¿COMPULSIÓN,
IMPULSIÓN O ADICCIÓN SEXUAL?*
Parte I
*Lic. Maria Bernarda Romero
Psicóloga. Diplomada en salud sexual. Sexóloga
clínica
marber58@yahoo.com.ar
Resumen
Hace ciento veinte años atrás,
Krafft Ebbing (1886) describió como sexualidad patológica,
violatoria de las leyes del Estado y la moral, a la condición
por la cual a una persona se le incrementa el apetito sexual
en forma anormal a tal punto que atraviesa todos sus pensamientos
y sentimientos sin permitirle tener otro objetivo en la vida
que satisfacer su avidez sexual. Aún hoy, muchos facultativos
siguen de acuerdo con esa descripción y que la misma
existe en la forma de parafilias y en síndromes de
comportamiento sexual no parafílicos. Sin embargo,
la pregunta que en la actualidad permanece, es acerca de cómo
esta condición debe ser clasificada y designada: ¿como
un desorden obsesivo-compulsivo (compulsión sexual
o comportamiento sexual compulsivo)?, ¿como un desorden
del control de los impulsos (impulsividad sexual o comportamiento
sexual impulsivo)?, ¿o como un desorden adictivo (adicción
sexual)? El problema de su conceptualización y/o clasificación
no sólo es controvertido sino que esta lejos de alcanzar
las implicancias de un correcto diagnóstico, pronóstico
y su posterior tratamiento.
PALABRAS CLAVES: Compulsión, Impulsión,
Adicción Sexual, Desorden Obsesivo-Compulsivo, Desorden
Impulsivo, Desorden Adictivo
¿COMPULSION, IMPULSIVITY, OR SEXUAL
ADDICTION?
Abstract
KEY WORDS: Compulsion, Impulsivity, Sexual
Addiction, Obsessive-Compulsive Disorder, Impulse-Control
disorder, Addictive Disorde
¿COMPULSIÓN,
IMPULSIÓN O ADICCIÓN SEXUAL?
INTRODUCCIÓN
Fenichel en 1945 nos dice: “En la mayoría de
los casos no es el propósito comenzar una investigación
analítica con una definición exacta del fenómeno
que se esta investigando. La definición exacta debe
ser el resultado de la investigación y no su punto
de partida. Pero una definición inexacta, como una
descripción aproximada, es necesario que sean aclaradas
para que sepamos de que estamos hablando”. (Fenichel
1945, p.197).
Sabemos que la adicción sexual no es un concepto nuevo;
el término fue ya usado hace más de medio siglo
por Fenichel (1945, p.385) y medio siglo más temprano,
en 1897, por Freud (1892-1899), quien se había referido
a la masturbación como la “adicción primordial”
desde la cual se podrían derivar todos los otros desórdenes
adictivos.
Aún así, hoy en día, el concepto de adicción
sexual se encuentra cuestionado y lleva a diversos profesionales
a la confusión sobre: “de qué realmente
estamos hablando”, habida cuenta de que la frase “Adicción
Sexual” no es definida en el DSM IV como un trastorno.
Por esta razón se hará un recorrido de diferentes
formas de ver esta patología, para arribar al concepto
de adicción sexual como tema central del presente trabajo.
DESARROLLO
Ciento veinte años atrás, Krafft Ebbing (1886)
describió: “Una condición por la cual
a una persona se le incrementa el apetito sexual en forma
anormal a tal punto que atraviesa todos sus pensamientos y
sentimientos sin permitirle tener otro objetivo en la vida,
en forma tumultuosa y demandante de gratificación sin
garantizar encuentros morales o encuentros correctos, resolviéndolo
con una sucesión de disfrute sexual impulsivo e insaciable.
Esta sexualidad patológica, violatoria de las leyes
del Estado y la moral, es aterradora para las víctimas,
dado que se encuentran en constante peligro de perder su honor,
su libertad y aún sus vidas” (pp. 70-71).
