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Publicado en: Revista Argentina de
Psiquiatría Forense, Sexología y Praxis, de la Asociación
Argentina De Psiquiatras, Año IV, Vol. 2, N° 2, Mayo De 1997,
Bs.As.
El mito es el sueño colectivo,
y el sueño el mito privado, Joseph Campbell.
Introducción
Fuente de inspiración para muchos autores, la figura
de Don Juan ha ganado muchos seguidores en la realidad cotidiana. Para estos
personajes narcisistas, enamoradizos e inescrupulosos, amados y envidiados tanto
como odiados, todo vale a la hora de conquistar a una mujer. Sus orígenes literarios
y una mirada en su psicología nos permitirán comprender mejor a estos
seres seductores pero temibles, a los que se les puede asignar aquella frase
de Oscar Wilde: siempre terminan destruyendo
lo que aman.
Don Juan en el arte
El personaje de Don Juan no tiene realidad histórica,
aunque se haya inspirado en seres con existencia real. A diferencia de Giovanni
Jacopo Casanova (que es otro paradigma del eterno seductor ), un veneciano que escribió
sus memorias describiendo hazañas eróticas de todo tipo -casi gimnásticas-,
el Don Juan es una creación literaria.
Muchos escritores se dedicaron a él, entre los
que se cuentan genios de la talla de Corneille, Molière y Rostand en la lengua
francesa; lord Byron -que con este tema escribió un poema épico- y Bernard Shaw
en la inglesa. Pero la versión más conocida por nosotros, quizás la primera,
es la del escritor y monje español Tirso de Molina, quien nació en el siglo
XVI. Se la conoce como El burlador
de Sevilla y en ella, entre otras andanzas, se nos cuenta que Don
Juan mata al comendador de esa ciudad cuando éste quiere vengar el honor mancillado
de su hija. Luego, en el curso de una cena, en una de sus tantas bravuconadas,
invita al espíritu del asesinado a que se presente, ya que él no teme su venganza.
En realidad, la que se presenta a la fiesta es la estatua erigida en homenaje
al comendador de Sevilla: es el famoso convidado de piedra que termina enviando
al infatuado personaje a los infiernos. Dentro de la lengua española hay otro
autor, José Zorrilla, quien retoma esta obra, pero termina redimiendo a Don Juan Tenorio al esposarlo con su verdadero amor, Doña Inés.
Los músicos no estuvieron exentos de la fascinación
que produce esta figura; grandes compositores como Gluck y Richard Strauss le
rindieron culto con sus obras. Sin lugar a dudas el caso más famoso es la ópera
Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart
quien, con libreto de Lorenzo Da Ponte -quizás influenciado por Tirso de Molina-,
compuso esa obra inmortal donde el protagonista también es enfrentado por la
estatua de piedra y condenado al fuego eterno. La ópera introduce al joven Leporello,
que siempre acompaña a Don Giovanni,
y en quien algunos han querido ver, cual alter ego, una vertiente
homosexual del eterno seductor. Leporello es quien nos dice:
Un catálogo tiene que yo
he hecho;
observad, leed conmigo.
En Italia seiscientas cuarenta;
en Alemania, doscientos treinta y una,
cien en Francia, en Turquía noventa y una
¡ pero, en España, pero en España
ya van mil tres, mil tres, mil tres!
Algunas
interpretaciones sobre el donjuanismo
Los donjuanes cotidianos se asemejan mucho
al de la ficción; son individuos que necesitan seducir todo el tiempo, que aparentemente
se enamoran del sujeto amado, pero una vez que lo han conseguido lo abandonan.
No pueden quedar fijados en una persona determinada. Al igual que el personaje
mítico son anarquistas del amor (1). Ignoran la felicidad, la virtud
y la decencia. Consideran válida cualquier arma para conquistar, son los que
dicen: en la guerra y en el amor todo vale, ya
que los sentimientos hacia la otra persona no son tenidos en cuenta. Sólo les
interesa el instante de placer, y el triunfo permanente sobre la mujer
que someten y el marido o novio que logran burlar.
