 La
hipertensión arterial (HTA) –descontrolada y en muchos
casos sin tratar- es una de las causas de disfunción eréctil
que más observamos en nuestro consultorio. No hacen dieta
hiposódica ni actividades físicas moderadas; fuman y están
en sobrepeso, y es común encontrar pacientes con varios factores
de riesgo mayores (FRM): dislipemias, diabetes, HTA, tabaquismo,
exceso de grasas saturadas y colesterol en la dieta, vida
sedentaria, obesidad, depresión. Por otra parte, el uso de
ciertos medicamentos antihipertensivos puede producir problemas
en la erección.
Todos estos factores, concurrentes
o no –en algunos casos configuran el llamado síndrome
metabólico-, son los más favorecedores de la lesión de las
capas internas de las arterias (endotelio), con pérdida de
la elasticidad y a veces con cierre, parcial o total, de las
mismas. De allí podemos pensar que, si hay una disfunción
eréctil (DE) de causa vascular, eso sería un indicador de
que podría haber problemas en otras arterias del organismo.
Muchos pacientes jamás se hubieran acercado al médico por
su obesidad, por ser grandes fumadores, por tener hipercolesterolemia,
la glucemia o la presión altas, ni porque tenían dolor en
el pecho o en las piernas al caminar, pero sí lo hacen cuando
la erección no responde.
Un caso paradigmático:
S., 51: bueno, alguna vez tuve picos de presión alta,
pero un poquito. También un poco alto el colesterol,
pero hace unos años...¿ahora?, debe haber bajado, aunque
no sé porque estoy con unos kilos de más. ¿Si me canso
al caminar rápido? Sí, pero me siento y se me pasa.
Actividades físicas no hago porque no tengo tiempo,
trabajo en un taxi durante 16 horas. ¿La dieta? Ud.
sabe que con la vida que se lleva hoy en día, uno come
cualquier cosa, adonde se pueda. ¿Cigarrillo? Ahora
fumo poco: un atado, antes fumaba dos y hasta tres.
La diabetes no tengo ni idea, debe estar bien. Pero
lo que me preocupa a mí es este tema que el miembro
no me funciona como debería ser. |
La hipertensión arterial, es una condición
médica de alta prevalencia responsable de un número importante
de infartos de miocardio, hipertrofia cardiaca, problemas
renales y oculares, accidentes cerebrovasculares, disfunción
eréctil, deterioro de la calidad de vida.
Se calcula que más de
un 25% de la población padece HTA (estadísticamente los varones
son más propensos a padecerla) y el 15-20% de los hipertensos
tratados con antihipertensivos presentan episodios de impotencia
en algún momento de su vida, ya sea por la hipertensión y/
o por los fármacos empleados.
MECANISMOS FISIOPATOLÓGICOS
La HTA produce
un daño progresivo del endotelio del tejido cavernoso alterando
la generación de óxido nítrico, impidiendo la relajación del
músculo liso cavernoso, y modificando la cascada de acciones
que producen la vasodilatación y la erección.
Durante la
flaccidez el músculo liso cavernoso –por efecto del
sistema adrenérgico sobre receptores alfa1 post-sinápticos
y alfa2 pre y post-sinápticos- está contraído lo que hace
que el flujo de sangre sea bajo. Cuando se produce el estímulo
erótico y la excitación sexual, por vías parasimpáticas y
ocitocinérgicas –siempre y cuando el tono adrenérgico
esté disminuido-, se envía información a neuronas no adrenérgicas/no
colinérgicas y al endotelio de las arterias del pene, se libera
óxido nítrico a partir del aminoácido L-arginina –vía
citrulina- por efecto de la enzima óxido nítrico sintetasa,
provocando que los vasos del pene se dilaten por acción de
la guanilato ciclasa, resultando en un nivel aumentado de
GMPc, con el ingreso de una mayor cantidad de flujo sanguíneo.
A su vez, se produce, por un doble mecanismo –uno activo
y otro pasivo-, la compresión de las venas por donde retorna
la sangre, generando, como consecuencia, una rigidez suficiente.
Toda lesión
de la íntima endotelial, o del músculo cavernoso, o del mecanismo
de contención venosa puede producir dificultades en la erección.