Muchos facultativos están de acuerdo con Kraff &
Ebbing al describir que la sexualidad patológica existe
en la forma de parafilias y de manera similar en síndromes
de comportamiento sexual no parafílicos . La pregunta
permanece, sin embargo, acerca de cómo esta condición
debe ser clasificada y designada: ¿como un desorden
obsesivo-compulsivo (compulsión sexual o comportamiento
sexual compulsivo)?, ¿como un desorden del control
de los impulsos (impulsividad sexual o comportamiento sexual
impulsivo)?, ¿o como un desorden adictivo (adicción
sexual)? El problema de su conceptualización y/o clasificación
no sólo es controvertido sino que esta lejos de alcanzar
las implicancias de un correcto diagnóstico, pronóstico
y su posterior tratamiento, no debiéndose en consecuencia
considerarse esto como un detalle menor.
LO SEXUAL VISTO
CON UN TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO
Los argumentos a favor de la clasificación
de este síndrome de comportamiento sexual como una
forma de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) enfatizan la
función defensiva de la actividad sexual, en tanto
que operan para reducir la ansiedad y otros sentimientos dolorosos.
Los que proponen estos argumentos notaron que, cuando la actividad
sexual es bloqueada, los individuos que sufren esta condición,
experimentan disconformidad (Quadland 1985; Weissberg y Levay
1986).
Hollander (1993) incluyó las parafilias y las compulsiones
sexuales no parafilicas entre las condiciones que marcó
como desórdenes del espectro compulsivo-obsesivo, dado
que algunos síntomas, comorbilidad, causas posibles,
transmisión familiar y respuesta a tratamientos farmacológicos
y de comportamientos parcialmente se superponen con OCD.
Las compulsiones, sin embargo, están definidas en DSM
IV como comportamientos repetitivos (tales como lavarse las
manos en exceso, orden en exceso o control en exceso) o actos
mentales (tales como rumiar, contar o hablar silenciosamente),
que son llevados a cabo para reducir el dolor o la ansiedad
y no para proveer placer o gratificación (APA, 1994).
Los comportamientos compulsivos típicos en la mayoría
de los casos, intentan prevenir eventos aterradores o reducir
el dolor más que lograr un estado u objetivo deseado.
Las compulsiones “no están conectadas en forma
real con lo que están designadas para neutralizar o
prevenir, o son claramente excesivas” (APA, 1994, p.423),
y aún cuando los pacientes no ven que su comportamiento
compulsivo es irracional, no experimentan placer. Aquí
los lectores orientados psicoana¬líticamente podrían
correctamente objetar que todos los síntomas, incluyendo
compulsiones, son formaciones que expresan conducción
y también defensa. El DSM IV, sin embargo, maneja sólo
experiencias conscientes (ej. placer) y no considera manejos,
conducciones y gratificaciones que pueden ser inconscientes.
La intención no es aquí establecer condena alguna
a la práctica del DSM IV, sino señalar las bases
de las interpretaciones divergentes. La formulación
que se propone más adelante presenta la distinción
entre compulsión y adicción para que sea de
una dimensión más categórica y compatible
con los alcances descriptivos psicoanalíticos y empíricos.
Entre tanto, el comportamiento sexual compulsivo en este síndrome,
raramente intenta prevenir un evento aterrador. Mientras la
reducción del dolor contribuye a motivar el comportamiento
sexual, el placer y la gratificación contribuyen también
significativamente en los escenarios tempranos de este síndrome.