El escritor mexicano Carlos Fuentes, en su libro Terra Nostra, pone en boca de Don Juan esta frase: porque ninguna mujer me interesa si no tiene
un amante, marido, confesor o Dios al cual pertenezca y si al amarla no mancillo
el honor de otro hombre.
El varón con conductas donjuanísticas percibe al
amor como algo deportivo, como una competencia permanente y esto lo vemos en
el personaje literario que juega apuestas con otros varones desafiándolos a
que traten de conquistar mayor cantidad de mujeres que él. En la ópera de Mozart,
Don Giovanni lleva una larga lista -como narraba antes el joven Leporello- donde
anota los nombres de sus seducidas.
Una teoría interesante, se refiere a los sentimientos
homosexuales latentes del Don Juan (2) quien, al llevarse a la cama
a la mujer de otro, también estaría acostándose con el esposo o novio ultrajado.
En Casanova, Caballero de Seingalt
(como gustaba de llamarse a sí mismo), también aparecen rasgos sexuales equívocos
en sus amores con mujeres trasvestidas como varones o muchachos jóvenes (3).
Su narcisismo extremo lo lleva a revelar su esencia: Pensé en casarme con ella cuando la amaba más
que a mí mismo, pero cuando me alejé de su lado descubrí que el amor que
sentía por mí mismo era más fuerte que el afecto que ella me había inspirado.
De esa manera , nos dice el psicólogo y sexólogo Roberto Rosenzvaig,
su aparente hedonismo de carácter absoluto
oculta el desprecio por el placer compartido, porque su acción se convierte
en un monólogo narcisista. Según Foucault los dos grandes sistemas de reglas
que Occidente ha concebido para regir el sexo - la ley de la alianza y el orden
de los deseos- son destruidos por la existencia de Don Juan. (4)
Otra hipótesis más conocida atribuye al seductor
crónico la búsqueda desesperada del personaje materno y el intento de recuperar
a la madre en cada mujer. Pero, si esto se concretara en sus fantasías edípicas,
inmediatamente tendrían que abandonarla porque de lo contrario significaría
mantener relaciones con la mujer que lo ha traído al mundo, lo que los lleva
a su eterna dificultad de amar a quien desean: son los que, acuciados por el
fantasma del incesto, cuando aman no pueden anhelar, y cuando anhelan
no pueden amar, en las palabras de Freud (5).
El estilo seductor puede tomar los rasgos de una
verdadera compulsión; en este sentido es que el psicólogo Stanton Peele los
define como adictos, en el sentido de que la adicción es una experiencia nacida de la respuesta subjetiva y rutinizada
de un individuo a algo que para él tiene un significado especial, algo que le
da tanta seguridad y confianza que sin ello no puede vivir (3). El mito descubre así una característica del imaginario erótico
masculino, corporizado en la posesión, la dominación y el libertinaje, que habría
de campear hasta nuestro propio siglo y sobre la que se fundamenta la conquista
compulsiva (4).
A pesar de que el escritor Albert Camus decía que
Don Juan se enamoraba de todas las mujeres, quizás intuimos que él cree
estar enamorado; pero ese sentimiento es algo tan fugaz, que podríamos sospechar
que nunca lo está. En todo caso constituye un deseo de tipo platónico: como
verdadero amor nunca llega a concretarse. Platón decía que uno desea lo que
no tiene; es lo que pasa con el Don Juan: una vez que posee lo que deseaba ya
no le interesa más. Lo mismo ocurre si la mujer se enamora de él, esto es suficiente
para que él la abandone. A veces ni es necesario que hayan mantenido relaciones
sexuales, basta que le demuestre que estaría dispuesta a hacerlo para que se
torne una victoria para él. Si la mujer que elige como presa le es indiferente,
o no cede ante su artillería seductora, el Casanova se vuelve obstinado. Lo más probable
es que si lo rechazan se encapriche y, valiéndose de todas sus artes, insista hasta conquistarla.
(6)
¿Es el Don Juan una persona feliz?, se podría preguntar.