FACTORES DE RIESGO MAYORES
Habitualmente los hipertensos pueden presentar
otros factores de riesgo vascular como la obesidad, la vida
sedentaria, diabetes, hiperlipemias, depresión, tabaquismo.
Cuanto más
FRM, mayor es la probabilidad de desarrollar una disfunción
endotelial. El hipertenso que fuma, tiene un 13% más de posibilidades
de padecer una disfunción eréctil. Si va sumando otros factores
de riesgo esta tasa de incidencia va en aumento.
Una de las
maneras de tratar la hipertensión arterial es por medios higiénicos
dietéticos que pueden hacer descender la presión arterial
de 5 a 30 mmHg: evitar la vida sedentaria realizando por lo
menos una marcha aeróbica de 40 cuadras diariamente o cada
dos días, es una de las medidas más sencillas y económicas
para el manejo de las enfermedades cardiovasculares, entre
ellas la hipertensión arterial.
Restringir
el exceso de Na en las comidas y evitar salarlas sin probarlas
previamente, disminuir las grasas saturadas y el colesterol,
emplear técnicas de relajación y de reducción de la ansiedad,
se encuentran entre las principales medidas dietéticas para
el tratamiento de los hipertensos. Con estas indicaciones
muchos han podido estabilizar sus parámetros tensionales dentro
de rangos normales, que algunos consideran hasta 140mmHg/90mmHg.
LAS MEDICACIONES ANTIHIPERTENSIVAS
En muchos
casos, es necesario recurrir a fármacos que tienden a descender
las cifras tensionales y así disminuir los riesgos de infartos
cardíacos o accidentes cerebrovasculares.
Muchos hipertensos
comienzan a notar cambios progresivos en la respuesta erectiva
y en algunos refieren francos cuadros de disfunción eréctil.
Las causas
por las que algunos antihipertensivos acarrean cambios en
la rigidez peneana, pueden deberse a que en estos pacientes,
la alta presión, compensaba de alguna manera la disminución
de la luz de estas arterias lesionadas por la misma hipertensión.
Al disminuir la tensión arterial, el pene comienza a sufrir
la falta de sangre en el momento que más lo precisa, es decir,
durante la mayor demanda de la actividad sexual, y por la
necesidad de lograr y mantener una erección apta para la penetración.
También se
postulan mecanismos que pueden ejercer una influencia negativa
sobre la erección afectando, ciertos medicamentos, a los mecanismos
de neurotrasmisión y el eje hormonal hipotalámico-hipofisario
relacionado con la respuesta sexual.
Aparte de
la acción inhibidora sobre el sistema vascular, hormonal,
el nervioso central y el neurovegetativo, hay otros factores
que inciden sobre el hecho de que un paciente padezca alteraciones
sexuales a causa de una medicación:
1) La dosis
suministrada.
2) El tiempo
durante el cual se suministró ese medicamento.
3) La sensibilidad
de ese paciente a determinada droga: hay personas que toman
diez aspirinas por día y esto no les produce nada, otras que
toman una sola y les genera gastritis; hay quienes se dan
millones de unidades de penicilina durante semanas y están
aquellas a los que una sola inyección les desencadena una
reacción alérgica con peligro de vida.
Es que, en
la génesis de un síntoma, inciden factores orgánicos y psicológicos,
además de la sensibilidad a un fármaco determinado. Por eso
repetimos: no todos los que tomen ciertos medicamentos van
a padecer impotencia, anorgasmia o falta de deseo. No obstante,
hay drogas que presentan una alta incidencia de efectos secundarios.
Como se planteaba antes, están los usados en los problemas
cardíacos o arteriales: los más frecuentes son la metildopa,
la reserpina (que muchas veces se asocia con un diurético)
y los betabloqueantes. Como agravante se observa una cierta
tendencia a utilizar una verdadera polifarmacia: 4, 5 ó más
drogas se recetan juntas para lograr un descenso de la presión
arterial, dilatar las arterias y "calmar los nervios",
junto con algún polivitamínico y con "activadores
cerebrales".
Muchas veces,
esta polimedicación no es necesaria, y, en realidad, se descuidan
factores tales como la actividad física, la dieta (que es
fundamental), la enseñanza de técnicas de relajación y de
reducción del estrés, psicoterapias.