Además, la mayoría de los síntomas de
comportamiento en el síndrome sexual son más
complejos y menos estereotipados en sus rasgos observables
que los compor¬tamientos compulsivos típicos. Dice
Goodman (1998) que: “Los comportamientos sexuales compulsivos
pueden ser repetidos con frecuencia, pero no son repetitivos
en sí mismos. Finalmente, durante su promulgación,
los comportamientos con síntomas sexuales adictivos
están con más frecuencia en sintonía
con el Yo de lo que están los comportamientos compulsivos
. (p.13)
La urgente necesidad del sujeto en comprometerse en tal comportamiento
fue enfatizada por Fenichel (1945):
El neurótico compulsivo se siente forzado a hacer algo
que no le gusta hacer, en contra de sus propios deseos, el
perverso se siente forzado a que le guste algo aun en contra
de su voluntad. Los sentimientos de culpa pueden oponerse
a sus impulsos, no obstante, en el momento de la excitación
siente el impulso en sintonía con su yo, como algo
que quiere hacer para lograr un placer positivo. (p.324)
El DSM III R (APA 1987), clarificó
explícitamente la relación entre compulsión
y síndrome de comportamiento sexual, estableciendo
que:
Algunas actividades, tales como desórdenes de comida,
parafilias, juego patológico, dependencia o abuso de
alcohol, cuando son excesivas pueden ser referidas como compulsivas.
Sin embargo, las actividades no son verdaderas compulsiones
porque las personas sienten placer de una actividad en particular
y sólo puede resistirse a causa de consecuencias secundarias
severas destructoras . (p.246)
Parecería entonces, que el concepto
de compulsión, tal como está definido en el
DSM IV, no sería una designación apropiada para
el com¬portamiento sexual que caracteriza a este síndrome.
Otras evidencias adicionales en contra de la clasificación
de este síndrome como desorden compulsivo surgieron
de evaluaciones sobre respuestas a trata¬mientos con medicación
antidepresiva. Si bien estos temas pertenecen al mundo médico
y no hacen a la intención del presente trabajo, debemos
rescatar que los estudiosos observaron que los inhibidores
de recaptación de serotonina (ISRS) ayudaron en tratamientos
de parafilias y adicciones sexuales, no así en los
de obsesiones y compulsiones sexuales ocurridas en el TOC.
Estos investigadores encontraron que las compulsiones sexuales
de pacientes con parafilias y adicciones sexuales con depresión
comórbida mejoraron cuando mejoró su humor,
mientras que aquellos con TOC no variaron el humor cuando
mejoró su TOC. Dichos resultados sugieren que mientras
este síndrome sexual podría estar relacionado
con el TOC, también podría no ser probable que
sea alguna forma de TOC. (Kafka, M., 1991; Kruesi, F. Colaboradores,
1992; Stein, D.J. y colaboradores, 1992).
Por último podríamos considerar un pensamiento
final acerca de la clasificación de este síndrome
de comportamiento sexual como una compulsión, con un
argumento débil y en debate, pero que no obstante merece
consideración: Dodes (1995) observó que cuando
un comportamiento compulsivo no se puede concretar (en el
momento de la urgencia para concretarla), el sentimiento predominante
que se excita o eleva es la ansiedad. Mientras tanto, notó
que cuando se trata de un comportamiento adictivo que no se
puede llevar a cabo (en el momento de la urgencia para concretarla),
la ansiedad podría emerger pero el sentimiento predominante
que se eleva o excita es la furia o rabia. Cuando una persona
se compromete en alguna forma de comportamiento sexual caracterizado
por la recurrente falla en el control y omisión de
las consecuencias dañinas, el sentimiento predominante
que se excita o eleva es típicamente la rabia o la
furia. Como se dijo anteriormente, este punto no es probable
que haga oscilar a alguien que esté convencido que
el síndrome debe ser clasificado como compulsión,
pero podría ser de valor pensar acerca de esto.
LO SEXUAL VISTO
COMO UN TRASTORNO DEL CONTROL DE LOS IMPULSOS
Barth, R. J. & Zinder, B.N. (1987) argumentaron
que este síndrome sexual debería ser designado
como “impulsividad sexual”, dado que se ajusta
el criterio de diagnóstico para impulsos atípicos
de desórdenes de control en el entonces DSM III.
El DSM IV incluye la siguiente descripción de los desórdenes
de control de los impulsos:
El rasgo esencial del Desorden de Control del Impulso es la
falla para resistirse al impulso, la conducción o el
intento para ejecutar un acto que es dañino para la
persona u otros. El individuo siente un incremento de la tensión
o excitación antes de cometer el acto y luego experimenta
placer, gratificación alivio en el mismo momento de
cometer el acto. Seguido al acto, puede o no puede haber auto
reproche culpa o remordimiento.