Siguiendo con los arquetipos podemos citar el caso de Casanova, quien vivió
sus últimos años en la ruina, olvidado en una biblioteca pública donde trabajaba
como empleado, sin amigos, sin familia, sin dinero (7). Y no debemos
olvidar que el Don Juan literario termina condenado a los infiernos. Si nos
remitimos a la realidad, llegada cierta etapa de su vida, el Don Juan se encuentra
con una limitación física para sostener su seducción; ya no puede resistir el
ritmo de una maratón amatoria. En el film de Scola, La noche de Varennes, vemos a un Casanova ya viejo -interpretado
por Mastroianni-, quien se encuentra con una mujer joven que queda prendada
de él, o quizás de su fama, y el eterno seductor, ya vencido, le dice: te
encontré demasiado tarde en la vida y vos me encontraste demasiado temprano.
Al final, después de tanto seducir y abandonar, se encuentra con la soledad
y esto comienza a pesarle. Me estoy refiriendo a un sujeto de 40 a 50. Muchos
de ellos, pese a la edad, siguen viviendo con su madre, lo que corrobora la
interpretación edípica del donjuanismo. La madre es la única mujer que no ha
podido timar y, de alguna manera, se ha casado
con ella.
Los donjuanes suelen divertirse con el sufrimiento
ajeno: tienen razón las mujeres que los tildan de desalmados.
Al menos no consideran al amor de la manera profunda y comprometida con que
lo hace el común de la gente. Para ellos no existe el amor perdurable que motiva
al otro, que enaltece; el suyo es un amor fugaz, que destruye (6).
Esto se explica porque, en su seducción indiscriminada, estos seres no ven a
las personas como tales, sino como personajes de sus propias fantasías; son
los objetos de un botín al que aspiran.
Para el Don Juan no siempre es imprescindible la
posesión sexual; si sólo le bastara lo carnal, aceptaría mantener relaciones
con prostitutas, sin embargo éstas son mujeres a las que no les interesa seducir.
Salvo estos casos, las demás le dan lo mismo: lindas o feas, jóvenes o viejas,
exitosas o desdichadas, todas son iguales ante sus ojos. Lo más importante es
el sometimiento de la voluntad. Por su narcisismo incorregible basta que una
mujer le evidencie su entusiasmo, su admiración hacia él, que lo haga sentirse
irresistible, para que goce con su aventura. Desde el lado femenino podría decir
que, tengan o no una aventura con ellos, se sienten atraídas en un primer momento
o, por lo menos, consideran interesantes a estos personajes. Es que el Don Juan
vive seduciendo: si está reunido con amigos y llega una mujer, de inmediato
cambia de actitud. Su instinto lo pone en alerta, le
previene que ha llegado una presa.
No necesariamente, aunque en el imaginario colectivo
se lo vea así, ser un Don Juan significa tener más aptitudes para la sexualidad.
El mérito mayor, si es que lo tiene, es su facilidad para halagar la sensibilidad
femenina: saben darle a cada mujer lo que ella está necesitando. En este sentido
son personajes camaleónicos que se metamorfosean con la persona que tienen al
lado: perciben muy rápido los gustos, debilidades, preferencias y carencias
de la mujer, y con esos datos manejan la relación. Con respecto a la sexualidad
habría, en todo caso, una mayor actitud que aptitud. No se trata de que sea
un superamante o un superdotado, sino de su habilidad especial para captar
el tiempo sexual de su compañera.
Hay quien podría pensar en una manifiesta inmadurez
afectiva en estos personajes. La crisis que suelen tener cerca de los 50 se
enlaza con su mundo de afectos insatisfecho, devastado. A esa edad, quien hasta
ese momento sólo había sabido seducir y abandonar, se da cuenta que sus amigos
están casados, que no tiene hijos, quizás sus mayores han muerto, y él ya no
puede gozar de tanta compañía femenina como a los 20 o 30. A esto se suman los
comentarios sobre su persona : ¿Cómo
puede ser que todavía no se haya casado?. Tras esta pregunta puede
aparecer el fantasma de la homosexualidad y comienza a tambalear su imagen social
de la que tanto alardeaba (una característica de estos individuos es pavonearse
con sus hazañas). Todo esto deriva en conflictos que evidencian su fragilidad
emocional, sus carencias afectivas, su inmadurez para mantener una relación
de pareja fuera de los parámetros a los que estaba acostumbrado. Si bien hay
casos que esta crisis los lleva a replantearse su existencia y desean formar
una familia, hay otros que llegan a los consultorios buscando - como decía un
paciente- que le vuelvan a dar energía
para continuar en carrera. Si
recuperan su autoestima algo alicaída, se ríen de los comentarios que los llevaron
a ese trance y quieren seguir con sus conquistas. Otros, los más sensibles e
inteligentes, quieren asentarse y tener hijos; se sienten urgidos por la edad
y buscan ayuda para encaminar sus vidas (6).
