ocasionando polineuritis; también afecta al hígado con distintos grados de lesión (la más grave es la cirrosis y la insuficiencia hepática), lo que trae aparejado problemas metabólicos y endocrinos que alteran el ciclo hormonal (p. ej. de la testosterona). También se pueden observar ginecomastia e infertilidad.

Desde lo psiquiátrico van mermando las funciones psíquicas superiores, con depresión o -más grave aun- con casos de demencias. Toda esta constelación lleva a que, en un tiempo variable para cada caso, el alcoholista crónico vaya padeciendo diversos grados de disfunción eréctil, menor deseo sexual (deseo sexual hipoactivo), retardo eyaculatorio o aneyaculación, muchas veces asociados a celos patológicos porque piensa que la mujer lo engaña con otro, al no conseguir la erección y suponer -o proyectar- que ella no quiere mantener relaciones sexuales, y por cierto muchas veces él hace todo lo posible para que esto sea así, lo que acarrea un factor conflictivo adicional.

Los efectos del alcohol en la función sexual pueden ser divididos en aquellos que resultan de la ingesta, a veces excesiva y ocasional (bebedor social), o aquellos que resultan del consumo excesivo crónico.

En el primer caso, los efectos inmediatos son producidos por efecto directo del etanol. En cambio, en el alcoholismo crónico, son debidos a enfermedades secundarias producidas por el consumo reiterado como: enfermedad hepática, trastornos metabólicos y hormonales, deficiente nutrición y trastornos psiquiátricos, así como los efectos de una cierta desarmonía social.

Frente a un estímulo erótico el individuo puede estar más estimulado (sensación de excitación) y obtener menos rigidez peneana luego de consumir alcohol.
En el alcoholismo crónico, la disfunción sexual está directamente relacionada con el tiempo, la cantidad y la frecuencia de la ingesta de alcohol, y en algunos casos la Disfunción Eréctil puede ser permanente, aún luego del completo cese de esta adicción.

Si bien un reporte del laboratorio que sintetizó la molécula y un trabajo publicado en Clinical Pharm & Therap, 2004, concluyen que el sildenafil 50 mg. no potenció el efecto hipotensor del alcohol en voluntarios sanos con alcoholemias máximas medias de 0,08%, nosotros desde la Medicina basada en la experiencia, en nuestro Centro Médico, hemos visto que, con altas dosis de bebidas alcohólicas (una botella de vino o de champagne, p. ej.), presentaban cuadros de hipotensión con mareos y disminución del efecto del sildenafil y otros inhibidores de la 5-fosfodiesterasa. Puede incrementar signos de hipotensión ortostática, taquicardia, mareos y cefaleas.

Testimonio 2

Leandro, 26: Bueno, conseguí a una que, aunque no me gustaba mucho, iba a ser quien me ayudara en el asunto. Yo había bebido demasiado y fallé. Y lo peor es que había tomado Viagra, pero de nada sirvió. Encima ella me dijo: “La próxima vez podrías tomarte un Viagra”, eso me mató. Luego la dejé.

Uno de los recursos a los que apelan los varones, incluso jóvenes, luego de una ingesta alcohólica tóxica es tomar sildenafil para paliar la disminución de los reflejos y la dificultad eréctil que suelen presentar, muchos de ellos igual han fracasado pues no lograron la erección, o no pudieron eyacular o, simplemente, se quedaron dormidos.


MECANISMOS CAUSALES DE LA DISFUNCIÓN ERÉCTIL

Se han postulado diversos mecanismos etiopatogénicos del alcohol en la aparición de disfunciones sexuales:


• degeneración de los receptores de la testosterona
• dominancia estrogénica
• menor producción seminal
• trastornos enzimáticos y metabólicos en intestino, hígado y gonadas
• daño en los testículos
• disminución en la producción de la DHEA
• pobres cuidados metabólicos
• pobre alimentación
• aumento de triglicéridos
• disfunción endotelial
• insulino resistencia
• daño hepático
• deterioro del SNC y periférico

CONTROVERSIAS SOBRE EL VINO Y LA SALUD

Es cierto que a la ingestión moderada del vino, especialmente del tinto, se le atribuye un efecto benéfico sobre el aparato cardiovascular y un aumento de las HDL (lipoproteínas de alta densidad) cuya función es la de llevar el colesterol al hígado para que se metabolice, de allí su denominación popular de "colesterol bueno". Tendría demás una acción antiagregante plaquetaria (algo similar a la aspirina) haciendo más fluida la sangre.

Es interesante destacar que estos efectos no son atribuibles al alcohol sino a algunas sustancias -polifenoles, p.ej.- presentes en los buenos vinos tintos (particularmente en el Cabernet Sauvignon) ya que no se observan con otras bebidas como la cerveza, el whisky y los vinos blancos.

Amén de ello, el vino es conocido, desde sus lejanos orígenes, tal vez en Persia (Chiraz o Syrah), como un tónico y euforizante que alegra los espíritus bienaventurados y hay quienes afirman que la vida sin vino no tendría sentido. Pero no se pueden dejar de destacar algunas omisiones y equívocos: mal que les pese a los adoradores del vino hay que aceptar que una acción de tipo circulatoria y preventiva de los accidentes cardiovasculares, como algunos sostienen, sólo se da con consumos moderados o bajos.