Algunos de
los remedios usados para la HTA, la patología de coronarias
y el corazón suelen producir disminución del deseo, dificultades
erectivas y eyaculatorias, con menor frecuencia ginecomastia
(aumento del tamaño de los senos) y galactorrea (salida de
leche de los pezones). En una encuesta realizada en la Universidad
de San Marcos (Perú) por el Dr. César Tarnawiecki marca cuatro
puntos fundamentales: 1) Hay un conocimiento inadecuado de
dicha acción por parte de algunos médicos. 2) A algunos de
éstos no les preocupa dicho efecto: sólo les interesa la acción
hipotensora. 3) Se recetan sin prevenir a los pacientes. 4)
Algunos laboratorios farmacéuticos niegan los efectos adversos
de los fármacos.
No
debemos olvidar que un infarto, una angina de pecho o una
crisis hipertensiva, con la restricción que acarrean -por
lo menos en el primer momento- y la fantasía de muerte que
acompaña tales episodios suele traer aparejada una disminución
clara del deseo sexual: es más fuerte el temor a repetir un
episodio durante el acto que el sentimiento erótico. Esta
situación aguda va cediendo y, si el paciente la elabora,
bien puede retomar su vida sexual.
- Siempre que aparezca un síntoma en el área de la sexualidad
luego de estar tomando algún medicamento es necesario
consultar al médico. Si ese profesional piensa que la
falta de deseo, anorgasmia o trastornos en la erección
no son importantes, hay que concurrir a otro que sí los
considere y los tome en cuenta.
- Puede haber un medicamento que reemplace eficazmente
al que se está tomando, sin los efectos secundarios que
éste produce. O agregar medicación oral para la DE.
- Hay muchos cuadros que remiten con dieta, cambio de
hábitos, actividades corporales o con psicoterapia. Siempre
es bueno intentarlo antes de la medicación agresiva y
costosa. Por supuesto que también valer la pena instaurar
aquellas medidas en quienes ya están en plan medicamentoso.
Obvio es decir que, los medicamentos curan y han mejorado
las condiciones de vida; calman el dolor y ayudan a solucionar
cuadros que antes eran insolubles y desesperados (como las
psicosis, la epilepsia, el cáncer, las infecciones, ataques
de pánico, depresiones, fobias, disfunción eréctil, etc.).
El problema es el uso indiscriminado, no racional o apresurado
que de ellos pueda hacerse o que, como decía el colega Dr.
Zaratiegui, los fármacos reemplacen el tiempo que el médico
no le concede al paciente en la entrevista. En pocas palabras:
en lugar de escucharlo se le da rápidamente un sedante, un
beta bloqueante o un antidepresivo, muchas veces sin conocer
los efectos secundarios. Como en aquel cuento inolvidable
del también colega Antón Chejov, el paciente pensará: ¿a
quién le cuento mi tristeza?
Dado que algunas drogas antihipertensivas
son unas de las primeras drogas reconocidas en causar disfunciones
sexuales ha habido muchas investigaciones sobre sus efectos
secundarios. La información sobre sus efectos secundarios
vienen desde simples recuentos anecdóticos y de largos estudios
placebo-controlados donde se investigaron dichos eventos adversos.
Sabemos que en estudios hechos entre los medicamentos más
recetados por los médicos, la prescripción de drogas antihipertensivas
figura entre los primeros lugares, ya sea bloqueantes del
Ca, inhibidores de la ECA, betabloqueantes o diuréticos. Los
más frecuentes de dichos eventos adversos es la disfunción
eréctil y problemas eyaculatorios.
Una de las preguntas a plantearse es si
la disfunción se debe a la enfermedad hipertensiva o los medicamentos
utilizados. No obstante distintos estudios nos muestran con
claridad el impacto en la sexualidad de las drogas antihipertensivas
mejor de lo que sabíamos 20 años atrás y muchos de estos síntoma
adversos del área lo podemos observar en la clínica a partir
del uso de estas medicaciones.
* Dr. Adrián Sapetti.
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arterial, los antihipertensivos y la disfunción
eréctil - Parte II
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