Para lograr lo anterior deben cambiar la imagen
que tienen de la mujer ya que son machistas, con una visión distorsionada de
las mujeres. De hecho, el sexo femenino es algo que Don Juan manipula a su antojo
para conseguir satisfacción. Él justifica esta actitud desamorada con una explicación
muy práctica: ya no siento eso que
sentía, lo que hubo entre nosotros se acabó, debo buscar algo nuevo.
Se podría suponer en una vertiente fóbica en estos personajes, con una necesidad
de poner distancias en los contactos afectivos duraderos, ya que serían vistos
como una amenaza de castración. Lo cierto es que, en algunos casos, la fobia
ante la figura femenina -objeto fobígeno por excelencia para el Don Juan-
es trasmutada en una actitud de embeleso y seducción permanente.
Conclusiones
Hay quienes piensan que son unos triunfadores en
el campo amoroso tanto como en otro orden de cosas, pero no confirmaría tal
paralelismo. Si bien el Don Juan cree dominar a la perfección las artes amatorias,
puede no tener la misma habilidad para estar al frente de un negocio, seguir
una carrera universitaria o asumir el compromiso de la paternidad. Su elemento
fundamental, su materia básica
y leit motiv existencial es la seducción,
donde los demás lo suponen un experto.
Pero los años pasan y si con 60 pretende seducir
a mujeres de 20, no va a tener mucho éxito y quedará ridiculizado, fuera de
contexto. Lo que hacen otros Casanovas es guardar el espíritu guerrero
para una que otra ocasión en la que se permiten un desliz. Pero antes que nada
se aseguran una buena contención afectiva a través del matrimonio y la paternidad:
algunos llegan a ser excelentes padres.
Otro aspecto a destacar es la
actitud frente al mundo varonil: también seduce a sus compañeros
desde su virilidad, contándole sus hazañas, presentando sus
nuevas conquistas. Si la reciente aventura del eterno
seductor es joven y bonita, y el amigo del Don Juan es
casado, se produce la combinación ideal para que nuestro personaje
se convierta en un ideal del yo, porque él impresiona como
logrando todo lo que el otro no puede. Esto se acentúa en
un sociedad patriarcal y falocéntrica, es por ello que causan
tanta fascinación. Él sabe y puede, al menos en lo que a conquistas
amorosas se refiere. En cuanto al contacto auténtico y hondo,
enaltecedor, de solidaridad, compañerismo, amor y compromiso,
termina siendo un patético fracaso.
Bibliografía
(1)
Sapetti, A.; Rosenszvaig R.: Sexualidad en la pareja. Editorial
Galerna, 1987, Bs. As.
(2)
Kaplan, H.; Sadock, B.; Grebb. J. : Synopsis of Psychiatry,
7th edition. Williams & Wilkins, 1994, Baltimore, USA.
(3)
Rosenzvaig, R.: La pareja al desnudo. Editorial Sudamericana,
1994, Bs. As.
(4)
Rosenzvaig, R.: Los fantasmas del amor. Editorial Sudamericana,
1996, Santiago de Chile.
(5)
Freud, S.: Sobre
una degradación general de la vida erótica, en : Ensayos
sobre la vida sexual y la teoría de las neurosis. Obras completas,
Editorial Biblioteca Nueva, 1948, Madrid.
(6)
Sapetti, A.: Los varones que saben amar. Editorial Galerna,
1996, Bs. As.
(7)Trachtenberg,
P.: El complejo de Casanova. Editorial Sudamericana, 1992,
Bs. As.
Dr. Adrián Sapetti.
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