Los pacientes se preguntarán: ¿qué es eso de moderado? Lo que es pornografía para unos puede ser la risa del genio para otros, nos decía D. H. Lawrence. Lo que es mucho para mí podría ser nada más que el comienzo de una libación para algún otro degustador. La medida es de una copa por día y, desgraciadamente, con la mayor ingesta no aumentan los beneficios.

En cuanto a la cantidad de alcohol equivalente en las otras bebidas, habría que hacer un cálculo comparativo pensando en los grados de un buen vino que, en general, oscilan entre un 11 a 13 % (la cerveza está en un 4 a 5 % y las bebidas blancas alrededor de un 40% y los licores algo menos).

Por otro lado, en oposición al colega (además de poeta, arquitecto, matemático y astrónomo, practicó la Medicina) Omar Khayyám - oriundo de Persia, como el vino-, hay ciertos cuadros donde el vino debe ser restringido o suprimido: obesidad marcada, úlcera gastroduodenal y gastritis, personalidades adictivas, alteraciones hepáticas y neurológicas. Algunos vinos perjudican a los gotosos ya que aumentan el ácido úrico, los que tienen diabetes o triglicéridos altos deben restringir las cantidades y está contraindicado con el uso conjunto de psicofármacos.

El abuso del consumo del alcohol también puede traer deterioro en la actividad sexual (si quieres beber, bebe; pero si quieres hacer el amor, larga la botella, decía el escritor Charles Bukowski, gran pendenciero y bebedor). Además: no se debería manejar un auto si se bebió antes.

SILDENAFIL, TADALAFILO, VARDENAFILO, DE Y ALCOHOLISMO

En los tiempos del sildenafil muchas veces los pacientes preguntan si pueden tomar algunas de las tres drogas erectogénicas con bebidas alcohólicas y en general la respuesta es que sólo con dosis moderadas a bajas (1 a 2 copas de vino o sus equivalentes) puesto que podrían aparecer efectos hipotensivos. En todo caso el consenso es que el médico nunca podría indicar una asociación de medicamentos con vino u otras bebidas alcohólicas, incluso no debería aconsejar el uso del vino con finalidades terapéuticas.

Muchos pacientes eyaculadores precoces o fóbicos me manifestaron que usaban el vino para retardar el orgasmo o enmascarar los temores, respectivamente: pero considero que es un pésimo recurso, ya que es un paliativo inadecuado y poco aconsejable. Además de esa manera ayuda a mantener la problemática (a veces sumando otra), sin resolverla.

Por otro lado nunca debemos olvidar que hay otros factores más importantes para disminuir el riesgo cardiovascular que tomar vino: realizar técnicas contra el estrés, actividades físicas, dejar de fumar, modificar la dieta disminuyendo las grasas saturadas (manteca, cremas, yema de huevo, fritos, carnes grasas, chocolate) y aumentando las llamadas poliinsaturadas presentes sobre todo en los pescados, frutas secas (almendras, nueces), semillas (de sésamo, girasol y de zapallo), aceites vegetales (oliva, sésamo, girasol, maíz, uva).

Entre ambas fracciones de grasas deberán mantener una relación proporcional, de allí que en los EE.UU. y en otros países, frente a la alta incidencia de patología cardiovascular, de lípidos altos en la sangre (colesterol y triglicéridos) y de obesidad, ha habido una violenta aparición de comidas y alimentos - lácteos, carnes y repostería hasta incluso huevos, helados y chocolates- que son low fat o non fat o fat free, como se prefiera, y que consiste justamente en el reemplazo de las grasas saturadas por las mono y poliinsaturadas (p. ej. los llamados Omega-3, aceites de pescados marinos que también se consiguen en cápsulas).

Asimismo se puede inferir una acción antioxidante del producto de la vitis viníefera (polifenoles, resveratrol -que además tiene propiedades antienvejecimiento) por la relativa captación de los llamados radicales libres, que son actualmente los malos de la película por su acción envejecedora, generadora de tumores e inhibidora de las defensas.

Es bueno saber que sólo con el maravilloso producto de las vides no alcanza, sino que hay que agregar cereales, fibras, frutas y vegetales crudos (especialmente las crucíferas: repollo, coliflor, bróccoli, repollitos de Bruselas) en forma generosa y cotidiana y, en ciertos casos, será necesario suplementar con otros antioxidantes como la vitamina E, el betacaroteno y algunos minerales. En bebedores consuetudinarios, habría que agregar vitaminas del complejo B y protectores hepáticos como la silimarina y el ácido tióctico.

En el estudio MMAS (Massachusetts Male Aging Study) realizado en Estados Unidos en 1994, y al igual que ocurrió con el consumo de tabaco, aquellos pacientes que demoraron la cesación de consumo significativo y crónico de alcohol no encontraron mejoría en su función eréctil. Este hecho irreversible podría deberse a la agresión neurológica del alcohol sobre las estructuras nerviosas.


* Dr. Adrián Sapetti, médico psiquiatra, sexólogo clínico, Presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, Director del Centro Médico Sexológico, TE: 4552-0389/ 4555-6865, autor de “Los senderos masculinos del placer” (Editorial Galerna) y de “Confesiones íntimas” (Ediciones B).
Director del sitio www.sexovida.com

Nota: Este artículo consta de dos partes y será completado en la próxima entrega

 

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