La descripción del DSM-IV del desorden
de control del impulso parece entonces caracterizar este síndrome
sexual. Pero las objeciones para clasificar este síndrome
como un trastorno del control del impulso, generalmente dependen
de argumentos que afirman que el comportamiento sexual no
es en realidad impulsivo sino planeado, y que un tiempo considerable
puede separar un acto sexual del sentimiento que lo instiga.
Refutando lo antedicho, Pithers, W. (1990), quién escribe
acerca de los agresores sexuales, notó que mientras
las víctimas pueden ser seleccionadas oportunamente,
el acto en sí mismo ha sido nutrido durante un tiempo
considerable por las fantasías de los agresores. Describió
así las desviadas fantasías sexuales de los
agresores sexuales como sesiones planificadas para el comportamiento
futuro. La validez de estos argumentos parece descansar en
la definición de lo “impulsivo”. Las definiciones
del DSM-IV, de desórdenes del control de los impulsos,
no requieren que los actos impulsivos estén enteramente
sin planificar. Si fuese así, y si las fantasías
fueran consideradas parte del plan, entonces pocos casos clínicos
se calificarían como desórdenes en el control
de los impulsos.
Los argumentos a favor afirman que la descripción del
desorden de control de impulsos no sólo encaja con
este síndrome sexual, sino que parece caracterizar
también la dependencia a sustancias. Si la dependencia
a sustancias -que sí es reconocida por el DSM IV como
un desorden adictivo-, es también un desorden en el
control de los impulsos, entonces, una condición que
es afín al criterio de diagnóstico del desorden
de control de los impulsos no por ello debe clasificarse como
un desorden adictivo.
Además, también podríamos considerar
lo expuesto por Mas Colombo, E. Risueño, A. y Motta,
I. (2003) , quienes expresan que:
Las clasificaciones nosológicas de la psiquiatría
actual, descriptas en los manuales estadísticos internacionales
-DSM-IV-TR de la Asociación Psiquiátrica Americana
y CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud–,
no definen claramente las conductas impulsivas. Si bien sabemos
que ambos textos no son tratados psicopatológicos sino
simples descriptores de criterios diagnósticos, dejan
un gran vacío en esta temática. Tanto es así
que dedican un capítulo -los Trastornos del control
de los impulsos-, con la aclaración de no clasificarlos
en otros apartados e incluyendo en esta clasificación:
“Juego Patológico (Ludopatía), Cleptomanía,
Piromanía, Tricotilomanía y el Trastorno Explo¬sivo
Intermitente". El CIE-10, en el apartado “Trastornos
de los hábitos y del control de los impulsos”,
reconoce que se incluyen aquí por convención
ciertos trastornos de comportamiento que no fueron clasificables
en los apartados de trastornos de consumo de alcohol u otras
sustancias psicotrópicas, en los trastornos de impulsos
y hábitos que afectan al comportamiento sexual o en
los trastornos de la conducta alimentaria.
Si consideramos el significado de la palabra impulsividad
o impulsivo, éstas exceden a las conductas mencionadas
en este punto. La característica fundamental, según
la definición de la Real Academia Española,
es que una persona -llevada de la impresión del momento-,
habla o procede sin reflexión ni cautela. Queda clara
la dificultad para resistir un deseo o motivación,
pero esta definición no tiene en cuenta si dicha acción
es perjudicial para sí o para otros, y sobre todo que
esa conducta impulsiva permitiría al sujeto experimentar
placer, gratificación o liberación en el momento
de llevarla a cabo. Otra característica es que una
vez efectuada la conducta impulsiva puede haber o no arrepentimiento,
auto reproches o culpa, pero, en todos los casos, los pacientes
refieren la dificultad de controlar los impulsos que motivan
tal conducta. (p.7)
Nota: este artículo, por su extensión,
ha sido dividido en tres partes, que serán publicadas
en próximas entregas.
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